Nalbandian: la ilusión

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24 de septiembre de 2005  

BRATISLAVA.- A David Nalbandian, el destino lo marcó con fuego. El sello, ese que carga desde el día que pisó con sus hermanos las canchas de cemento de Unquillo, es el de haber nacido tenísticamente bajo el signo de la Davis. Como en Moscú, como en Buenos Aires y como en Sydney, el enorme Nalbandian volvió a ponerse las ropas de héroe. Y puede decirse que esta vez el objetivo que logró fue mucho más complicado. Porque venía de ser testigo del cachetazo que recibió Coria y porque tenía que salir a jugar nada menos que ante Dominik Hrbaty, el ídolo local, quien nunca había perdido en el Sibamac Arena.

Nalbandian lo hizo. Y construyó su victoria de manera gigante. Todo dentro de una tarea colosal que combinó tenis, garra, talento y coraje. Hecho para la Davis, un traje a medida que el cordobés exhibió ante Safin y Kafelnikov, ante el propio Hewitt y ayer, con alguien que disfruta haciéndose pasar como verdugo de los argentinos.

Nalbandian construyó la duodécima victoria por la Ensaladera de Plata, la undécima consecutiva desde febrero de 2003, a partir de la adversidad. Porque esta vez, como en ninguna de las anteriores oportunidades, el cordobés no ingresó seguro de si mismo. Errático, fastidioso, víctima de fallos controvertidos -hubo groseros errores para los dos lados- se erigió otra vez como héroe cuando la aplanadora estaba a punto de pisarlo. Estaba un set abajo 5-5 y 15-40 con su saque. Hasta ese momento, Hrbaty era un dilema indescifrable. El eslovaco hacía todo bien, no dejaba un resquicio. Pero con el hombre del alma copera nunca puede darse todo por terminado.

Una y otra vez empezó a entrar el saque, para igualar el set. Una y otra vez, llegaron las devoluciones, para dejar parado a Hrbaty. Una y otra vez, se repitieron los bailecitos, con salto de red incluido, para festejar con el capitán Mancini cada uno de los sets que se iban conquistando.

Al igual que ocurrió con Hewitt, la figura de Nalbandian se fue transformando. Transcurrían los games y el cordobés era un gigante. La superficie veloz era un dilema para Hrbaty, que también caía en el vicio de las dobles faltas. Y mientras el partido ganaba en un ritmo infartante, en un nivel de juego superlativo y en una velocidad tremenda, Nalbandian crecía.

No importó el quiebre que el cordobés sufrió en el arranque del tercer set. Desde afuera se sabía que esa historia se daba vuelta. Hubo breaks alternados y, como en el segundo capítulo, el cordobés lo cerró con una marca registrada: la devolución.

Estaba todo listo para consumar otra gran obra. El cordobés volvió a pegar con alma y vida para sacar al equipo del abismo. ¡Pensar que tuvo que llegar al estadio solo, en un taxi, poco después del mediodía, porque los autos de la organización se olvidaron de ir a buscarlo al hotel! El héroe argentino es así: llega en taxi y se va sobre la carroza. Porque en la Copa Davis siempre responde con el repertorio más notable: tenis, talento, alma y corazón.

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