Un fervor en declive

(0)
30 de marzo de 2000  

SAN PABLO.- El movimiento de los paulistas antes de una presentación importante de su selección nacional no se diferencia demasiado del que se ve en nuestro país. Hay que juntarse en algún lugar para generar, aunque a pequeña escala, un clima similar al de un estadio de fútbol. Hay que hacer todo como si se estuviera en el la altura de Bogotá. Entre todos los puntos de reunión para el ritual, el más atrayente parece ser Villa Sports, ubicado en el corazón del barrio Vila Nova Conceicao, un bar en el que se respira deporte, y cuyo propietario es el comentarista de la red Bandeirantes Luciano do Villa. No es casual, entonces, que cuando su robusta figura aparece en las cuatro pantallas gigantes que dominan el ambiente, para hacer el comentario previo al partido, el volumen suba hasta aturdir. Después, con Brasil y Colombia midiendo fuerzas, el sonido vuelve a la normalidad.

Tal vez por las importantes ausencias, con Rivaldo primero en el ranking de las más lamentadas, o por los pronósticos reservados de los diarios de San Pablo, no hay demasiada euforia. "El team está desarmado y encima jugamos en la altura", arriesga Fabio, un fanático de Corinthians, que repetirá el mismo grito cada vez que Freddy Rincón toque la pelota: "Mercenario"; una secuela de la partida del colombiano del equipo más popular de San Pablo para jugar en Santos.

De a poco Brasil se asienta en el campo y los pronósticos pasan a ser optimistas. Comienza a funcionar el termómetro de la popularidad: gritos casi histéricos ante los misiles de Roberto Carlos o el ingreso de Ronaldinho; indiferencia con Jardel, y claro desprecio ante las intervenciones del lateral Evanilson. Para Dida, una de cal y otra de arena: aplausos cuando interviene, pero "tiene que salir más rápido".

El tibio desarrollo aplaca los pocos ánimos fervorosos y comienza a verse en un rincón una tímida banderita, entre diez ocupantes de una mesa. Es amarilla, roja y azul. Es colombiana. Se espera en vano una reacción contra la aparición de la torcida rival. "Si fueran argentinos sería diferente", dice Fabio, antes de gritar su enésimo "Mercenario".

El partido va hacia un 0 a 0 sin remedio. A tres minutos del final, una aproximación brasileña que queda en las manos seguras de Oscar Córdoba, dispara una apresurada retirada. Hay que evitar la cola que se forma en la puerta para esperar a los chicos que estacionan los autos. Nada parece más importante a esta hora; el crédito para el equipo de Luxemburgo se acabó, al menos por esa noche.

Con el ambiente despejado, los diez colombianos se animan a hacer flamear una bandera más grande. Intuyen que el empate fue un buen negocio para su equipo, y se nota en sus sonrisas.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?