Un buen nombre es el mejor tesoro

Julio Guimaraes
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25 de noviembre de 2013  

Gentildonna ganó por segunda vez en su vida la Japan Cup, una de las pruebas más caras del mundo y que podría integrar las del grand slam hípico, si existiera. Fue ayer, vitoreada por más de 90.000 personas en el hipódromo de Tokio. Logró el doblete batiendo por el hocico a Denim and Ruby, un año menor y también hija de Deep Impact, el padrillo que ganó la Japan Cup de 2006.

En Japón, ya mismo hay multitudes deseosas de verla correr contra Treve, heroína del Arco de Triunfo. Si el match se diera en Tokio, sería necesario agregarle al hipódromo otra tribuna de seis pisos como la que tiene o mucha gente se quedaría afuera.

En Twitter ayer se dijo que a Gentildonna habría que apodarla Pinocho . Tres veces en su campaña ganó un gran premio sólo por una nariz. Dos veces en la Japan Cup y una en el Shuka Sho. La diferencia entre ser primera y segunda en esas pruebas sumaba 3 millones de euros a favor o en contra. (Hago un paréntesis y me pregunto ¿por qué en buena parte del mundo hípico la diferencia más pequeña ante el espejo es de hocico y por aquí, de ventaja mínima?)

Antes de ser nombre protegido, la Argentina tuvo su propia Gentildonna, ganadora de una carrera en Palermo, dos noviembres atrás. Y, ya metidos en tema, acoto que el Acuerdo Internacional de Carreras, Crías y Apuestas, suscripto por nuestro país, en su artículo 14, referido al registro de nombres, dice "que no serán permitidos si son iguales al de una persona pública y no se cuenta con su autorización o su familia, o sean nombres de importancia comercial y no tengan la autorización adecuada".

A un ganador de la Polla de Potrillos debió cambiársele cuando viajó a Estados Unidos, a riesgo de pagar una multa.

A los hípicos del mundo les gusta bautizar a sus caballos rindiendo tributo a sus ídolos deportivos. Los hay Nadal, Del Potro, Nalbandian, Djokovic, Federer o Kuznetsova. El viernes pasado ganó una Nadia Comaneci en Palermo.

La lista de nombres protegidos, o sea los que ya ningún otro caballo podrá usar, asciende a 3038. Obviamente que está el de Yatasto. Desde este año, también lo serán los de las yeguas madres argentinas Vale Más, Merry Sweet y Esnaola, y el de la brasileña Griffe de Paris.

Todo el listado está disponible en la web de la Federación Internacional de Autoridades Hípicas, que desde hace veinte años preside Louis Romamet. Justamente, el dirigente francés se reunió la semana pasada con Bruno Quintana, apenas se enteró de que el ex presidente del Jockey Club estaba en Francia para asistir a un congreso. No trascendieron detalles de la entrevista.

Otro tema. Tres entrenadores que actúan en el norteamericano hipódromo Pen National fueron arrestados el viernes pasado acusados de intentar arreglar carreras de caballos administrándoles sustancias prohibidas. Son Patricia Rogers, Sam Webb y David Wells, quienes enfrentan penas máximas de 25 años de prisión y multas por 250.000 dólares, además de manchar sus nombres. Según cuentan los cables internacionales, el FBI los venía vigilando. Rogers y Webb fueron sorprendidos tratando de administrar drogas no identificadas, portando jeringas. Wells inyectaría en forma regular a los suyos. También está acusado un cronometrista del hipódromo, sospechado de tomar tiempos falsos, con lo que defraudaría al público apostador. Entre otras, una acusación dice que han violado las leyes consistentes en arreglar o intentar arreglar concursos. El tema de los tratamientos prohibidos en las carreras puede hundir al deporte. Por aquí se escuchó que un potrillo, ganador en la semana del Nacional, habría corrido con una medicación no autorizada y su entrenador estaría en capilla.

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