Un historial rico como no existen demasiados

El Gran Premio de la República Argentina tiene un lugar de privilegio en la memoria de la Fórmula 1.
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12 de abril de 1998  

La historia particular del Gran Premio de la Argentina tiene de todo. Lo que muy pocos. Desde la paradoja de su arranque, cuando el coche que lo gana, oficialmente no era propiamente de Fórmula 1 (Alberto Ascari conducía la Ferrari 500, un dos litros F2 al que se había tenido que apelar porque Maserati atravesaba un cono de sombra económico u para acompañar, únicamente quedaban coches Cooper o Gordini, que corrían como podían) hasta la primera victoria en el mundo de una máquina con el motor atrás.

Esto, cuando en 1958, Stirling Moss, a favor de la desinteligencia estratégica de Ferrari y Maserati, en una convocatoria escuálida , que apenas conseguía reunir diez máquinas. Sin llegar a completar tres líneas de lanzamiento.

Y si se quiere agrupar recuerdos está el temporal que sacudía a los participantes de 1954, cuando los últimos espectadores, mojados hasta los huesos, afónicos de entusiasmada ronquera para gritar el triunfo de Fangio, abandonaban el autódromo después de la medianoche, cuando había nacido el lunes del 18 de enero.

De la cima al abismo Los que disfrutaron la fórmula de los años "70 no dejarán de recordar el soberbio triunfo de Emerson Fittipaldi en 19973, cuando toda la inteligencia infernal de Jackie Stewart y Francois Cevert, trabajando en compañía de uno de los Tyrrell más ricos presentados alguna vez por el legendario leñador, no alcanzaba para contener a un hombre que como el brasileño, demostraba que era posible correr desde atrás hacia adelante, balanceando progresivamente sus posibilidades y las ajenas. Fittipaldi doblaba primero al joven Cevert. Y lejos de la violación, se atrevía con Stewart. Y como aquel día Reutemann no tenía al caucho como aliado, toda la gente se volcaba hacia Fittipaldi subiéndose en el negro Lotus.

Reutemann. Un año después, a tres vueltas del final, aquel Gran Premio entraba en una zona de silencio conmovido. Como pocas veces, aquel silencio ensordecía al mundo especial de la Formula 1. El error en la carga de combustible impidiendo la victoria de quien había hecho todo para ganar.

Historia por historia, no hay nada igual. Cuando en el mundo se tiende en un círculo deportivo el repaso de la historia automovilística argentina asombra.

Como en el infierno ¿Qué gran Premio más rico? Es bastante probable que el de 1955 haya sido para los hombres, el más sacrificado. Lo ganaría Juan Manuel Fangio con la W196 de Mercedes. La flecha de plata.

En la tribuna central, a la sombra, había 36 grados. en la pista, 52. Adentro de los coches, 70. Insolado, se desplomaba José Froilán González. A Farina había que rescatarlo de su máquina.En las tribunas, aquel infierno era compartido por la gente. Hasta Striling Moss y Maurice Trintignant iban a recuperar el conocimiento pleno cuando la carrera había entrado en la historia. Y Fangio, ganador, era casi un guiñapo apoyado en la pared de un garaje, al que sumiso apantallaba el coloso Alfred Neubauer...

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