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Una etapa decisiva del tratamiento

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30 de marzo de 2000  

LA HABANA (De un enviado especial).- Hoy por hoy, el proceso de rehabilitación de Diego Maradona está cerrando una etapa y se llegó a un punto decisivo de su continuidad: el tema es cómo y dónde. Puede ser aquí, en Las Praderas, lo más probable) o en otro centro cubano. Hasta se especuló con la posibilidad de regresar a Buenos Aires.

Para los especialistas cubanos, liderados por el doctor Pedro Llerena, director de Las Praderas, la evolución del ex jugador desde que llegó, el martes 18 de enero, y durante el primer mes de trabajo, fue asombrosa. "Es que está muy bien, comparado con cómo había llegado", dijo, al pasar, volviendo de una visita a Diego.

El corazón, que por poco se parecía a una pelota de fútbol, vaya comparación, se había desinflamado de tal manera que de aquel ínfimo 28% útil con que partió de Buenos Aires, rápido alcanzó casi un 50% de su funcionamiento normal.

Diferencias con otras de sus tantas resurrecciones había y muchas: para empezar, adelgazar hasta verse más flaco que en los Cebollitas no era prioritario; para seguir, alrededor suyo un ejército de especialistas lo controlaban todo el tiempo y, lo que suena increíble, no se dejaban fotografiar ni hablaban de cosas íntimas del paciente con la prensa; para terminar, lo acompañaba un numeroso grupo familiar, que fue limitándose hasta quedar con los íntimos.

El tratamiento y el estado del paciente entró en una esperable y lógica meseta. A nadie sorprendió que el corazón no hubiera recuperado un porcentaje mayor de su funcionamiento, aunque ese tema a Diego lo enojó, y bastante. Deseoso de resultados positivos y urgentes, el empate -por usar una metáfora futbolera- en los últimos estudios fue un golpe abajoÉ Ya querría estar corriendo y no trotando, ya desearía un partido de fútbol jugado con todo y no un picadito en cancha de cinco.

Ese estado de ánimo es el que puede decidir el futuro de su labor de rehabilitación; eso, y que Fidel Castro encuentre cinco minutos en su ajetreada agenda -ocupado absolutamente por el caso del niño balsero Elián González, a punto de ser repatriado- y visite a su amigo para preguntarle cómo anda, para decirle que lo ve mejor y que Cuba tiene, todavía, mucha ayuda para darle. Por lo pronto, cada 48 horas recibe información de cómo va todo... Y él pretende que vaya bien.

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