Le Perseverant y Nicholas, el muleto y el candidato que dieron la talla

Un entrenador que sabe de grandes triunfos y otro que ganó su primer Grupo 1 tras 37 años forjaron a los vencedores del Unzué y el Anchorena
Gustavo S. González
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17 de diciembre de 2017  • 22:12

El hecho de ganar un Grupo 1 es en el turf una marca que define aquello de que “más difícil que estar en la cima es mantenerse”. No tienen piedad las carreras de caballos: si la conquista es producto de un día favorable, en el que los planetas se alinean, pronto se conocerá la verdad, en la carrera siguiente. Ese tramo les queda por recorrer a Nicholas, ganador del Gran Premio Joaquín de Anchorena (1600 m) y Le Perseverant, héroe del Félix de Álzaga Unzué (1000 m), los mejores actores de reparto en la tarde del Carlos Pellegrini , en San Isidro.

Claro que otra sentencia en ese momento dice “quién te quita lo bailado”. Y sí. Pero estos actores secundarios tienen dos entrenadores inobjetables. Enrique Martín Ferro es una presencia tan constante en los clásicos que no llama la atención, como tampoco el triunfo de un caballo que este año tuvo su bautismo clásico y venía quedando cerca de la gran conquista.

“A Nicholas lo elegí en el haras, lo dejé para domarse allí y el mismo domador me dijo que era el mejor potrillo que tenía”, cuenta Quique. El haras es El Doguito, en Las Flores, propiedad de Juan Mariano Villar Urquiza, hoy presidente de la comisión de carreras del Jockey Club, y su sobrino Juan Cruz Ramallo, que lo maneja. “Voy a El Doguito porque crían muy bien, muy natural –sigue el cuidador– y con pocas yeguas. Pero además soy amigo de los Villar Urquiza. Este año compré a Marvin Hagler (hijo de Equal Stripes, como Nicholas)”. El potrillo todavía no debutó, pero el poder del nombre ya impone respeto.

Veterinario, hijo del escribano Martín Ferro, de esos apasionados del turf que por nada se perdían de estar en su mesa de amigos en Palermo y San Isidro, tiene la tarea ardua de trabajar para la caballeriza Stud Nosotros, los dueños de Nicholas. ¿Y por qué ardua? “Son brasileños, viven en San Pablo. Los conocí por André Carrascosa, veterinario de La Providencia. Nunca tuvieron un perdedor. Les cuidé a Il Albergo, Vagabundo Inc, Cosquín Rock, Eze Catcher, Vivencial…” La confianza de los propietarios es uno de los tesoros que más valoran los profesionales. Quique lo sabe bien. Aquello de “el ojo del amo engorda el ganado” (si se perdona la licencia para usar frases populares aquí, que está cerca de ser un abuso) no cuenta en este caso.

Un gran premio para Aon

La victoria de Le Perseverant en la recta de San Isidro tiene mucho de avatar. Insoslayable: tres de los caballos más indicados para ganar fueron retirados. Uno fue Don Chullo, compañero de yunta del ganador. Entonces el muleto se hizo cargo del destino que parecía esperar al stud Juan Antonio, como le pasó al jockey, Gustavo Calvente, originalmente designado para montar a Don Chullo.

Por eso, en medio de la emoción que significa ganar el primer gran premio en más de treinta años de trayectoria, Gustavo Aon quiere mencionar un gesto: “Hay que destacar la caballerosidad de Damián Ramella. Hace 20 horas [decía el entrenador el sábado] él era el jockey de Le Perseverant”. Los propietarios decidieron que Calvente, que es su jinete y ha montado casi siempre al hijo de Emperor Richard, lo guiara en la carrera más importante. En menos de 56 segundos, el que como mucho había ganado un par de handicaps y venía de entrar quinto en el Gran Premio Maipú, en la arena de Palermo, dio la sorpresa en una pista que pisaba por primera vez en su vida.

“Es verdad que la carrera se hizo mucho más accesible con los retiros [a Don Chullo se sumaron Humor Ácido, en la semana, y Legión de Honor], pero a Le Perseverant lo anotamos convencidos, pese a que era su primera carrera en el pasto. Los propietarios me dan libertad para decidir”, asegura Gustavo.

Uno se tienta en preguntarle por qué ahora la gran victoria, después de tanta agua que pasó bajo el puente. “No sé, es el caballo y fue la carrera justa –admite sin creérsela–; con el que había estado más cerca fue con Le Park, segundo de El Garufa en el Gran Premio Palermo de 2015”.

En el turf no se trata de acumular experiencia y alcanzar resultados. Aon empezó a los 15 años y tiene 52. Pasaron 37 años desde que su padre, Roberto, apasionado pero no cuidador, le compró un caballo para que lo entrenara. “Es el autor de todo esto”, dijo Gustavo después del gran momento. Un nuevo agradecimiento, para cerrar el momento inolvidable.

Los seis triunfos de Grupo 1 que consiguió

Enrique Martín Ferro hace rápida memoria tras la celebración del Anchorena y dice “cinco”, sin mucha certeza, cuando se le pregunta cuántos triunfos de Grupo 1 tiene en su foja. “Son seis”, aporta más tarde. Con El Margot (dos veces el República Argentina) Legión de Honor (anteayer no corrió por un problema físico menor) y Catch the Cocktail, entre otros. Ayer, sin nada de resaca del éxito en la máxima carrera para milleros en el césped, el veterinario hizo un doblete en Palermo, uno de ellos con Chapel Seattle para el stud Trío, que era de su padre y él continúa, con otros colores. Y hablando de su título universitario, aclara que sus caballos no son sus pacientes: “Mi veterinario y mi consejero es Fernando Montero”, deja sentado.

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