Inolvidable Agassi

Lloró como un chico y como nunca el Kid de Las Vegas: tras 21 años de carrera, se retiró el último gran ídolo del circuito, por triunfos y, en especial, por un carisma único; el público le rindió un tributo emocionante tras la caída con Benjamin Becker en cuatro sets
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4 de septiembre de 2006  

NUEVA YORK.– Andre Agassi acaba de perder el último partido de su carrera. Llora. Llora muchísimo, emocionado, acongojado, incrédulo. Ya no puede atrapar lo que se le acaba de ir. Una vida. Y siente, con toda la fuerza de la realidad, lo que venía imaginando desde hacía mucho tiempo: que todo lo que fue ya no será. Pero las más de 20.000 personas que le ofrecen una ovación estremecedora desde hace casi cuatro minutos en el estadio Arthur Ashe lo tienen atrapado en un espacio sin tiempo y sin memoria. El único rincón que tiene disponible es para su emoción, esa que primero cubre con un toallón y luego descubre para que el mundo vea esa descarga incontenible de sentimientos.

Agassi llora más. Y más grita la gente. Ya hizo su clásica reverencia hacia los cuatro costados dos veces; en una agregó un quinto sector: el de su cuerpo técnico. Se eriza la piel. El alemán Benjamin Becker, B. Becker para John McEnroe, habla nervioso ante el micrófono de la CBS que le ofrece Mary Joe Fernández; señala a Andre, le habla al ídolo de toda la vida, al que le acaba de marcar el final de su carrera con una victoria por 7-5, 6-7 (4-7), 6-4 y 7-5. Becker le agradece y nadie le presta demasiada atención. Por eso se corre rápidamente y, de pie, vuelve a unirse al público para seguir aplaudiéndolo mientras Agassi habla por primera vez como un mito del tenis.

Con lágrimas y la voz temblorosa, Agassi habla con el corazón: “El marcador dice que hoy perdí, pero lo que no dice es lo que encontré. Y en los últimos 21 años encontré lealtad. Ustedes me empujaron en la cancha y también en la vida. Encontré inspiración. Ustedes hicieron fuerza para que me fuera bien incluso en los peores momentos. Y encontré generosidad. Me ofrecieron sus hombros para que me apoyara y pudiera alcanzar mis sueños, sueños que nunca hubiera alcanzado sin ustedes. En los últimos 21 años los encontré a ustedes y me llevaré este recuerdo de ustedes conmigo por el resto de mi vida. Gracias”.

Andre toma su bolso y, lentamente, con las secuelas de una hernia de disco que lo muestran casi doblado, deja el estadio. Y sigue llorando.

Se fueron 60 títulos de ATP, ocho Grand Slams (los ganó todos), una medalla dorada olímpica en Atlanta 96, un N° 1 del mundo dos veces, más de 30 millones de dólares en premios en torneos oficiales, 870 victorias, tres copas Davis. Todo eso se lleva en su raquetero de recuerdos el genial norteamericano nacido en Las Vegas.

Ya no luce los shorts de jean y las remeras fluorescentes que Nike fabricaba para él y con las que vendía millones de prendas en todo el mundo. Tampoco se lo ve con el cabello largo y con volumen, como aquellas estrellas de rock heavy de los ochenta. Ahora el logo en su pecho es el de Adidas y la indumentaria es clásica, aunque todo lo que se pone sigue generando enormes dividendos. Y su cabeza apenas muestra los rastros del paso de la rasuradora. En el medio quedaron también la barba candado, el pañuelo tipo pirata y las calzas.

Ahora que todo fue, Andre recuerda las cosas que comenzaron a darle vida al grandioso tenista. “Me acuerdo cuando mi padre ahorró un dinero para comprar una casa en la que él mismo pudiera construir una cancha de tenis. Buscó y buscó. Cuando la encontró, vivimos allí por quince años”, rememora el Kid de Las Vegas. El empuje de su padre, Mike, el que deseaba fervientemente que su hijo abandonara el torneo para no verlo sufrir más por su cadera, fue clave como cimiento de su carrera. Fue el que lo llevó a la academia de Nick Bolletieri, una de las más famosas del mundo. Por eso, Agassi dijo: “Le agradezco a mi padre por haberme dado el tenis”.

Andre deja tras de sí una estela de emociones y éxitos con los que no podrá competir por ser el más grande de todos los tiempos, eso que hoy es tarea de Roger Federer, pero que le dieron un lugar de privilegio en la historia.

Ahora tendrá más tiempo para dedicarle a la familia que formó con la ex tenista y gran campeona alemana Steffi Graf. Curiosamente, ambos tenistas son de los pocos que lograron ganar los cuatro certámenes de Grand Slam, sólo que la alemana logró verdaderamente el Grand Slam, ya que pudo ganarlos todos en la misma temporada (1988), en la que además se colgó la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Seúl. Su marido hizo lo mismo, pero en años diferentes (incluida la máxima presea).

Jaden Gil ya cuenta con casi cinco años; Jaz Elle roza los tres. El varón y la nena, la parejita ideal, como parecen serlo él y Steffi, una familia que ya no girará por el mundo al compás de papá Andre. Ahora también habrá tiempo para profundizar algunos aspectos de los negocios, como la línea de perfumes lanzada por el grupo Aramis, filial de la importante empresa de cosméticos Estée Lauder, que a su vez apoya a la fundación que Agassi tiene para ayudar a los niños pobres. También habrá más horas libres para dedicarse a fines benéficos.

Andre recibió también el reconocimiento de sus colegas cuando entró en el vestuario. Todos detuvieron sus quehaceres para dedicarle un aplauso sentido en reconocimiento de lo que le dio a este deporte. Después, más de media hora de conferencia de prensa, con los ojos aún hinchados y colorados por el llanto, empezó a ponerle fin a su último acto. Pero él no se quería ir. Por eso, cuando se acabaron las preguntas, él tomó la posta: “¿Me van a extrañar?”, preguntó como un niño que perdió su juguete y necesita un mimo. Los periodistas, que no dejaban lugar sin cubrir, gritaron a coro: “¡Yeah!”, se pusieron todos de pie y le rindieron tributo con un sentido aplauso.

Se fue Andre Agassi. Con sus pasitos cortos y veloces y los pies apuntando hacia adentro, cruzó el pasillo interno del estadio Arthur Ashe –allí donde su foto, como la de todos los campeones, adorna las paredes– rumbo a la salida por última vez como jugador. Se fue después de 21 años en los que marcó a fondo el circuito masculino con su sello de enorme jugador, genial showman y agradable persona. Este US Open y su carrera son parte del pasado glorioso. Se fue como los grandes: para quedarse para siempre en el corazón y la memoria de todos.

  • El otro Becker y un momento complicado

    “Cuando terminó el partido no sabía qué decirle. Era tal la emoción del momento que me quedé sin palabras, pero creo que él no me estaba escuchando”, dijo el desconocido Benjamin Becker, el hombre que le puso fin a la carrera de Andre Agassi. Nacido en Alemania hace 25 años, éste es apenas su segundo Grand Slam de su vida; antes fue eliminado en la segunda rueda de Wimbledon este año. Está 112o en el ranking y entró al cuadro desde la qualy.
  • 141 es el ranking que llegó a tener Agassi tras su casamiento con Brooke Shields, en 1997. Luego inició una recuperación increíble, en la que llegó a jugar challengers en Las Vegas para recuperar puntos.

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