Nadal vs. Federer, el superclásico que todos quieren ver, tiene una amenaza: la lluvia

Nadal, a punto de ejecutar un servicio.
Nadal, a punto de ejecutar un servicio. Fuente: Reuters
José Luis Domínguez
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6 de junio de 2019  • 23:26

PARÍS, Francia.- Guy Forget es el director de Roland Garros. Recorre el predio de punta a punta, y cada tanto, echa una mirada al cielo. Por un lado, su torneo se ha visto beneficiado con una definición de ensueño, las mejores semifinales que podía imaginar, con los cuatro primeros del mundo: el superclásico entre Roger Federer y Rafael Nadal, como plato principal, y de postre, Novak Djokovic contra Dominic Thiem. Son el número 3, el 2, el 1 y el 4, respectivamente. El mejor menú que podía tener para el viernes de la segunda semana. Pero Forget mira al cielo y espera una ayuda más. Las previsiones del clima no ayudan y la lluvia es una amenaza cercana, que le recuerda una y otra vez al abierto francés la necesidad de contar con el esperado techo corredizo, que se estrenará -y esta vez parece que va en serio- en 2020.

Pero para ello todavía falta un año, y el renovado Philippe Chatrier aún se rinde a las inclemencias. No es una novedad el clima destemplado en la primavera de París; apenas hubo un par de jornadas en las que el termómetro pasó los 25 grados. La cancelación por la lluvia del miércoles obligó a modificar por completo la parte final del torneo femenino, con las semifinales fuera del court central, reservado desde temprano para los dos choques entre los varones. Será una carrera contra las nubes, con la posibilidad latente de que este Roland Garros, como el de aquel 2012, termine el lunes, ya que el agua apunta a hacer de las suyas hasta último momento.

Federer, a punto de sacar.
Federer, a punto de sacar. Fuente: AP

Más allá de las condiciones, se prevé para el arranque un duelo de titanes; no se puede decir menos del episodio 39 entre Nadal y Federer, esa batalla de todos los tiempos que arrancó en 2004 y aún continúa. Suman, entre ambos, 70 años (33 de Rafa y 37 Roger), 182 títulos, incluidos 37 de Grand Slam, 2155 victorias (605 en Grand Slams). Cifras de locura. El zurdo de Manacor ganaba por amplitud en el historial, pero el suizo se impuso en los últimos cinco partidos y achicó distancias: 23-15 para Nadal. El español es el amo en París: festejó los cinco cotejos disputados en el Bois de Boulogne (2005 2006, 2007, 2008 y 2011).

Y Nadal es hoy, por supuesto, el favorito. En polvo de ladrillo, domina a Federer por 13-2; el suizo lo venció en la tierra roja por última vez hace ya una década, en la final de Madrid 2009. El título que ganó en Roma, antes de desembarcar en París, le dio la pizca de confianza que necesitaba a su juego en alza. Rafa sólo cedió un set en el torneo, ante el belga David Goffin, y en los cuartos de final demolió a Kei Nishikori con números de paliza: 6-1, 6-1 y 6-3. Federer, que volvió a Roland Garros después de cuatro años. Al igual que su archirrival, sólo dejó un set en el camino, en un duro reto frente a su compatriota Stan Wawrinka. Sabe el suizo que deberá remar de manera ardua, pero se guarda alguna ficha: "En parte, vine para jugar contra Nadal aquí. Siempre hay una posibilidad. Si no, nadie vendría a ver el partido. Contra Rafa cualquiera sabe que va a ser difícil. Pero nunca se sabe". No es imposible, pero Federer entiende que, si gana, será una sorpresa. Ya lo logró otras veces, pero es cierto que vencer a Rafa en su castillo de tierra batida requerirá de una tarea perfecta.

El superclásico empezará a las 7.50 de Buenos Aires... siempre que el clima lo permita. El gran viernes con el Top 4 (algo que no se daba en Roland Garros desde 2011, con Andy Murray en lugar de Thiem) continuará con el reto entre Djokovic y Thiem. Ayer, los dos resolvieron sus cotejos pendientes de los cuartos de final por la vía rápida: el número 1 doblegó al alemán Alexander Zverev por 7-5, 6-2 y 6-2; el austríaco eliminó al ruso Karen Khachanov por 6-2, 6-4 y 6-2. Desgaste mínimo y mucha confianza de un lado y del otro.

La plasticidad de Djokovic.
La plasticidad de Djokovic. Fuente: AFP

Djokovic llega lanzado a otra cita con la historia. Aunque es el líder del ranking, el serbio ha recuperado la voracidad por las grandes pruebas. Tiene 15 títulos de Grand Slam, pero podría quedar muy cerca de Nadal (17) y achicar la cuenta con Federer (20), el máximo ganador. A mediados del año pasado empezó su racha y no paró más: conquistó Wimbledon y el US Open, y en enero sumó el Abierto de Australia. Nole intentará ganar por segunda vez en Roland Garros para igualarse a sí mismo, con la misma receta que aplicó en el bienio 2015/16: festejos en el All England y en Nueva York, primero, y cierres en Melbourne y París. Djokovic acumula 26 triunfos seguidos en Grand Slams, sin tropiezos desde aquellos cuartos de final contra Cecchinato, aquí, en 2018. Hoy, bordea lo invulnerable. Y es consciente de ello: "La sensación de poder hacer historia es ahora más fuerte que nunca".

La felixibilidad de Dominic Thiem.
La felixibilidad de Dominic Thiem. Crédito: Vincent Kessler / Reuters

Y del otro lado asoma Thiem. Es, de los cuatro, el único que todavía no alzó la Copa de los Mosqueteros en París. Hace rato que el austríaco reúne méritos: la de este año es su cuarta semifinal consecutiva, y en 2018 alcanzó la final, que perdió contra Nadal. Djokovic lo supera por 6-2 en el frente a frente, pero en Roland Garros están 1-1: triunfo del serbio en 2016, desquite del austríaco al año siguiente. Potente y aguerrido, Thiem tiene claro que lo suyo será una apuesta por la hazaña: "Es muy difícil ganar un Grand Slam. Me toca enfrentar a los que pueden ser los tres mejores jugadores de la historia". Y hoy, si el cielo se acuerda de Forget, se escribirá otra página de leyenda.

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