Diego García da rienda suelta a sus pasiones

Es palafrenero en Palermo, domador y un futuro veterinario
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28 de agosto de 2001  

Monta a caballo, lleva botas, casco, fusta y se pasea por la pista del hipódromo sin ser jockey, aunque lo hubiese deseado.

Su nombre es Diego García. Su oficio, palafrenero. Su función en Palermo, conducir de tiro a los caballos durante el paseo preliminar rumbo a las gateras o la de salir disparado como el viento para "atajar" algún ejemplar que haya entrado en estampida.

Quizás el perfil del palafrenero standard se asocie con el de una persona criada en las tareas rurales, pero éste no es el caso de García.

"Yo me crié en pleno centro de Merlo -comenta el protagonista-, nada que ver con el campo. Me relacioné con los caballos por medio de mi abuelo, Lucio Alonso, quien me enseñó todos los secretos de la doma."

La de domador, vale agregar ya mismo, es otra de las profesiones de este muchachito de 19 años, en cuyo presente también hay lugar para cursar estudios de veterinaria.

García llegó a Palermo por intermedio de un amigo que le comentó que podría trabajar allí como palafrenero. Se presentó a una prueba, mostró sus habilidades y lo contrataron. Al tiempo, como dato anecdótico, participó en un concurso de doma en el Rodeo, de Moreno, y se llevó el primer premio.

Aunque los caballos son parte importante en su vida, García nunca se había acercado al mundo de los SPC y ahora que descubrió el turf admite que le hubiera gustado ser jockey, " pero con mi metro setenta y cinco de estatura es imposible ", comenta entre risas.

Quienes no sepan de carreras quizá interpreten la presencia del palafrenero en la pista como algo decorativo, pero en realidad su labor conlleva responsabilidades y ciertos riesgos importantes.

"Cuando se escapa un caballo tenés que salir a atajarlo a toda velocidad y reaccionar en cuestión de segundos. Hay que arrancar más rápido para cerrarle el paso. Yo voy montado en un caballo de polo y tengo que perseguir a un pura sangre y la diferencia de velocidad se nota. Si no salgo antes, no lo agarro más", cuenta García.

El palafrenero adora a los caballos: "Me gusta desde un árabe hasta el que tira de un carro por la calle. Lo que yo siento es lo mismo que le pasa a la mayoría de mis amigos con el futbol".

Diego, fuera del hipódromo hace la vida de cualquier chico de su edad. Estudia, sale con amigos, le gusta más el folklore que el rock. Ahora encontró la combinación perfecta que le permite trabajar y al mismo tiempo dar rienda suelta a su pasión de cabalgar.

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