Hingis sumó otra página sin éxitos

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27 de enero de 2002  

MELBOURNE.– Derrumbada en la silla, soltando lágrimas incontenibles, Martina Hingis era la imagen de la tristeza sin fin. En esos diez minutos posteriores a la derrota y precedentes a la entrega de premios, la suiza se sumergió en el dolor de una nueva caída, en la prolongación de un estigma que marca la ausencia de victorias en los torneos de Grand Slam desde hace tres años.

Aquel triunfo sobre la francesa Amelie Mauresmo, aquí, en enero de 1999, significó el último éxito grande de la suiza . Pocos meses después, una derrota increíble –estuvo a tres puntos del éxito– ante la alemana Steffi Graf, en la final de Roland Garros, fue el punto de partida de un calvario que en este Open australiano sumó un nuevo capítulo.

Hingis, de 21 años, se quedó con las ganas de lograr su cuarto Abierto de Australia, en su sexta final consecutiva. Se impuso en las tres primeras –1997, 1998 y 1999–, pero luego sólo conoció el rostro de la derrota.

La lista de frustraciones para la suiza en las finales grandes incluye, además de los dos traspiés consecutivos ante Capriati en Melbourne y la caída ante Graf en París, una derrota ante la norteamericana Serena Williams en el US Open de 1999.

Todo parecía indicar que esta vez la suiza podría lograr su objetivo. Llegó a estar 6-4 y 4-0, y luego contó con cuatro match-points; no los aprovechó, perdió el tie-break del segundo set y se rindió en el tercer set, agotada, víctima de su fantasma.

La misma Capriati defendió a Hingis y dijo: “Sé lo que se siente cuando se pierden tantas oportunidades”, y recordó que el año último desaprovechó ocho puntos de partido en la final de Key Biscayne contra su compatriota Venus Williams, todos con su servicio, y luego perdió.

Entre sollozos, Hingis elogió a su rival en el discurso que ensayó al recibir el premio a la finalista. “ Di lo mejor de mí, pero fue imposible. No le quiero quitar méritos al triunfo de Jennifer, es una gran campeona y mereció la victoria ”, señaló.

“Fue difícil jugar. El calor era agobiante y en algunos momentos me costó moverme. Desde el segundo set, en el que no pude liquidar el partido cuando estaba 4-0, fue difícil para mí devolver cada bola. Fue como si mi cabeza estuviera fuera de la cancha. Después, ella tuvo su momento. Aunque yo estaba 2-1 en el tercero, sentí que me iba a costar mucho poder ganar. Me sentí deshidratada y sin fuerzas. A lo mejor, si no hacía tanto calor hubiera hecho algo mejor, pero no hay excusas; las condiciones fueron las mismas para las dos”, comentó Hingis.

“Estoy decepcionada, eso es seguro. Tengo sentimientos contradictorios después de jugar tan bien y perder. No sé si estar contenta o llorar. Me ayudó ganar el torneo de dobles... Pero no se puede chasquear los dedos y ganar un Grand Slam”, concluyó la suiza, que dejó de ser la N° 1 del mundo en octubre de 2001; desplazada, justamente, por Capriati.

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