Por la revancha

Mariano Puerta llegó a estar dentro de los 20 mejores del mundo, pero sufrió una lesión en la muñeca izquierda y cayó al puesto 255°; "Si hago las cosas bien, voy a volver arriba" asegura
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23 de diciembre de 2001  

Mariano Puerta recibe a LA NACION en su departamento de tres ambientes, cercano a Avenida del Libertador y General Paz, al que se mudó hace diez meses. Sonriente y tranquilo, saluda y señala: "Para mí, es tiempo de empezar otra vez".

En un año con muchos triunfos para el tenis argentino, el zurdo cordobés estuvo al margen de las luces del protagonismo. El cierre de 2001 lo encuentra en el puesto 255° del Sistema de Acceso; muy lejos de la 21a posición con la que empezó la temporada, y del 18° lugar que llegó a ocupar en agosto de 2000, lo que fue su mejor ranking. Después de todo, Puerta cuenta los motivos de su caída en el ranking y realiza su balance, durante un alto de la pretemporada que realiza junto con su entrenador, Guillermo Pérez Roldán.

Puerta, de 23 años, disputó su último encuentro el 15 de octubre último, con una caída en la primera rueda del challenger de Quito, ante su compatriota Patricio Rudi. Hace memoria del momento en el que decidió que su temporada finalizaba allí: "Paré porque no me salía nada, no podía levantar cabeza. Tengo en claro que el balance no fue bueno. Todo jugador que fue operado -en este caso, en la muñeca izquierda- perdió una temporada; muchos, incluso, no pudieron volver en la mejor forma, así que yo sabía que esto iba a suceder. De todos modos, prefiero rescatar que al menos volví a jugar, al margen de los resultados. Sé que tuve que estar parado cinco meses, que empecé la temporada en abril, pero también me cuesta aceptar el ranking que tengo ahora. Si hago las cosas bien, voy a volver arriba".

-¿Cuándo empezás a jugar?

-Estoy haciendo una pretemporada con todo en Punta del Este y estoy casi listo para salir a jugar. Lo primero será buscar la clasificación para el Abierto de Australia; después me gustaría estar en la Copa AT&T, en Buenos Aires, y también en Viña del Mar y Acapulco. Lástima que se canceló el torneo de Bogotá, porque ahí me iba siempre bien.

-Tu carrera tuvo altibajos, con muy buenas temporadas en 1998 y 2000, y caídas en 1999 y 2001. ¿A qué se debió?

-El primer bajón, el de 1999, fue porque no pude soportar algunas presiones, me faltó madurez para mantenerme. Lo de este año fue una sucesión de cosas. Estuve parado cinco meses, y cuando estaba jugando bien, en el debut en Montecarlo -ante el marroquí Hicham Arazi-, sufrí un desgarro intercostal. Me recuperé, jugué bien en Düsseldorf (la Copa de las Naciones), les gané a Jean Michael Gambill y a Arnaud Clement, pero después de Roland Garros, cada vez que tenía que jugar, me levantaba con fiebre. Es cierto que algunos partidos los jugué mal, pero también sentí dolores internos porque no me iba bien, es algo que somaticé mucho.

-¿Nunca creíste que podías mejorar?

-Empecé cuatro meses después, y para estar a la par de los otros hay que ser un monstruo; hay que tener el saque de Ivanisevic y el drive de Agassi... y yo siempre fui un luchador, así que se me hizo muy difícil. Además, perdí confianza porque no sabía si me iba a aguantar el físico, entraba condicionado. Por eso el parate. Lo que quiero es entrar en la cancha hecho un león. Estoy trabajando con un psicólogo y él me dice que es normal lo que me pasó. Todos me advirtieron que me iba a costar volver al mejor nivel. Son muchas cosas por las que no terminé siquiera cerca del puesto 100°.

-¿En algún momento perdiste la motivación?

-... Sí, en las últimas semanas sí, porque sentí que había pasado más del 75 por ciento del año, que no había podido levantar cabeza y perdí las ganas de continuar. Tampoco quise jugar la gira de la Copa Ericsson porque fueron torneos muy duros y pensé que con todo lo que viví este año, no tenía nada asegurado. Lo charlé con Pérez Roldán y quedamos de acuerdo en que parar era lo más adecuado.

-¿Influyó en tu ánimo el tema de la suspensión de Juan Chela? (el padre de Puerta, Rubén, era su coach)

-No. Yo sabía que lo de Juan era una injusticia, pero no me afectó en mi juego.

-¿En qué aspectos tenés que mejorar?

-Lo primero es tener el físico a punto, en 80 kilos. Aparte, el juego en el circuito es cada vez más rápido y por eso voy a tener que agregarle velocidad y puntería a mi saque y tratar de cerrar más puntos en la red. Con todo eso, no sería una locura pensar en llegar a Roland Garros cerca del puesto 70°. Ese es el primer objetivo.

-¿Cambiaron muchas cosas para vos en este tiempo?

-Sí, porque pasé momentos difíciles. Tuve la suerte de contar con Guillermo (Pérez Roldán), que me dio todo el apoyo, a medida que pasaba el año y me daba cuenta de que las cosas no salían. Estuve más tiempo en Buenos Aires y descubrí cosas que no las hubiese vivido en otra situación. Pero yo necesito ser exitoso en mi trabajo, y en este momento, la cosa no cierra. No es que pequé de fanfarrón; tampoco me la creí, sólo pasó que me lesioné y lo que vino después fue difícil de asimilar.

-¿Lo ideal sería un regreso como el que tuvo Cañas?

-Me encantaría, pero es difícil repetir lo que hizo Willy. Encima, yo voy a arrancar casi con el mismo ranking que tenía él en enero último. Me tengo una fe ciega, pero si termino 2002 dentro de los 50 primeros sería bárbaro.

Mientras llega la hora de la despedida, Puerta mira un cuadro que le regaló la ATP, que incluye las posiciones de la Carrera de los Campeones y una inmensa foto suya en el torneo de México. Y se da ánimo: "Ahí estaba bárbaro, pura fuerza, un toro. A eso quiero volver. Y puedo lograrlo".

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