Decisión y coraje, las claves de un jockey oportuno

En su doblete clásico, Juan Cruz Villagra fue prolijo para ganar con Le Ken e interpretó las necesidades de Sixties Song, su éxito cumbre
Carlos Delfino
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18 de diciembre de 2016  

“No caigo, todavía no caigo”, repetía ayer el jockey Juan Cruz Villagra cada vez que le pedían sensaciones por su triunfo en el Carlos Pellegrini. Ya había recibido una copa entregada por el intendente de San Isidro Gustavo Posse y un trofeo de cristal de manos de Carlos Melconian, el presidente del Banco de la Nación, y hasta había agitado una botella de champagne XXL como si estuviera en la cima del podio de un gran premio de Fórmula 1, pero el jinete cordobés sonreía con su hijo Simón en brazos y contenía la euforia. La victoria con Sixties Song era el final de una tarde inolvidable, que incluyó otro éxito grande, con Le Ken, en el Gran Premio Anchorena, el de la media distancia. Son de esas gestas que se comienzan a dimensionar con el paso del tiempo.

Villagra tenía ayer más presente otras circunstancias que fueron clave para celebrar en la carrera más famosa de esta parte del continente. Juan Cruz llegó a la montura de Sixties Song porque Eduardo Ortega Pavón iba a correr a Keane, que finalmente no fue confirmado. “Los propietarios pudieron haberle dado el caballo a él otra vez y quedarme sin nada, pero me bancaron”, destacó el jinete, de 25 años.

En la pista, hubo zozobra y suspenso. “Al final del codo, el caballo brasileño [Vettori Kin] nos aprieta, el mío trastabilló y casi nos vamos al suelo. Como quedé complicado, había que esperar, y cuando hubo pista libre, le saqué los tapones de los oídos y dejé que corriera. Ya por los 300 metros me entusiasmé con que ganaba y quería agarrar el disco con la mano. Para colmo, veía que el que se metía por los palos era el potrillo [Puerto Escondido] al que corrí siempre y justo esta vez dejé”, describió Villagra. Faltaba más: un reclamo (de Rodrigo Blanco, jinete de He Runs Away) en su contra por molestias, que los jueces pronto desestimaron. “Cuando vi que subieron la bandera amarilla me cagué todo”, confesó Juan Cruz.

Una hora y media antes, con Le Ken todo había salido mucho más prolijo, al pasar al frente delante de las tribunas y conservar un cuerpo de ventaja sobre Fantastic Four. Allí, otra vez, estuvo asociado al entrenador Alfredo Gaitán Dassie. El otro nexo entre una y otra victoria era el trabajo de reeducación que hubo que hacer con ambos caballos, cuyas primeras carreras los mostraron jugándose entero desde el comienzo. Villagra tuvo menos participación en las tareas diarias para amansar a Sixties Song, pero supo interpretarlo perfectamente cuando le tocó subirse por primera vez a este caballo criado por el haras Firmamento.

En la danza de oportunidades, ayer a Villagra le tocó bailar con la más linda. Y no falló.

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