Fiesta de moda y belleza

San Isidro lució como en sus mejores tardes, dentro y fuera de la pista
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13 de diciembre de 2009  

Nunca es tarde para conocer el hipódromo de San Isidro, pero mejor si ayer fue la primera vez. Castillo del deporte de los reyes, donde se corre el Carlos Pellegrini. Paraíso del alma burrera. Ombligo del mundo hípico, cada diciembre, antes de Navidad. Lugar donde internarse para combatir el estrés o anticipar una luna de miel. Pasarela de la moda, de la vida, donde mostrar o hacerse ver. De pensar antes de ir qué me pongo o ponerse lo primero a mano para ir.

En el hipódromo de San Isidro, la gente juega a las carreras y San Isidro se juega por la gente. Como ayer, dándole una mano a Fundaleu para que pueda juntar fondos. Lo bien que hacen. San Isidro y Fundaleu, lógicamente.

El día del Pellegrini es el del arte, el de la belleza, el de la solidaridad. Cita de argentinos, uruguayos, chilenos, peruanos, brasileños. Hipódromo bilingüe, trilingüe. Se necesitó de un traductor del ingles, francés, italiano o turco al castellano. Tribuna de famosos o por conocer. A la mejor carrera de América del Sur la vieron más de 73.000 personas desde el hipódromo y un número inusitado la siguió por TV; su señal llegó en directo a otros hipódromos de la región, que tomaron apuestas, y corrió rápido en Internet, vía Facebook o YouTube.

Bruno Quintana, el presidente del Jockey Club, quería de este Pellegrini la fiesta inolvidable. Se logró.

  • La tarde en que el hipódromo quedó chico

    Un par de horas antes del Pellegrini el hipódromo cerró los portones de acceso para que no ingresaran más autos al predio, pues todas las playas de estacionamiento estaban saturadas de coches. Fue otra manera de medir la concurrencia.
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