No es uno más del circuito

Por Alfredo Bernardi De nuestra Redacción
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26 de abril de 2004  

Guillermo Coria ya puede sentirse diferente. No es uno más del circuito. Pertenece a la raza de jugadores distintos. Su triunfo en el Masters Series de Montecarlo le permitió ingresar en otra escala, porque Coria encontró su lugar en la mesa de los grandes.

La resolución de la final fue abrumadora, tal como lo hizo en todo el certamen. Como sucedió ante Marat Safin y David Nalbandian, Coria siempre tuvo las riendas; una vez más, se tuvo la certeza de que el partido nunca se le escaparía de las manos. Fue contundente, voraz e insaciable. Mezcló inteligencia con picardía. Llevó de un lado a otro a Schuttler como si fuera un principiante, cuando el alemán era el cuarto preclasificado, un puesto por detrás que el nuevo campeón.

Coria dilapida mentalmente a sus adversarios. Devuelve, no deja huecos, actúa con un bajo porcentaje de errores no forzados, gana muchos puntos con su primer servicio y se mueve en el polvo de ladrillo como un pez en el agua.

Fue por ello que sólo hubo que esperar para ver cómo Coria completaba el camino hacia el trofeo que levantaron Björn Borg, Mats Wilander, Ivan Lendl, Ilie Nastase, Thomas Muster, Gustavo Kuerten, Carlos Moya, Juan Carlos Ferrero. Y, por supuesto, Guillermo Vilas, el hombre al que Coria le debe su nombre.

No todo se circunscribe a este enorme triunfo. Con apenas 22 años, Coria sabe que está a la par de Federer, Roddick y Ferrero. Pero eso no implica que el camino se haya cumplido. Desde ahora las exigencias serán mayores; los torneos de Grand Slam y la Copa Davis generarán más expectación. Y, también, algunos golpes pueden ser muy duros. Asimismo, sus actuaciones no sólo convocarán al aficionado al tenis: Coria pasó a ser un fenómeno deportivo de todos. Un personaje que deslumbra desde el más chico hasta el personaje más próximo de su entorno, que intenta responder los miles de mensajes que recibe el jugador en su página de Internet. Esos que van desde un saludo o hasta las recomendaciones sobre en qué lugar del mundo se encuentra el médico que lo puede salvar por el problema de cálculo renal. Todo ese nuevo mundo rodea a Guillermo Coria. Una estrella a la que, como sucede en estas tierras, se le exigirá demasiada luz, pero que también puede ser útil para otro aprendizaje: el de comprender de una vez que a los ídolos también hay que saber cuidarlos. Porque, aunque no lo parezca, es humano como nosotros.

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