Serena Williams: "No me siento una leyenda, sólo soy una chica normal"

La dominante número 1 de la WTA y ganadora de 17 Grand Slams llegó por primera vez a la Argentina y habló del dinero, de la religión, del presidente Obama y del tenis femenino de la actualidad
Sebastián Torok
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30 de noviembre de 2013  

No tiene límites. No teme. No padece vergüenza, no se sonroja, no tiene miedo al ridículo. No piensa en el qué dirán. Nada le provoca celos. No piensa en la muerte, pese a haber jugueteado dramáticamente con ella. Vive y lo hace con pasión. Es una fiera, pero también es sensible. Gana partidos, conquista torneos, acumula dinero, mucho dinero. Tiene 32 años; profesional desde septiembre de 1995, fue campeona dominando a las veteranas de aquel momento, luego venció a las tenistas de su generación y, ahora, casi sin hacer esfuerzos, a las más jóvenes. Serena Williams, la menor de cinco hermanas, nació en Saginaw, Michigan, pero inmediatamente, junto con sus padres, Richard y Oracene, se mudaron a Compton, un barrio con alto nivel de criminalidad en Los Ángeles. "Creo que mi padre me metió en el tenis por dinero, pero yo era un poco boba, naif, nunca pensé en eso, sólo pensé en ganar", dijo, Serena, alguna vez. Aprendió a jugar escuchando los silbidos de las balas, esas mismas balas que en 2003 asesinaron a Yetunde, una de sus hermanas, que era enfermera y estudiante de administración. Su vida es de película. Superó lesiones en las rodillas y en los tobillos, y hasta una gravísima embolia pulmonar; es la número 1 de la WTA, ostenta 32 trofeos de Grand Slam (17 en individuales, 13 en dobles y dos en dobles mixtos) y cuatro medallas doradas olímpicas. Es una suerte de mito viviente en el arte de las raquetas. Y va por más.

Primeras horas de la tarde en el barrio de La Boca. Serena, con el pelo ensortijado, un aro color plata en el ombligo y escondida en unos anteojos oscuros, desciende de una gran camioneta blanca, con la pereza lógica posterior a un extenso vuelo. Detrás de la gran dominadora del circuito femenino surgen su hermana Venus (con trenzas fucsias y negras), su simpática madre, amigas y algunos de sus sobrinos. Llegaron a esta porción de América del Sur por primera vez; hoy jugarán una exhibición en el Baltc. No pasan inadvertidas; ni Venus, quien llegó al número 1 en febrero de 2002, ni tampoco Serena. "Hola, ¿qué tal? Es mi primera vez aquí, es que tenemos tantos torneos en el circuito que se nos hace difícil visitar sitios donde no hay torneos", saluda, amable, la menor de las Williams, que se sienta a conversar con LA NACION en uno de los salones de la Usina del Arte, brincando de un tema a otro, encendida, despreocupada.

—Luego de ganar el último US Open, Patrick Mouratoglou, tu entrenador y confidente, te describió en el diario español El País como "divertida en la vida privada y una asesina en la cancha". ¿Es realmente así? ¿Tenés dos personalidades diferentes?

—Te diría que soy totalmente diferente entre la tenista y la Serena de la vida cotidiana. Estar en una cancha jugando tenis es parte de mi trabajo, entonces trato de enfocarme, de ser potente, de mostrarme poderosa y de ir por mis objetivos. Pero después, la vida continúa. Soy sensible, tierna. Tengo dos personalidades, podría decir, sí.

—Sos una deportista que no solamente le presta atención a su profesión. Te gusta mucho la moda, invertiste en el negocio de los cosméticos y también tenés una fundación que asiste a jóvenes cuyos padres fueron víctimas de delitos. ¿Allí está tu cable a tierra?

—Le presto mucha atención a lo que pasa con los niños en África y también en los Estados Unidos. Pero no sólo allí, sino en todo el mundo, porque sueño con algo mejor, con que todos tengan oportunidades. Para mí lo más importante es creer que puede haber cambios. Soy una persona que ama el deporte y la imagen que se puede transmitir a través del tenis o de cualquier actividad deportiva. También tratamos de enviar a los jóvenes a las universidades. Entonces trato de poner mucha energía en esos temas.

—En 2011 sufriste una embolia pulmonar. ¿Cuál fue el momento más angustiante?

—Fueron muchos los momentos difíciles. Estaba con el ánimo muy bajo, pero siempre traté de mantenerme calma. Por supuesto que fue mucho peor para mi mamá y mi papá; ellos sí tenían mucho miedo por lo que me podía llegar a pasar. Pero siempre confié en que saldría. Y estuve bien aconsejada, bien rodeada por mi familia, a la que considero fundamental. Ellos son los que realmente entienden qué te pasa.

—Con más de 54.000.000 de dólares, sos la tenista qué más dinero ganó en premios de la historia. ¿Qué importancia le das al aspecto monetario?

—Yo no pienso en el dinero, nunca le di demasiada importancia. Incluso cuando era más chica me fui de muchos torneos sin cobrar y después me pasó que a los siete meses me mandaron un e-mail avisándome que nunca me habían pagado. Juego por amor al deporte y por lo mucho que me apasiona la competencia. No lo hago por ganar más o menos plata.

—Siempre te mostraste como una persona creyente; sos testigo de Jehová. ¿Qué valor tiene la religión en tu vida?

—La religión es una de las razones que me permiten estar relajada, estar tranquila. Es lo más importante para mí. Tengo mis valores como persona. Soy relajada, trato de pensar más allá del individuo y deseo que todo tenga un buen balance en la vida. Siempre fui feliz con lo que me dio la vida, sea mucho, poco o nada. Así pienso yo.

—En su momento apoyaste a Barack Obama, pero tus creencias religiosas te impidieron votar. ¿Cómo lo observás hoy y las críticas que recibe? ¿Te costó creer que llegara a la Casa Blanca?

—Obama está recorriendo un largo camino, un difícil camino. Que un afroamericano haya llegado a ser presidente de los Estados Unidos es algo muy representativo, lo veíamos como algo imposible. No estoy muy interesada en la política, no profundizo sobre el tema, pero me puso muy feliz. Lo que sí me gusta es que Estados Unidos haya sido un país que lograra ir más allá de una cuestión de razas y de color, y que Obama sea presidente es símbolo de esa apertura. Antes a los afroamericanos nos perseguían.

El poderío de Serena genera una sensación concreta: que juega y gana cuando quiere. El año pasado perdió en la 1a rueda de Roland Garros y decidió empezar de cero. Esta temporada ganó 11 títulos, entre ellos dos Gran Slams y la Copa de Maestras en Turquía.

—¿Qué significado tiene poseer la misma cantidad de majors que Roger Federer?

—Es increíble. Antes del último US Open tenía el pequeño sueño de empatarlo a Roger. Y, luego, llegar a esa cifra y en mi país fue algo muy especial. Fue uno de los objetivos que tenía para esta temporada y me pone sumamente orgullosa haberlo alcanzado.

—Hace poco más de un mes, Gabriela Sabatini afirmó que ya habías alcanzado la altura de una leyenda del tenis. ¿Te sentís de ese modo?

—No, no me siento una leyenda, sólo soy una chica normal. Sólo me siento Serena Williams. No me siento una persona distinta a otra, soy normal, trato de pensar de esa forma. Le agradezco mucho a Gabriela por sus palabras. Nunca pude jugar contra ella, porque es más grande que yo. Pero sí la vi jugar. Recuerdo muy bien cuando ganó el US Open 1990, yo quería que lo ganara Gabriela, no sé por qué, pero quería.

–Pero da la sensación de que tus rivales te temen, que no tenés competencia, más allá de lo que puedan hacer en este momento Sharapova o Azarenka.

–El circuito tiene muchas buenas jugadoras, muchas de ellas muy jóvenes. Victoria es una gran jugadora y campeona; Maria ya ha ganado muchos títulos importantes y siempre es una amenaza para cualquiera. Pero cada una hace su camino. A mí nunca me pasó de aburrirme en un partido. Cuando entro en una cancha no tengo ninguna garantía de que voy a ganar y por eso doy lo máximo para lograrlo. Hoy en día el tenis femenino es bastante parejo; la número 20 juega igual de bien que la número 10. Está todo bastante equiparado.

–¿Qué diferencias hay entre las jugadoras actuales y las Sabatini, Graf, Navratilova, por citar sólo algunas?

–Las jugadoras de antes eran más técnicas. Ahora juega su papel la tecnología. Y además las jugadoras actuales son más atletas que tenistas, es muy importante la preparación física, los ejercicios. Hoy, las jugadoras son muy dinámicas, se juega con mucha potencia, se le pega muy fuerte a la pelota.

–¿En qué lugar de la historia del tenis te ubicarías junto con tu hermana Venus?

–Hemos tenido la posibilidad de llevar el tenis a un nuevo nivel. Fundamentalmente hemos aportado la potencia, el entusiasmo y la pasión. Pero también el estilo y la moda, porque usamos ropa y colores que han sido un gran impacto en el tenis. Nuestro color de piel, por ser afroamericanas, también hizo que fuéramos diferentes. Pero somos chicas divertidas, muy comunes.

Modelo de una colección muy particular

Serena Williams, además de jugar una exhibición con su hermana Venus, llegó a la Argentina para lucir y promocionar la colección Tech Pack de Nike. El diseño de estos buzos y camperas con telas de peso ligero –facilita el movimiento del cuerpo–, fue confeccionado bajo las especificaciones de 16 de los deportistas más influyentes del mundo, entre los que se incluyen la tenista estadounidense, más el español Rafael Nadal, la rusa Maria Sharapova y el futbolista brasileño Neymar, entre otros.

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