Rafael Nadal: diez años no son nada para una leyenda que va por otra hazaña

Nadal disputará su quinta final en Australia, una década después de su único título allí
Nadal disputará su quinta final en Australia, una década después de su único título allí Fuente: AFP - Crédito: William WEST
José Luis Domínguez
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24 de enero de 2019  • 23:59

Rafael Nadal se muestra implacable, como si el tiempo no pasara y los problemas físicos jamás hubieran existido. Asombra su resiliencia para recuperarse de las dolencias que lo aquejan, como la rodilla derecha y el tobillo que lo obligaron a cerrar el ciclo 2018 a principios de septiembre. No sorprende tanto su capacidad para llegar a las grandes instancias de los Grand Slams, un terreno fértil para su grandeza; sí impresiona su avance arrollador. En las semifinales del Abierto de Australia le pasó por encima a Stefanos Tsitsipas , que venía envuelto en una nube de confianza y juego en altísimo nivel: 6-2, 6-4 y 6-0.

Nadal se muestra demoledor, con paso de topadora. En seis partidos, no perdió ni un set. Sólo el checo Tomas Berdych, en la tercera rueda, consiguió llevarlo a un tie-break. Durante la pretemporada cambió la mecánica de su saque. Sólo perdió el saque dos veces en el estreno contra James Duckworth, cuando el motor todavía estaba calentando; desde entonces, apenas si concedió algún break-point, que salvó con solvencia.

A Tsitsipas lo desquició. El griego, de 20 años y considerado como una de las grandes figuras de la próxima generación, había dado un gran impacto contra Roger Federer. Pero se vio deslumbrado por un adversario que no le dio el más mínimo resquicio. "Tiene el talento no tiene ningún otr. Juega en una dimensión completamente diferente. De algún modo sentía que estaba jugando a un deporte diferente. Nunca he visto que un jugador tenga algo así, te obliga a que juegues mal", dijo, sin ocultar la decepción. Rafa asoma como un dique de contención ante el ímpetu de las nuevas generaciones: está 3-0 en el historial sobre Tsitsipas, 5-0 sobre Alexander Zverev y 2-0 sobre Alex de Minaur, algunos de los referentes del tenis que se viene.

A estas alturas, parece imposible no buscar semejanzas entre este Nadal y aquel que ganó Australia por primera vez, hace diez años; aquella noche del recordado llanto de Federer, cuando el suizo susurraba "esto me está matando". Llegó otras tres veces a la final, pero perdió contra Novak Djokovic (2012), Stan Wawrinka (2014) y Federer (2017), que tuvo su desquite. Ahora, quizás el zurdo tenga la revancha de aquel combate tremendo contra Djokovic, con 5h53m y una ceremonia de premiación en plena madrugada de Melbourne, con ambos finalistas casi sin poder estar en pie.

Pero Nadal, como otras leyendas, ha cambiado. A su modo, evolucionó. Con un juego más agresivo, con detalles que le han ayudado a adecuarse a los rigores del circuito y a rivales que también cambian. "Siempre digo lo mismo, no puedo comparar el resto de mi carrera con la actualidad. Estoy haciendo muchas cosas bien, y los resultados dicen que durante mi carrera he hecho muchas cosas muy bien. No siento que esté jugando mejor que nunca. Tengo que adaptar mi juego a los nuevos tiempos y a mi edad, eso es todo, y es lo que he hecho durante toda mi carrera: intentar adaptar mi tenis a las circunstancias que he atravesado. Esa es la única razón por la que en este momento estoy compitiendo a un alto nivel", destacó.

Nadal llega a la final –el domingo, desde las 5.30 de la Argentina– con otra nota saludable: en seis encuentros apenas totalizó 12 horas y 6 minutos de juego, con un desgaste casi mínimo para dos semanas de acción. Tampoco le ha tocado ser víctima del calor que azotó a Australia en los últimos días. Detalles que suman dentro de un momento casi ideal para Nadal. Muy lejos parece haber quedado lo sucedido hace doce meses, cuando una lesión en la pierna izquierda lo obligó a abandonar en los cuartos de final ante Marin Cilic, en una de las tantas frustraciones por inconvenientes físicos.

Este Abierto de Australia podría darle a Nadal un récord único: ser el primer jugador en la Era Abierta (desde 1968) que gana al menos dos veces cada Grand Slam. Roy Emerson y Rod Laver también lo consiguieron, pero en sus casos, varios de esos títulos los lograron durante la etapa amateur. Una hazaña que afirmaría su condición de leyenda todoterreno, más allá de su condición de jugador más grande de todos los tiempos sobre polvo de ladrillo.

Lo hecho en Australia le asegura continuar como número 2, y continuar en la lucha por el 1 del mundo, por ahora en manos de Djokovic. Ahora, casi nadie recuerda los cuatro meses de inactividad que arrastraba entre aquella semifinal del US Open ante Del Potro y el comienzo de este Abierto australiano. Acaso sume cicatrices, pero las grandes citas son lo suyo: la del domingo será su 25ª final, con 17 títulos en el bolsillo. Por eso, Nadal es leyenda.

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