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Historias del deporte

Una bendición: el cura que apostó a ganador en turf y se llevó el premio mayor

Carlos Delfino
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1 de agosto de 2019  • 02:55

Las vidas de Héctor Robin Traverso Batto e Impérrito se cruzaron en 2011. Aquél es uno de los curas de la parroquia Stella Maris, en la localidad uruguaya de Carrasco, y en su niñez había quedado enamorado de los caballos de carrera cuando acompañó a un tío a Maroñas, el principal hipódromo charrúa. El otro era un potro sin experiencia que había sido comprado por un grupo numeroso (ocho socios y sus familias) y no se sabía cuál podía ser su potencial.

A Traverso Batto lo convencieron de asociarse. La muchachada que formaba parte de la caballeriza "Viernes Asado" tenía una consigna clara que se reflejaba en el nombre del stud y además sabía de la pasión que había quedado calada en el sacerdote desde aquella tarde de 1948, cuando las carreras le hicieron vivir una adrenalina especial. Héctor nunca olvidó aquel día, lo marcó para siempre. Disfrutó del turf con el paso del tiempo como espectador, en un país donde a la hípica se la observa sin prejuicios, como una industria. "Cuando ingresé en el seminario dejé de ir tan seguido, pero los 6 de enero no faltaba nunca, era un rito", confesó una tarde, poniendo énfasis en la fecha más importante para los uruguayos. Hasta que involucrarse con Impérrito le significó su primera experiencia como propietario, cumplidos los 71 años, aunque tuviera "media orejita", como le gustaba definir su participación.

El padre Robin, un día en las carreras
El padre Robin, un día en las carreras Crédito: Diario El País

Impérrito, hijo de un padrillo norteamericano (Robin des Pins) y una yegua brasileña (Jovem Rafaela) había nacido el 9 de septiembre de 2009 en el haras Don Alfredo. Pasaron casi tres años hasta verlo competir, en junio de 2012, y seis meses más para que comience a ser motivo de desvelo para Traverso. "Cuando sos propietario, lo que te importa es el caballo. Y si lo tenés con amigos es algo sensacional, porque esta actividad es maravillosa", decía al diario El País. La sociedad la integraban, además, un odontólogo, un contador, un jubilado y un distribuidor de alimentos, entre otros.

Segundo en el debut en 1400 metros, Impérrito desquitó en la carrera siguiente en la misma distancia, su primer éxito clásico se celebró en la sexta participación (2300m) y otro impacto más significativo lo alcanzó en diciembre, en el Comparación (G2-2400m). Así, llegaba al día de Reyes de 2013 como principal candidato para ganar el Gran Premio José Pedro Ramírez (G1), el Pellegrini uruguayo. La tarde en la que religiosamente se llena Maroñas cada 6 de enero, el caballo del cura era inevitablemente el que más miradas acaparaba. Y rindió culto a su favoritismo con un triunfo en la prueba que miles de propietarios sueñan ver en la pista a los colores de la chaquetilla que los representa. Pocos tienen el placer de ganarla. En el decálogo de los mandamientos hípicos, festejar en la primera oportunidad que se presenta es ganarse el cielo.

Pudo conseguirlo Traverso Batto, que afirma que le reza a Dios solamente para que no haya accidentes y nunca lo hizo para pedirle que ganara su caballo. Aquel domingo fue de traje. Por la noche, Impérrito pasó a ganar en mitad de la recta final, cuando la yegua argentina Malibu Queen comenzó a quedarse sin energías, y controló el avance de Troyano Plicck, escolta desde tres cuartos de cuerpo. Enseguida, la celebración y el agradecimiento. "La carrera se corrió en mi cabeza toda la semana", reveló Héctor, minutos después de consumada la victoria. Luego, se disculpó de la prensa que lo rodeaba y se fue a abrazar al primer caballo que tuvo. También, al jockey Fernando Olivera; a los San Martín, Aníbal y Sebastián, el equipo de entrenadores que estuvo una década atrás a cargo del crack Invasor por esas mismas tierras, y con quienes lo habían convencido de compartir la propiedad. Y se fue a Piriápolis, para disfrutar sus vacaciones.

El mejor triunfo de Impérrito

La aventura con Impérrito se prolongó por otros dos años, hasta enero de 2015, cuando el caballo fracasó en su intento por repetir su mejor obra, un año después de haber pasado por el quirófano para una operación de garganta. Entonces, fue retirado del entrenamiento, tras obtener 11 primeros puestos en 21 carreras, todas en el principal hipódromo uruguayo, y ganancias en premios por 10,5 millones de pesos (unos 470.000 dólares según el cambio de la época). Inicialmente destinado para padrillo de endurance, las carreras de resistencia, en 2017 volvió al turf para servir 15 yeguas en dos temporadas en el haras La Jolla, donde el primer año nacieron tres crías, de otras cuatro no hay registros oficiales y actualmente hay ocho en camino. Solo podrán correr esos hijos desde 2021.

A Traverso Batto no se lo ha visto nuevamente tan involucrado con algún caballo por más que algunos amigos de la Parroquia lo tentaron más de una vez, antes y después de que Impérrito apareciera en su vida. "Siempre había querido tener alguno, pero nunca podía por razones económicas. Hasta que un amigo, Ignacio Vilaseca, me invitó a entrar con «una orejita» y como estaba dentro de mis posibilidades le dije que sí", explicó. Nacho, dueño original de Impérrito, tenía ventajas desde lo cotidiano: su mujer, Marga, es habitué de la parroquia hace décadas y su hijo mayor, Iñaki, recibió el sermón de Héctor cuando se casó. "¡Largaron!", exclamó el cura al micrófono al oficiar aquella unión, mientras los concurrentes a la iglesia estallaban en risas.

Había una afinidad, el conocimiento de tantas tardes compartidas en la chacra de José Ignacio de los Vilaseca. Allí donde el día de la renuncia de Benedicto XVI, Héctor pronosticó que Jorge Bergoglio sería el elegido para tomar la posta. Nadie a su alrededor le dio crédito a "su" candidato. La anécdota sale de boca de uno de los que le puso el oído a la prédica en aquella reunión y días más tarde lo felicitó por el acierto. Y le recordó con una sonrisa lo poco que veían posible que eso sucediera.

En Roma, en una de las visitas del padre Robin al Papa Francisco
En Roma, en una de las visitas del padre Robin al Papa Francisco Crédito: @RobinTraverso

"Yo había sido hincha de un caballo criado por Ignacio con nombre de vino: Malbec", reconoce el sacerdote. Malbec no ganó ninguna de sus cuatro carreras en 2011 y fue retirado. Ese mismo año, Vilaseca lo invitó a ir a una subasta en el hipódromo en el que estaban incluidos tres potros suyos. "Cuando se bajó el martillo por Impérrito, el padre Robin -así le dice- se levantó inmediatamente para irse porque tenía que ir a dar misa. Antes de llegar al auto, como lo había comprado un grupo de amigos, le dije que se animara a sumarse a ellos y aceptó tener un 5%", recrea. Y asegura: "Tras los éxitos con Impérrito, se hizo pública esta pasión que ya conocíamos algunos y varios parroquianos comenzaron a ofrecerle partes de otros caballos".

Ahora, una mujer que es habitué de la parroquia Stella Maris intenta que a los 80 años Héctor vuelva a probar su buena suerte en el mundo de las carreras: le regaló un porcentaje de un potrillo que ella misma compró en un remate en el haras Cuatro Piedras en junio pasado, y podrá competir solo desde el año próximo. En Maroñas ya los esperan.

Una noche mágica: la entrega de premios del GP Ramírez (G1) de 2013
Una noche mágica: la entrega de premios del GP Ramírez (G1) de 2013 Crédito: Equipo Estevez

Fotos: Gentileza Equipo Estevez.

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