Guillermo Coria: un cachetazo

(0)
24 de septiembre de 2005  

BRATISLAVA (De un enviado especial).- Cuesta verlo perder así a Guillermo Coria. Tres sets corridos, sin haber quebrado un servicio de su rival, en este caso Karol Beck. Una derrota por 7-5, 6-4 y 6-4 que parece ser ajustada. Pero en realidad, hubo una enorme brecha entre el jugador de Venado Tuerto y un Beck que, simplemente, empujado por el continuo aliento de su gente, fue más veloz que la superficie para tomar la excelente situación que se le presentaba.

Como sucedió contra Nicolás Massú y ante Robby Ginepri, en el US Open, Coria fue víctima de la falta de confianza, ésa que demuestra públicamente cuando empieza a cometer dobles faltas. Repentinas, surgen en el momento menos esperado. Y cuando se despierta el temblor, su tenis se desvanece.

Todo se desarrollaba en un parejo primer set. Beck era el que tenía más dudas y las vislumbraba cada vez que subía a la red. Nunca llegaba justo y evidenciaba una falta de distancia. O se pasaba o se quedaba a mitad de camino. El eslovaco perdía 4-5 y 0-30 con su saque. Fue el punto de inflexión a partir del cual Coria desapareció de la cancha. Desde entonces, Beck ganó doce puntos, tres games, en los cuales empezaron a llover los problemas con el saque, y consecuentemente, el set. Y sin el saque, tratar de hacer algo en una carpeta sintética se asemeja a una misión imposible.

Entonces, para Coria no fue suficiente la velocidad de piernas. Enfrascado y metido detrás de la línea de base, sin agresividad, Beck tuvo enfrente de sus narices el mejor de los banquetes. Se agrandó y lo usufructuó. Se apoderó de ese eterno primer capítulo, hizo que el humor de su gente transformara el Sibamac Arena en una caja de resonancia y apretó el acelerador simplemente con la profundidad de la pelota.

En el quinto game del segundo parcial, el síndrome del saque volvió a surtir efecto. En el instante en el que Coria conectó la décima doble falta, Beck encontró la llave para el partido. Un segundo quiebre y un golpe letal a esa confianza. Y si bien Coria intentó una reacción, ese atisbo de coraje no fue suficiente. Logró cuatro break-points, pero todos se le escurrieron como agua entre las manos.

Beck siguió en lo suyo, con una tarea que no fue nada del otro mundo, pero que se limitó, sencillamente, a cuidar ese punto, en realidad, ese tesoro, que halló en una tarde de Bratislava. Para variar, Coria sufrió otro break como consecuencia de? una doble falta. La undécima. El último cachetazo para una derrota que a Coria, según confesó después, le dolió en el alma. Porque no la esperaba. Era el lógico destino final para ese laberinto que lo tiene atrapado.

ADEMÁS
Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?