Un día de pases y jueguito en la ansiada visita a la Bombonera

Federer cumplió su sueño de conocer el estadio de Boca; recibió una casaca y practicó fútbol-tenis con Batistuta
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14 de diciembre de 2012  

Roger Federer parece un niño detrás de una pelota. Luce como si se hubiera transportado a su infancia, en Suiza. Se advierte en las muecas, en sus aplausos, en sus gritos cuando le pega con imperfección a la pelota número 5. Está con bermudas y zapatillas, en la Bombonera, en uno de los grandes templos del fútbol de América latina, y lo disfruta, más allá de que su visita al escenario xeneize sea parte de esa atiborradísima –y por momentos caótica y agotadora– agenda que lo acompañó durante su primera e histórica visita a la Argentina.

Pero las obligaciones son así y nunca pierde los buenos modales el tenista de movimientos elegantes y golpes inigualables. Ni siquiera cuando la seguridad del evento queda desbordada y decenas de colados le reclaman autógrafos, fotos, besos, regalos...

Se dio un gran gusto, Roger. Fanático del fútbol, es hincha de Basilea y se ha entrenado muchas veces con el plantel, coincidiendo, incluso, con la presencia del delantero argentino y ex River, Julio Rossi. El suizo confesó en diversas oportunidades haber charlado sobre futbolistas e hinchadas con Gastón Gaudio (de Independiente) y, sobre todo, con Juan Martín del Potro, su compañero de exhibiciones durante las dos jornadas en el municipio de Tigre. Es más, hace un tiempo, Delpo fue uno de los que le regaló una camiseta boquense con el apellido "Federer" impreso en la espalda.

"Hace algunos años miraba a Batistuta, me llamaba mucho la atención su capacidad para anotar goles, era de mis preferidos", le contó Federer a La Nacion, vía telefónica desde Dubai, hace un puñado de días en una entrevista. Los organizadores tomaron nota. Y ayer, el gran Roger disfrutó junto con el ex artillero del seleccionado argentino. Aproximadamente a las 14, bajo un clima sofocante, compartió un fútbol-tenis con Batigol, con Del Potro, y también con el polista Adolfito Cambiaso, y con Rolando Schiavi y Sebastián Battaglia, dos símbolos xeneizes.

También estuvieron presentes Daniel Angelici, el presidente del club, y Mauricio Macri, el jefe de gobierno, que lució en zapatillas, como si tuviera la intención de pelotear con las figuras en algún momento, pero finalmente no lo hizo. El ex número 1 mostró aceptables condiciones técnicas para hacer jueguito, patear y hasta para cabecear. Entusiasmo no le falta.

El suizo, además, acompañado por su manager Tony Godsick y por su fisioterapeuta personal Stephane Vivier, completó su visita al estadio de Boca Juniors conociendo el vestuario de la primera (se tomaron fotografías en el interior) y el museo, recibió un simbólico carnet de socio, y una camiseta con el número 10 y su apellido.

Además, en el mismo lugar, los legisladores porteños Cristian Ritondo, Enzo Pagani –que también es vocal de Boca–, Fernando De Andreis y Jorge Garayalde, distinguieron a Federer como "huésped de honor" de la ciudad y, por otra parte, le entregaron una plaqueta en reconocimiento a la trayectoria de Del Potro.

Dichoso por haber conocido la Bombonera, una de sus escasas exigencias, Federer se marchó del barrio de La Boca con dos anhelos con matices futbolísticos, uno más realizable que el otro: observar en vivo un partido del campeonato argentino y conocer en persona a su admirado Lionel Messi. Tiempo al tiempo. Al menos, el gran Roger regaló su carisma, esta vez desde una cancha de fútbol.

Cambiaso lo hizo de La Dolfina

Adolfo Cambiaso le regaló a Federer un taco y una camiseta de La Dolfina. El encuentro se produjo en la conferencia que brindó el suizo en el Auditorio del Buenos Aires Design, junto con Enrique Blaksley, presidente de Hope Funds, sponsor de La Dolfina.

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