No ser necios

Por Alfredo Bernardi De nuestra Redacción
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28 de abril de 2004  

Las noticias llegadas desde Barcelona confirmaron que la sangre llegó al río. La rebelión de los 14 mejores jugadores del país contra la continuidad de Gustavo Luza como capitán estableció un mojón clave para una situación de contradicciones que se vive desde el mismo momento en el que Luza sucedió a Alejandro Gattiker, a fines de 2002. Desde el primer momento, su ex vínculo como coach de Guillermo Coria fue un fantasma que sobrevoló la gestión de Luza.

Siempre, por más que el protagonista lo haya negado, existieron rumores y comentarios adversos. Todo se escuchaba por lo bajo; nadie daba la cara. Hasta que Oscar Coria destapó la punta del iceberg tras el éxito de su hijo en Hamburgo 2003; cinco meses más tarde, luego del traspié de Nalbandian en la semifinal del US Open, los rumores de un boicot inundaron Flushing Meadows. Las dos estrellas no fueron a Málaga para disputar la serie ante España.

En ese momento -tras una nota publicada por LA NACION- se trató de desmentir todo, hasta calificando de trasnochados a aquellos que creían que era imposible corregir un rumbo que había nacido torcido.

Casi cegados, los dirigentes de la Asociación Argentina de Tenis ratificaron a Luza para 2004. Cada uno de los protagonistas, individualmente, miraba de reojo la continuidad. Pero las aguas que parecían calmas después del paso por Marruecos empezaron a agitarse, casi del mismo modo, antes de partir a Minsk para jugar con Belarús. Nuevamente aparecieron las lesiones. Otra vez, las deserciones, las dudas, las sospechas. Y, nuevamente, las versiones de diferentes reuniones en las casas de los tenistas para ver qué deparaba el futuro. La carta firmada en Barcelona, con los Juegos Olímpicos como próximo horizonte, no hace más que certificar un golpe de Estado al tenis argentino.

Aun cuando Luza y Morea no habían recibido oficialmente la misiva, el contenido de la misma es un toque de atención insoslayable. Porque en realidad, los tenistas apuntándole a Luza -en ningún momento se coloca en el tapete su calidad humana- están poniendo la mira en otro lugar: la AAT, cuya conducción, la misma que apoyó la formación de Coria y Nalbandian, también se vio envuelta en las controversias por un fuerte faltante de dinero y por las continuas críticas de los mismos que firmaron la carta, molestos por la metodología de elección del capitán o por cierta desprolijidad a la hora de contratar un sponsor cuando se disputa un match por la Ensaladera de Plata. Es difícil que Morea, más allá de su encendida defensa, pueda sostener a Luza. Su salida es casi un hecho.

No hay que olvidar que en la Argentina las disputas entre los jugadores y los dirigentes no son nuevas. Basta retrotraerse a más de dos décadas y encontrar algo similar en los tiempos de Vilas y de Clerc. Discusiones de este tipo impidieron ganar la Copa Davis. Sería de necios tropezar dos veces con la misma piedra.

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