Vilas y un homenaje especial, en donde nació la leyenda

En el Náutico de Mar del Plata, el gran Willy quedó inmortalizado para siempre
Darío Palavecino
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21 de noviembre de 2012  

MAR DEL PLATA.–­­ Como cada tarde de cada día, las 12 canchas estaban completas y en todos los turnos. Singles acá, dobles allá. Y el frontón con un pelotón de chicos que prueban y mejoran, golpe tras golpe. Hasta que, de repente y en hora pico de demanda, el polvo de ladrillo queda en soledad. Y los jugadores, raqueta y bolso en mano, corren al patio para ver, acompañar, saludar y rendir homenaje al hijo pródigo de este Club Náutico Mar del Plata. Guillermo Vilas le impuso ayer una pausa al juego para vivir a pura emoción la presentación en sociedad de una escultura que lo recuerda estilo expresionista y un título que le destaca su lugar en la historia: "Vilas, el revés argentino".

"Es cierto, tenía un miedo bárbaro, pero está bien", reconoció sobre la obra del artista plástico Daniel Masi, que trabajó sobre hierro y despieces industriales para inmortalizar al mejor tenista argentino de los todos los tiempos con el golpe que lo destacó en su carrera.

Este regreso a la sede de la institución, su segundo hogar durante la infancia y escenario de su formación de la mano del profesor Felipe Locícero, coincide con el 35° aniversario de sus victoria en Roland Garros y en Forest Hills 1977.

La emoción de este homenaje se multiplicó por la chance de encontrarse con viejos conocidos, muchos de los cuales lo vieron llegar al club como un bebe. "A Guillermo lo vimos llegar en brazos de sus padres", contó la presidenta Susana Salerno. La estatua fue idea del periodista Eduardo Puppo. Un reconocimiento más para Vilas, que es ciudadano ilustre de esta ciudad y socio honorario de la institución que ayer lo recibió como siempre, con un pasillo principal rodeado con pósteres y fotos de su carrera profesional. "Ésta no la tengo", dijo, y señaló una foto de 1975 que luce junto a un retrato de Loccícero, su maestro.

Desde los más pequeños hasta socios con décadas de historia en el club, como Nélida Pardo, se instalaron en la plazoleta de acceso, aplaudieron a su ídolo y, siempre que pudieron, buscaron una foto o un autógrafo. Del acto también participaron el intendente local, Gustavo Pulti, que le ofreció todo el apoyo para relanzar el Museo Guillermo Vilas, que el tenista cerró por "falta de apoyo". Y Arturo Grimaldi y Héctor Romani, presidente y vice de la Asociación Argentina de Tenis. "En algunas cosas estamos cerca, en otras no tanto", señaló Vilas. Así ubicó en la ceremonia esa historia de desencuentros con la institución que aún lo tiene como referente nacional e internacional.

Poco y nada quiso hablar de sus deseos eternos de ser capitán de Copa Davis. Cuando le preguntaron qué había que hacer para alcanzar por primera vez ese título, sugirió que les trasladen la consulta a las autoridades de la AAT aquí presentes. Pero igual dejó al pasar alguna frase con sabor a análisis y contenido picante. "A todo el mundo le gusta ganar la Copa (Davis) solo; por ahí lo logra", afirmó, para cuestionar esas diferencias y enfrentamientos que suelen aparecer para esta competencia que, Vilas remarcó, "es una prueba de equipos".

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