Tradiciones, frutillas y los peinados nuevos

Por Nicolás Cassese Para LA NACION
Por Nicolás Cassese Para LA NACION
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25 de junio de 2002  

LONDRES.– Frutillas con crema, señoras elegantes con curioso gusto a la hora de elegir sombreros y triunfo avasallador de una de las hermanas Williams. Wimbledon es un lugar que goza reiterándose y esta nueva temporada se inauguró respetando tradiciones, tanto las centenarias como algunas de las más recientes.

Una de estas últimas, la supremacía de las Williams –representada con el triunfo de Serena sobre la australiana Evie Dominikovic– fue el comentario obligado entre los cientos de espectadores que disfrutaron del cálido sol londinense en el All England Lawn Tennis & Croquet Club. Ya hay muchos que aquí ponen cara de preocupación ante semejante dominio del circuito femenino por parte de las Williams y Jennifer Capriati, una de las pocas que puede disputarle el liderazgo, admitió que el juego puede volverse “aburrido” si ganan siempre las mismas.

Especialmente si se eliminan algunas de sus atracciones extra tenísticas, como la rusa Anna Kournikova, que perdió con su compatriota Tatiana Panova. Kournikova se despidió lanzando sonrisas y besos, cual actriz en la pasarela de los premios Oscar, y ya hay quienes la consideran más a gusto en las páginas de moda que dentro de una cancha de tenis. “No tengo una carrera fuera de la cancha. No hay dos Annas, hay una Anna”, se defendió la rusa cuando le preguntaron si no le resultaba difícil concentrarse en el tenis cuando le va tanto mejor fuera de él.

Además de ella, los ingleses tienen otras preocupaciones: están especialmente ansiosos con su escaso dominio del deporte que inventaron. Ya pasaron 25 años desde que la reina Isabel premiara a su compatriota Virginia Wade con el último título ganado por un local. Entonces se festejaban las bodas de plata de su reinado y Wimbledon alistó a sus campeones históricos para que desfilasen a modo de homenaje. Nada de eso ocurrió en esta oportunidad, en que se celebran las bodas de oro de la misma reina, y el hecho generó críticas entre la prensa más conservadora.

La controversia no impidió que decenas de locales se paseasen por el club con la camiseta de fútbol de su seleccionado nacional, dándole nuevos argumentos a quienes hablan de un renacer del patriotismo inglés. Aunque suele desempeñarse con pelotas un tanto más grandes que las que abundan en Wimbledon, David Beckham se hizo presente en varios de los peinados que ayer circularon entre las canchas. El particular corte de mohicano punk que lució el capitán inglés en su paso por Corea y Japón es muy popular por estos lados.

Claro que acá la expectación está puestas en otro deportista, Tim Henman, una de las únicas esperanzas que tienen los ingleses para redimir su orgullo herido. Henman viene participando con suerte diversa en Wimbledon desde 1995 y ya hay quienes se han resignado a sus derrotas. The Times, por ejemplo, editorializó ayer acerca de la tortura que sufrirán los ingleses al entusiasmarse en vano con las posibilidades de su compatriota.

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