Formidable: Coria es insaciable y abrumador

Le ganó al ruso Safin por 6-4, 1-6 y 6-3, y hoy, desde las 9.30 de la Argentina, buscará el 8° título de su carrera ante el alemán Schuettler
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25 de abril de 2004  

MONTECARLO.- No es nuevo que pretende ser el rey del circuito. Pero antes quiere convertirse en príncipe. Por segundo año consecutivo, Guillermo Coria cautivó a la escala más aristocrática y antigua del tenis. A orillas del Mediterráneo, en el court que se levanta sobre las terrazas del exclusivo Monte Carlo Country Club, intentará conseguir el certamen que se disputó por primera vez en 1897 y que se le escapó hace doce meses ante la clara superiodidad del español Juan Carlos Ferrero.

Después de dejar atrás al ruso Marat Safin por 6-4, 1-6 y 6-3, en 1h51m, Coria, de 22 años y 3er favorito, se enfrentará hoy, en la final del Masters Series de Montecarlo, a las 9.30 de la Argentina (transmite ESPN), con el alemán Rainer Schuettler, que le ganó al español Carlos Moya por 7-6 (7-5) y 6-4. Coria, que busca el octavo título de su carrera y el 152º para el tenis de nuestro país en la era abierta, jugará por tercera vez -están 1-1 en el historial- con Schuettler, que es asistido en la gira europea sobre polvo de ladrillo por el Titán Hernán Gumy. El campeón recibirá un premio de 396.000 euros; el finalista cobrará la mitad.

Este Coria, abrumador e insaciable, siempre protagonista en el lugar en el que se encuentre, también se dio el gusto de llegar al encuentro decisivo de un Masters Series por cuarta vez en su carrera y por segunda ocasión en esta temporada, luego de la frustrada final en Miami, en la que cayó ante el norteamericano Andy Roddick por abandono, por un cólico renal que lo obligó a un descanso y le impidió participar en la serie ante Belarús, por los cuartos de final de la Copa Davis.

En caso de ganarle a Schuettler, verdugo suyo en el Masters de Houston y que hoy cumplirá 28 años, Coria será el tercer argentino en levantar el trofeo en ese polvo de ladrillo del principado, que tuvo como ganadores a Guillermo Vilas, en 1976 y 1982, y a Alberto Mancini, en 1989.

Una vez más, el pupilo de Fabián Blengino puso en evidencia la facilidad y la contundencia de su juego sobre superficies lentas. Es que, a la habitual cuota de talento, Coria le agrega velocidad y la ventaja de un cuerpo liviano para desplazarse con toda facilidad en el court.

Coria, Nº 8 de la Carrera de los Campeones y 4° del Ranking de Acceso, no sólo llega a todas las pelotas, sino que además comete escasos errores no forzados. Y la efectividad crece cuando el partido llega a una instancia decisiva. Todo este cóctel genera incertidumbre en el rival. Mucho más si se trata de alguien como Safin, finalista hace una semana en Estoril, un jugador que con muy poco puede perder el rumbo del partido.

Y Coria consiguió el efecto rápidamente. Aprovechó el primer break point que tuvo -en el tercer game del set inicial- para picar en punta. Mantuvo esa ventaja con un primer servicio sólido y la precisión para desbordar con el revés paralelo.

El ruso se sintió herido en su orgullo. Y en vez de proponer un infructuoso peloteo desde el fondo, buscó, por intermedio de los toques, un juego más agresivo. Pero tampoco hubo caso: Safin subía a la red y Coria lo pasaba con el passing-shot.

El argentino disminuyó el rendimiento en el segundo capítulo. Más allá del fastidio común por el estado del court -con comentarios constantes de ambos jugadores- y de la protesta de Coria porque un chico alcanza pelotas tomó una que se iba extremadamente ancha antes de que picara -algo no contemplado en el reglamento-, el segundo set sirvió para que Safin quebrara en dos ocasiones a Coria y equilibrara el marcador. Pero aun en la paridad, la superioridad del argentino era evidente. El corazón y la potencia de Safin no alcanzaban para minar a un rival que siguió atento, en busca del quiebre decisivo.

En el octavo game, Safin dijo basta, perdió su servicio y cedió su último intento de resistencia. Un juego más tarde, un drive largo del ruso sentenciaba la semifinal. El clásico grito de ¡Vamos! surgió espontáneamente de la boca de Coria. Hoy, por segunda vez, se le presenta la ocasión de ser príncipe y de anotar para siempre su nombre en uno de los azulejos de esa terraza de otro mundo en el que conviven, permanentemente, el tenis, la aristocracia y el jet set.

Después, a Barcelona

Tras la final de Montecarlo, Guillermo Coria viajará a Barcelona para jugar el torneo Conde de Godó (990.000 euros en premios), en el que partirá como máximo favorito y debutará en la segunda rueda, ante el vencedor del match entre Nicolás Lapentti y Jurgen Melzer.

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Es la cantidad de victorias seguidas de Coria sobre polvo de ladrillo. Tras caer en la semifinal de Roland Garros 2003, ganó sucesivamente en Stuttgart, Kitzbühel, Sopot y Buenos Aires.

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