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La dura etapa que suele sufrir una empresa, de cualquier índole, cuando pierde a un líder potente, respetado, influyente, parece no sentirse en La Quebrada. Por dentro, el haras y la caballeriza mantienen la impronta de Hernán Ceriani Cernadas, a un año y tres meses de su muerte. Y en eso mucho tiene que ver Hernán hijo, la cabeza ahora.
"El manejo siempre es igual. Innovamos y hacemos cambios amoldándonos o anticipándonos pero manteniendo una estructura", dice el heredero de un legado que comparte con su madre, María Inés Olaviaga, y Mane, su hermana.
-En 2007 La Quebrada ganó la estadística de haras y Southern Halo fue el padrillo y abuelo materno de mayor éxito, pero no resultó una gran temporada para los clásicos.
-Es cierto, pero lo valioso fue que, sin ganar, tuvimos muy buenos resultados clásicos, con mucha participación. En el año se ganaron 258 carreras, con varios productos vendidos. Fue importante.
La charla transcurre en los altos del stud de San Isidro, donde están las nuevas oficinas de La Quebrada. Allí donde trabajan Amelia y Livia, fieles colaboradoras desde hace cincuenta años, cuando muy jóvenes comenzaron con el fundador, el abuelo de Hernán.
"El secreto de La Quebrada está en la parte humana. Los que trabajan aquí son mis pares, no piensan en quedar bien con el jefe", afirma este abogado que no ejerce por imperio de una posición que lo absorbe por tiempo completo.
Para reafirmar la certeza de aquella realidad, Hernán sorprende -o no- con un frase que le surge con naturalidad: "Le agradezco al personal del haras porque me aceptó; el respeto no se hereda", y relata una circunstancia que no es casual: "El equipo de La Quebrada me vio nacer y se puso a mi disposición. Todo es conversado, se trata de consensuar; seguimos con la organización de siempre, con la preocupación por la genética y el objetivo de ganar carreras".
Habla de los profesionales, los veterinarios, y también de los empleados. Y habla de su padre. Será difícil olvidarlo. "Nunca me sentí solo después de la muerte de papá. El me dio todo, lo afectivo y lo material, pero lo que más le costaba era dar responsabilidades, delegar", recuerda Ceriani Cernadas.
Jacinto Herrera, el jinete de La Quebrada, es otra parte fundamental de ese equipo que se construyó con los años. También es el más expuesto, para el elogio y para la crítica. Ahora se escuchan más las últimas. "Mi padre lo tenía como a un hijo, por eso Jacinto sintió mucho su muerte. Sigo pensando que es el mejor, más allá de la amistad. Se asimiló a La Quebrada; si la persona tiene calidad nos llevamos bien. El jockey deber ser el único deportista que tiene que competir los 365 días, por eso se le puede y se le debe perdonar un mal día."
Una de las últimas apuestas de Hernán padre fue la alianza con Hill ´n Dale, una de las estaciones de montas de mayor prestigio en Kentucky. También aquí hay una continuidad de esa tarea: "El descubrió a Mutakddim y armó la sociedad con John Sikura. Ahora trajimos a El Corredor (Mr. Greeley); papá lo vio conmigo y nos gustó porque es fuerte, no muy compacto y se mueve muy bien. Queríamos seguir con la línea de Mr. Prospector [por Luhuk y Mutakddim] pensando en nuestras yeguas por Southern Halo. Insistí este año y se dio la posibilidad de traerlo".
Allí está la mano de Hernán Ceriani hijo, que por lo demás no tiene demasiado interés en diferenciarse del hombre que le indicó el camino. Y que puso a La Quebrada en lo más alto.
Hernán Ceriani sabe de la importancia de difundir lo que produce La Quebrada en el haras y en las pistas. De allí la estrategia que comenzó a desarrollar con una atractiva publicidad en la televisión del hipódromo de San Isidro y con un newsletter que se pondrá en marcha en breve, con información acerca de lo que sucede en la cabaña y que será un complemento de la página web: www.laquebrada.com.ar .




