Un nuevo presidente para un sistema sospechado

Osvaldo Príncipi
Osvaldo Príncipi PARA LA NACION
Fuente: Télam
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4 de abril de 2019  • 23:59

Bajo la nueva conducción, el boxeo seguirá en los Juegos Olímpicos

La designación del rumano Mohamed Moustahsane, un médico de 40 años, como presidente de la Asociación Internacional de Boxeo Amateur (AIBA) -el organismo rector de las principales competencias del pugilismo aficionado- destrabó una compleja situación política y ejecutiva con el Comité Olímpico Internacional (COI), que puso en duda la participación de este deporte en los próximos Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Este tipo de litigio fue agitado por la asunción del uzbeco Gafur Rakhimov como presidente de AIBA el 4 de noviembre último. Rakhimov es parte de una investigación del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos por proporcionar apoyo material a una organización criminal. AIBA desoyó al COI al pedir éste la exclusión de su cargo.

El 22 de mayo próximo, en la sede de la AIBA en Suiza, se darán a conocer las modificaciones organizativas del pugilismo en Tokio 2020. Se prevé que se adosará una Junta de Observación, dependiente del COI, para fiscalizar tal certamen. El ucraniano Wladimir Klitscko, ex campeón mundial pesado, formaría parte del mismo y algunos asesores de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) lo respaldarían. Pero por ahora, es sólo un rumor.

Si bien las advertencias hacia la AIBA fueron bajo los cargos de "Desgobierno y finanzas", el faltante de 14 millones de dólares de sus arcas fue uno de los factores que condicionó, en algún momento, el futuro de esta disciplina en el olimpismo. Gafur propuso hacerse cargo de esa deuda. Por eso, gran parte de la dirigencia de la AIBA aprobó sus proyectos.

Rakhimov asumió tras la destitución del taiwanés Chug Kuo Wu, expulsado e indicado como responsable del descalabro económico de la institución. Paradójicamente, Wu aseguró en 2017 a la nacion durante la Convención de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) en Medellín, Colombia, que todo el desequilibrio de la AIBA comenzó en los Juegos de Río de Janeiro 2016 y obedeció a la corrupción que ejercieron sus jueces durante esa competencia. Fueron separados y excluidos de sus funciones, aunque nunca se hizo público sus identidades.

Extrañamente, Wu sigue siendo miembro del COI y allegado a su presidente, el alemán Thomas Bach, quien jamás dio una explicación pública.

El desprestigio de la AIBA aumentó considerablemente a partir de los Juegos de Seúl 1988. Y en la última década sus experimentaciones en el ámbito profesional resultaron horrorosas. Sobre todo en Argentina, donde postergaron y sacaron del camino a una veintena de jóvenes prometedores.

¿Volverán a inmiscuirse profesionales con aficionados en los Juegos Olímpicos venideros? Nadie vaticina al respecto.

La Federación Rusa de Boxeo ofreció saldar el déficit de 14 millones de dólares a cambio de inmiscuirse en futuros eventos de la AIBA. Pero no prosperó. Directivos cercanos a Vladimir Putin, el presidente de la República, agitaron esa maniobra. La atmósfera que rodea el olimpismo es llamativa.

Es un alivio para los boxeadores amateurs saber, de una vez por todas, que ascenderán a cuadriláteros japoneses en 2020, sin interrumpir la continuidad que desde Saint Louis 1904 mantiene esta disciplina. Y lo es sobre todo para los argentinos, que concentrados en Managua, Nicaragua, comenzaron ayer las pruebas clasificatorias para los Panamericanos de Lima 2019. Allí, el entrerriano Brian Arregui, medalla de oro en los Juegos de la Juventud de Buenos Aires 2018, deberá batirse entre 22 aspirantes para poder llegar a Perú e ir "calentando" el ambiente para Tokio. Un escenario que parecía diluirse del horizonte de cientos de pibes que alguna vez soñaron con la medalla dorada, el podio y el himno nacional.

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