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URUGUAY

La Celeste y una victoria con sufrimiento.
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30 de marzo de 2000  

MONTEVIDEO.- Despegó el renovado sueño uruguayo. Despegó, atado a esa ilusión, el nuevo desafío de Daniel Passarella. Con baches, con problemas a los que habrá que buscarles solución y con una imagen final de angustia que no distó mucho de lo visto tantas veces, pero con el impulso del fervor de un pueblo que quiere olvidar viejas frustraciones. Un estadio Centenario colmado, impactante en el aliento, vio cómo la Celeste comenzó a recorrer el largo camino hacia el Mundial de 2002 con un triunfo por 1 a 0 sobre Bolivia.

Montevideo respiró fútbol desde varias horas antes de que la pelota echara a rodar. Fue ese empujón anímico, acaso, una de las armas fundamentales para que el primer paso de los locales se coronara con éxito.

Nada distinto de lo previsto se vio en el comienzo; Uruguay, decidido a ahogar a los bolivianos a pura presión, salió a devorarse el partido. Con Alvaro Recoba como carta fuerte, generando espacios con su habilidad y asustando con su pegada, y el esfuerzo de Pablo García, la figura en el recuento. A Bolivia, asediado, no le quedaba más que resignarse a aguantar.

Pero el toque que intentó Uruguay, con O´Neil como iniciador, no era tan efectivo como los centros que hacían dudar a la defensa boliviana. Hubo un lapso de diez minutos en que Cristaldo y Platini Sánchez guardaron la pelota para los visitantes y germinó la impaciencia; Passarella dejó su quietud y comenzó a repartir indicaciones.

Llegó ese zurdazo de Pablo García después del notable esfuerzo de O´Neil por ganar la pelota y el 1 a 0 tranquilizó. Aunque no cambiaron demasiado las cosas, claro. Recoba quiso enchufarse más, pero costaba trasponer esa muralla de defensores de camiseta verde.

Y después reaparecieron los fantasmas. Un segundo tiempo que por momentos angustió y en el que por poco no se les arruinó la noche a los 55.000 uruguayos presentes. Sólo la impericia para aprovechar sus oportunidades privó a los bolivianos del empate, como en esos dos centros cruzados de Roger Suárez y Sánchez que sobre el final hicieron detener la respiración en las tribunas.

Uruguay hizo sólo lo necesario para justificar el 1 a 0, pero mereció el triunfo. Quedó claro que Passarella, que durante todo ese segundo tiempo de sufrimiento no se pudo sentar ni un segundo, hasta ahora no consiguió cambiarle la cara al equipo. Por eso la gente se retiró sin reproches, pero en silencio. Con el crédito y la ilusión abiertas, pero esperando más.

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