Nadal-Thiem, la final: lo único que no cambió de un año a otro en Roland Garros

Fuente: AFP
José Luis Domínguez
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8 de junio de 2019  • 23:34

PARIS.- La última gran batalla del polvo de ladrillo de 2019 está por comenzar. Roland Garros puede haber cambiado mucho de un año a esta parte; incluso, el escenario es distinto, con un estadio renovado. Pero los protagonistas sí son los mismos de hace 12 meses. De un lado, Rafael Nadal, el megacampeón; del otro, Dominic Thiem, el retador a la corona. Una cita que no escapa a la lógica: tanto el español como el austríaco han demostrado ser dos de los tres mejores jugadores del mundo en polvo de ladrillo; el tercero es Novak Djokovic, el número 1 del mundo, vencido justamente por Thiem en una semifinal tremenda.

Nadal ya había cumplido su parte del reto al superar en el superclásico el viernes a Roger Federer. La tormenta de viento luego se hizo agua y obligó a suspender la segunda semifinal, en la que Thiem había demostrado que le podía jugar de igual a igual y con intensidad al líder del circuito. Enojadísimo, el serbio dejó Roland Garros incluso antes de que se anunciara la cancelación oficial de la jornada, con sets iguales y parcial de 1-3 en el tercer set.

Fuente: AFP - Crédito: AP

Djokovic no había cedido un solo set en el torneo, había llegado casi de paseo hasta la etapa de los cuatro mejores. Thiem, luego de un arranque con dudas, creció mucho en la segunda semana. Ya le había ganado un par de veces al serbio, por lo que no era tan sorpresivo un zarpazo de parte del austríaco. Lo sabía Djokovic, que llevaba 26 triunfos seguidos en Grand Slams, desde el Wimbledon del año pasado, y aspiraba a conquistar por segunda vez en su carrera los cuatro grandes en fila, tal como lo había hecho entre 2015 y 2016. Pero ya el viernes se mostró fastidioso con las condiciones climáticas; consiguió remontar un set, pero durante varios pasajes había sido superado por el bombardeo de Thiem, decidido a llevar al balcánico contra la lona del fondo. Esa búsqueda incesante y feroz le costó 60 errores no forzados al número 4 del mundo, es cierto, pero terminó con 53 tiros ganadores, y esa es una cifra excelente frente a un Djokovic que vio cómo el austríaco pulverizaba su sistema de defensa.

En la reanudación, no cambió mucho el desarrollo. A Djokovic se lo veía enojado con el mundo, desconcertado con los ángulos que encontraba Thiem. El serbio consiguió recuperar el quiebre del tercer parcial, pero lo cedió en el 12° game, cuando buscó el saque y red, Thiem lanzó una devolución al cuerpo, y el serbio la durmió en la red. Desesperado, el número 1 trató de subir en cada tiro, con la idea de sacarle ritmo a Thiem. En el 4-1 y 40-40 del quinto set, otra lluvia, otra suspensión. Después de una hora, Nole volvió a achicar distancias, aunque siempre le tocaba mirar la cuenta desde abajo. Como en el tercero, Djokovic se complicó solo en el duodécimo game; en el tercer match-point, un revés corto de Nole allanó el camino a Thiem para el último winner de la tarde, y cortar el boleto para chocar contra Rafa, por 6-2, 3-6, 7-5, 5-7 y 7-5, tras 4h13m de pelea. Djokovic señaló que no ponía excusas, pero disparó: "Las condiciones del viernes fueron de las peores en las que me ha tocado jugar. Era casi estar en medio de un huracán y en esa situación sólo intentás sobrevivir. No hay una regla cuando se juega con tanto viento; nos dijeron que mientras no se vuelen los paraguas o caigan cosas al campo, se podía seguir".

Por el doblete de número 1

Buscará el austríaco la misión más compleja: el doblete de derrotar en 24 horas al N° 1 del mundo y luego al N° 1 de la historia en polvo de ladrillo. Así de difícil es ganar un Grand Slam por estos tiempos, por eso los campeones suelen ser casi siempre los mismos, los que se han repartido 52 títulos grandes en los últimos quince años. Un lugar que se han ganado y que han demostrado defender con talento y esfuerzo. Ha sumado méritos Thiem, sobre todo en la tierra batida francesa: dos semifinales (2016 y 2017) y dos finales (2017 y 2018) para demostrar por qué es uno de los mejores en este terreno. Intentará igualar a Thomas Muster, el único austríaco campeón de Grand Slam; aquí, en 1995.

Fuente: AFP - Crédito: AP

Falta, claro, el reto máximo, hoy, desde las 10 (por ESPN). No será en las condiciones ideales, porque llegará con resabios del combate contra Djokovic, y esas cicatrices pueden pesar en un desenlace de largo alcance. Nicolás Massú, el entrenador de Thiem, habló con los organizadores sobre la posibilidad de mudar la final al lunes para que su jugador tuviera al menos un día de descanso. "Aclaro que lo hice antes de que hubiera un ganador, y me dijeron que no había ninguna chance. Pero Thiem ha jugado jueves, viernes y sábado, y del otro lado del cuadro sólo han jugado un día (el viernes). No llegan en la misma situación, claramente", dijo el coach chileno.

Ajeno a esto, Nadal prepara sus armas para atenazar la duodécima corona de un imperio que empezó en 2005, cuando era un chavalito de 18 años. Sabe que es el favorito, que tiene todo para ser ungido rey nuevamente, pero falta un último paso. Ganador de las 11 finales previas, Rafa va por la épica de una nueva diadema. Del otro lado lo espera Thiem, el guerrero que intentará llegar a su propio encuentro con la historia.

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