Mónaco, o el regreso desde las sombras

Pico llegó a la semifinal del torneo de Buenos Aires, pero, mejor aún, se reencontró con su juego: "Mi tenis está creciendo y mi confianza también", manifestó; hoy se medirá con Nicolás Almagro
José Luis Domínguez
(0)
28 de febrero de 2015  

Nada es para siempre. Ni los grandes momentos, ni los tiempos duros. Lo sabe bien Juan Mónaco, consciente de que en la carrera de un tenista las cosas pueden cambiar en un punto, en un instante, en cuestión de días. Pico Mónaco, el mismo que hace cuatro semanas dejaba entrever la posibilidad de un adiós a la raqueta, está ahora en las semifinales del Argentina Open. Justo, también, en la misma semana en la que supo que, después de muchos años, iba a quedarse fuera del equipo de Copa Davis que enfrentará a Brasil.

Pero ahora está allí, entre los cuatro mejores del ATP de Buenos Aires, con las buenas sensaciones recuperadas, muy lejos de aquel jugador que, hace muy poco, se mostraba dolorido y desanimado… En los cuartos de final, Pico derrotó a Pablo Cuevas por 7-6 (1), 6-7 (4) y 6-4, en una batalla de 2h38m. Un triunfo valioso, más allá del tiempo y del esfuerzo empleados, por lo que significa superar ahora a un adversario como el uruguayo, que venía de ser campeón en San Pablo y atraviesa el mejor momento de su carrera. También, porque Mónaco supo ser protagonista en un duelo en el que tuvo muchas oportunidades –llegó a estar set arriba, 5-3 y su saque– para cerrarlo con menos apremios, pero se complicó y debió batallar aún más. Tan cierto como que el esfuerzo y el sudor forman parte de la esencia de Pico, que no bajó los brazos ante las chances perdidas y luchó hasta que llegó la última oportunidad.

Vaya si habrá sido valioso este triunfo, que Mónaco lo celebró arrodillado en el court central y con un grito de desahogo, igual que cuando fue campeón aquí, hace ocho años. Y no valió un campeonato, pero en este momento, tuvo un sabor especial para Pico, que en pocas semanas cumplirá 31 años. "Uno no piensa cómo festejar; es lo que sale, y es natural. Hay un poco de desahogo porque fue un partido largo, el rival era bueno; no lo había podido cerrar porque sentía la ansiedad, pero si lo festejé así fue porque lo disfruté. No soy de hacer esas cosas, pero es lo que me salió. Fue una descarga. Con este tipo de victorias quizá se rescatan más cosas que si ganás 6-4 y 6-2. Es más desgaste físico, pero a mi cabeza le hace bien."

Ahora Mónaco vuelve a estar en una semifinal después de cinco meses (la anterior, en Shenzhen, en septiembre pasado), pero lo más trascendente es que recuperó también el protagonismo en el polvo de ladrillo porteño, allí donde no pisaba las instancias decisivas desde la semifinal de 2010. Pero, sobre todo, porque cambió la racha. En Melbourne, contaba a LA NACION: "Me falta confianza, y así todo se hace cuesta arriba. Es difícil tener objetivos a largo plazo porque me cuesta. Cada vez me está costando más… Y cuando uno no está al cien por ciento, empieza a pensar cosas raras, te pasan muchas cosas por la cabeza. Yo lo que quiero ahora es disfrutar, pero si me siguen pasando estas cosas es muy difícil que pueda seguir".

Tiempos en los que los malos resultados se combinaban con diversas dolencias, como esa molestia crónica en la muñeca derecha. A fines del año pasado, Mónaco evaluó la posibilidad de operarse o infiltrarse. Eligió lo segundo. "Si me opero, tardaría mucho tiempo en volver, y ése sería el final de mi carrera", admitió. Las molestias físicas lo acompañaron hasta Australia, donde la espalda lo hizo sacar a menos de 140 kilómetros por hora, una velocidad mínima dentro de la alta exigencia del Tour. De esta manera, Mónaco terminó su gira oceánica con mucha incertidumbre porque todo el empeño puesto en la pretemporada no encontraba el eco esperado en los partidos.

La rueda cambió en Río de Janeiro, cuando el espiral de derrotas en serio le dio paso a dos triunfos y a una buena actuación contra David Ferrer, a pesar de caer en tres sets. "Hacía un par de semanas que me estaba sintiendo mejor, pero tenía que trasladar todo lo bueno que estaba haciendo en los entrenamientos a la competencia. Con un poco más de confianza yo sé que mi juego fluye mejor. Estoy muy emocionado y contento, empiezo a tener sensaciones muy buenas. Estar en condiciones de poder competir, luchar, e incluso sufrir me pone contento. En Río jugué de igual a igual contra Ferrer, que fue el campeón, y eso motiva; también este torneo es una motivación, porque el año pasado no me fue bien y Buenos Aires es un torneo que me dio muchísimo, y quería dejar una mejor imagen, me ilusiona muchísimo la posibilidad de jugar una final", destaca Mónaco, que se medirá hoy, a las 14, con Nicolás Almagro, un viejo conocido del tour, con el que tuvo varios cruces –aquí le ganó la semifinal de 2007–, y que, en cierto modo, también volvió a sentirse bien en Buenos Aires, en un torneo que ganó (en 2011), y luego de una temporada en la que estuvo ocho meses sin jugar por lesiones en el pie izquierdo y en el hombro. "Pico ha demostrado el carácter ganador que tiene, por eso tiene todo mi respeto y mi admiración, seguro será una linda batalla", expresó el español.

Ahora, Mónaco sonríe, y con buenas razones. "Estar en una semifinal acá ya es una motivación extra, me ilusiona mucho porque mi tenis está creciendo, y mi confianza también. Sé que contra Almagro va a ser un partido durísimo; él también está volviendo, en cierta forma". Tiene por delante un sendero muy largo, también. Así como no tiene muchos puntos por defender en el corto plazo –lo más trascendente son los 150 puntos de la final de Gstaad, que vencerán a fines de julio–, su posición lo deja al filo de tener que jugar alguna qualy para entrar en los Masters 1000. Pero una cosa es un presente sombrío, y otra muy distinta es poder jugar a pleno, y sentirse competitivo, y ganar. Para Mónaco, todo cambió. Y volvió a ser feliz dentro de una cancha.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.