Un mal momento

Alterado como nunca se lo vio y en una extensa charla de 3h22m, Marcelo Bielsa habló de su situación al frente del seleccionado argentino
Cristian Grosso
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20 de mayo de 2003  

Con la puntualidad habitual que es uno de sus sellos distintivos, Marcelo Bielsa comenzó la conferencia de prensa a las 13.15. Terminó a las 16.37. En el medio hubo encendidas discusiones que descubrieron la rebeldía de un hombre tocado. Que muchas veces se siente maltratado. Apareció el Bielsa de entrecasa. El que se acelera y apasiona. El que no está dispuesto a ceder ni un principio pese a la debilidad a la que lo arrojó la frustración del Mundial. El que fue capaz de tomarse cuatro botellas de agua de medio litro cada una. El que se enojó y sonrió. Al que en un instante se le escapó un tuteo y dos exabruptos que jamás se hubiesen filtrado en su cuidado vocabulario sino fuera porque estaba azuzado.

Respondió los ataques y siempre ofreció argumentos. Porque se puede coincidir o no con él, pero jamás se involucra en una discusión sin ofrecer sustentos. Y si uno de los reclamos que escuchó fue el trato poco fluido con el periodismo, él acercó una visión que no se aleja de la realidad: habitualmente, en la primera mitad de las conferencias de prensa se tratan temas periféricos. "Temas rosas o del espectáculo", como se le ocurrió describirlos a Bielsa. Pero en la segunda mitad, cuando se imponen los temas conceptuales y de juego, un alto porcentaje de la asistencia ya se ha retirado. Esto es real y vuelve contradictorio el pedido de mayor acercamiento. Nobleza obliga. Su tono fue alto. En algún momento hizo equilibrio para no parecer mal educado. Para conservar el control. Hasta ahí no tendría que haber llegado.

Moralmente se mostró inflexible. Por primera vez se permitió recordar que como conductor, en el predio de Ezeiza nunca hubo empresarios ni negocios de ningún tipo. "Si el precio para armonizar con los intereses de los demás es que yo tengo que hacer diferenciaciones, no las voy a hacer, por ninguna situación. ¿Por qué no discutimos eso, si está bien o está mal que atienda a todos por igual? Y si esta mal, díganlo, está mal. Porque hay gente que piensa que está mal, lo que pasa es que no puede sostenerlo. ¿Cómo se defiende aquel que dice que una FM de Salta merece un trato inferior al del medio más poderoso de la Capital?", señaló. Está herido. Pero sus convicciones permanecen intactas.

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