Esta generación aún tiene crédito

Por Alfredo Bernardi
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26 de septiembre de 2005  

BRATISLAVA.- Cara y cruz de la moneda de la Copa Davis. De aquel inolvidable 4-1 en Sydney al mismo score, pero adverso. Punto final para la aventura argentina en 2005 con sabor amargo por una nueva derrota ante los eslovacos. Carpeta de acrílico al margen, también es necesario hacer un alto para un análisis.

El primer año de Alberto Mancini en la silla de capitán dejó varios aspectos positivos. El más destacado fue haber peleado -y conseguido- la unidad entre los tenistas, una histórica materia pendiente. Como se señaló en la semana, la pretensión no es formar un grupo de amigos sino un ambiente de trabajo común para lograr de una vez la Ensaladera de Plata. En ese sentido, Mancini termina su primer año de gestión de modo positivo: con la confianza de los jugadores y cultivando el bajo perfil.

El segundo aspecto es una condición innata del misionero. Era así como jugador. Esa condición también es visible en el grupo que lo rodea. Otra cualidad distintiva.

Pero el primer ítem citado es clave para entender situaciones que se desarrollaron en la jornada final, especialmente con la confirmación de Coria para disputar el cuarto punto. Mancini fue fiel a sus pensamientos y a las decisiones del grupo. E hizo lo que sintió correcto. Nunca, más allá de trasnochadas e increíbles versiones que circularon anteayer por Buenos Aires, estuvo en duda la presencia de Coria, que vino a Bratislava a jugar dos singles y el capitán no dudó de esa confianza. Fue consecuente con su pensamiento.

Ahora bien, ¿por qué se perdió? Aquí el análisis fue más profundo. La superficie fue un impedimento, pero no un actor determinante. Más allá de tratarse de la mejor formación histórica, es necesario asimilar los golpes. Aun cuando restaban dos puntos en juego, el traspié del dobles influyó en el ánimo del equipo. Y tuvo, en el balance, un efecto casi decisivo. Eso marca otro punto excluyente: hace 24 años que la Argentina no gana dos series seguidas como visitante. Y jugar lejos de casa, también requiere de un aprendizaje.

Sobre este punto también se hace infaltable no dejar libre la cuestión del sorteo. Eslovaquia se dará el gusto de jugar la definición disputando todos los partidos del año como local. Tarde o temprano, el tiempo y el desarrollo de las series acomodarán la agenda de nuestro país para ser nuevamente anfitrión del certamen. Son detalles, nada más, para una generación que sigue teniendo el crédito abierto. Estar entre los cuatro mejores del mundo no es poca cosa. Y la Argentina ya lo logró tres veces en los últimos cuatro años.

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