Una farsa mundial

Los dos goles mal anulados a España confirmaron un tema que eclipsa a lo futbolístico: los pésimos arbitrajes
Los dos goles mal anulados a España confirmaron un tema que eclipsa a lo futbolístico: los pésimos arbitrajes
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22 de junio de 2002  • 10:26

GWANGJU (De nuestros enviados especiales).– ¡Cómo habrá sonado ese raro nombre en boca de los españoles! Gamal Ghandour, de Egipto, es el árbitro que escribió otra página de escándalo en la Copa del Mundo. Contador de profesión, el africano olvidó asentar dos goles legítimos en el haber de España, con la desafortunada colaboración de sus asistentes, Ali Tomusange (Uganda) y Michael Ragoonadh (Trinidad y Tobago).

La lupa de la tecnología es impiadosa. Ahora, el crisol de cámaras hace transpirar a los árbitros, cuyos desaciertos son captados desde todos los ángulos posibles. Este de Corea y Japón significaba, en ese sentido, el Mundial en el que la sofisticación iba a estar en su punto más alto. Sin embargo, la pésima labor de quienes deben impartir justicia parece no tener freno y hoy se cobró una nueva víctima.

España sufrió dos golpes claramente escandalosos: primero, al comienzo del segundo tiempo, un centro al área, saltaron varios –entre ellos Baraja y Morientes– y el cabezazo de Tae Young Kim viajó al fondo de su propia red. Pero el árbitro dijo que todo estaba invalidado y aún el mundo se pregunta qué fue lo que cobró. Después, en el suplementario, un desborde de Joaquín, centro atrás y cabezazo de Morientes que se transforma en gol. Otra vez el gesto negativo del referí. ¿Qué pasó? El asistente Ragoonadh juzgó que Joaquín tiró el centro cuando la pelota había superado la línea de fondo. Inexacto otra vez Ghandour, este referí que ya había dirigido en la victoria España ante Paraguay (3-1) y que tiene antecedentes mundialistas: arbitró tres partidos en Francia 98.

Para el colmo de los españoles, en la definición por penales, en el remate que Woon Jae Lee le atajó a Joaquín y que les dio la victoria a los coreanos, el arquero se adelantó antirreglamentariamente por lo menos tres pasos. Fue evidente, pero el destino ya estaba teñido por el bochorno.

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