Una fiera que nunca resigna su identidad: Uruguay

En un nuevo capítulo épico, eliminó a Italia, pasó a los octavos y ante Colombia volverá al Maracaná, donde agigantó su estirpe
Claudio Mauri
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25 de junio de 2014  

NATAL.– Un poco con el hombro, un poco con la espalda, Diego Godín y Uruguay fueron a la carga con todo el cuerpo a buscar esa pelota con las mismas ansias que persiguen todas las demás. El zaguero, que hace poco hizo el gol de la Liga de España para el Atlético de Madrid al imponerse con un cabezazo en las alturas del Camp Nou, ayer le dio la clasificación a Uruguay a los octavos de final al impactar de forma poco ortodoxa, casi de espaldas y encorvado en medio de una montonera, el córner del elegante zurdo Ramírez. ¡Pero desde cuando Uruguay se ajustó a la ortodoxia en el fútbol! Si justamente su misión histórica es desafiar lo establecido, ir más allá de lo que le pronostican, hacer realidad lo que parece imposible. Combatir con grandeza cada vez que se lo señala en inferioridad.

Basta que lo den por muerto para que se revuelva como una fiera. Uruguay siempre fue así y no se aleja un milímetro de esa identidad. Se transmite de generación en generación. Siempre se marca a su escasa población (3.300.000 habitantes) como condicionante para estar a la altura de rivales que incluso son potencia como países. Pero quizá en esa baja densidad demográfica esté el secreto para que no se disperse ni se contamine de factores externos la transmisión de un mensaje, de una cultura, de una manera de sentir el fútbol. Uruguay parece decir: somos pocos, sí, pero suficientes y convencidos para tener a los 11 (titulares), los 14 (tres cambios) y los 23 (el plantel) que hacen falta. Ese espíritu tribal posibilitó otra fecha histórica para el fútbol charrúa. En el caldoso clima de Natal, sudó como de costumbre para que una de las tribunas del estadio Das Dunas fuera una pequeña réplica del Centenario, con miles de hinchas cantando a pecho inflado: "¡Volveremos, volveremos// volveremos otra vez // a ser campeones, como la primera vez".

Era una final, justo la clase de partido que más le cuadra a Uruguay, mucho más que un debut (Costa Rica) que parecía para sumar y lo terminó poniendo entre la espada y la pared. Hacía 44 años que Uruguay no le ganaba a un equipo europeo por los mundiales. Y en cinco días dobló la resistencia de dos campeones del mundo (Inglaterra e Italia), que ya están haciendo las valijas. Porque la manera de imponerse es ésa: quiebra, somete, empuja, aporrea. Sin baile. Acorrala. Ya lo dijo Godin, la figura no sólo por el gol, sino porque como uno de los zagueros de la línea de tres cortó y rechazó toda la pelota que le quedó cerca: "Uruguay parece que no sabe ganar si no es de forma épica. Estamos acostumbrados a sufrir". Y si de arrojo se trata, allá fue Godín, a posicionarse de N° 9, cuando estaba a 15 minutos de tomarse el avión a Montevideo. Cinco minutos más tarde, Godín hizo el gol sin saber con qué le había pegado a la pelota. Muchas veces no se sabe cómo la hace Uruguay, pero lo hace.

En un Mundial en el que se cierran algunos ciclos (el de España con varios jugadores; el de Italia con el DT Prandelli y los históricos Pirlo y Buffon), el del Maestro Tabárez sigue vigente, transmite signos vitales a ocho años de haber comenzado, con 15 de los 23 jugadores que fueron cuartos en el Mundial 2010, una base que al año siguiente conquistó la Copa América en la Argentina. Se nota que el plantel sigue la palabra autorizada del Maestro, que ayer cambió el planteo (un 3-4-1-2 para contrarrestar el mediocampo rival) y sus muchachos respondieron con un compromiso absoluto.

Uruguay presume de una humildad comprobada, pero varias de sus individualidades son consagradas en Europa o supieron de momentos de gloria. Y de ahí a que haya un conflicto por ego o vanidades suele mediar un paso. Diego Forlán es un caso. Fue goleador y mejor futbolista en Sudáfrica. Tocó el cielo con las manos. Aquí jugó en el debut porque no estaba a punto Luis Suárez. Su actualidad se corresponde más con el fútbol japonés (actúa en Cerezo Osaka) que con la exigencia de un Mundial. Sin lugar entre los titulares desde la vuelta de Suárez, Forlán alienta y hace grupo. Los que no juegan tiran del carro como los que se llevan los flashes. Así va para adelante Uruguay.

Tabárez camina con las rodillas vencidas hacia adentro. El peso de los años y las responsabilidades. En la conferencia de prensa, su rostro mostraba tanto cansancio como el de sus jugadores. Su hablar con la boca ladeada es una seña de identidad. Su discurso no es emotivo, tiene la dureza del fútbol uruguayo. A veces hace alguna concesión, como cuando tiene que explicar qué sintió con el gol: "Le confieso que fue como si me explotara el pecho".

Sobreviviente en el Grupo de la Muerte, tiene cita el sábado en un lugar emblemático. ¿O acaso alguien imaginó que el heroico Uruguay se iba a ir del Mundial sin pisar el Maracaná?

Godín selló la clasificación ante el retraso del equipo azzurro

NATAL (De un enviado especial).- Fue una batalla. Quedaron 39 foules, uno de ellos determinante: la expulsión de Marchisio por una fuerte entrada a Arévalo Ríos. Roja directa. Iban 13 minutos del segundo tiempo y lo que era un partido relativamente parejo, con un empate que le daba la clasificación a Italia, dejó de serlo. Uruguay aumentó la presión y la intensidad e Italia se metió cada vez más atrás. Sobraban los dedos de una mano para contar las situaciones de gol. El empuje charrúa, refrescado con el buen toque de Ramírez, se hizo más insostenible para Italia. Godín ya estaba de N° 9 para reforzar la carga aérea. Y fue el zaguero del Atlético de Madrid el que entró como un toro para conectar el córner de la victoria y la clasificación. Italia ya no tenía fuerzas ni ideas para la reacción.

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