Uruguay se despidió con un aire melancólico

Los charrúas, aún afectados por la pérdida de Suárez, fueron un alma en pena, sin alguien que llevase al equipo hacia adelante
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29 de junio de 2014  

RÍO DE JANEIRO (De un enviado especial).- Para lo bueno y lo malo, este Mundial será recordado por Uruguay a través de Luis Suárez. No hay mirada que se sustraiga del delantero. Por lo futbolístico y lo disciplinario. Ayer, Uruguay se despidió del estadio de la gesta de 1950 con un aire melancólico por la ausencia del atacante del Liverpool, que es su goleador histórico (41 tantos en 79 partidos). Cuando contó con él, ante Inglaterra (dos goles) e Italia, el seleccionado charrúa salió triunfador. Cuando quedó fuera de la formación (ante Costa Rica, porque se recuperaba de una operación de meniscos, y contra Colombia, por la dura suspensión que le aplicó la FIFA), Uruguay fue un alma en pena, sin alguien que estirase al equipo hacia arriba.

Fue evidente que Uruguay enfrentó ayer a Colombia sin haber hecho el duelo por las consecuencias que le trajo la dentellada de Suárez a Chiellini. Continuó con los rituales y las ofrendas al compañero desterrado. Antes del encuentro, la Asociación Uruguaya difundió la foto del vestuario con toda la indumentaria y los botines acomodados del N° 9, como si fuera a jugar en vez de estar en su casa de Montevideo. Los hinchas quisieron evocarlo llevando máscaras con su imagen, intento que la FIFA impidió en otro exceso de autoridad. Lo que no pudo prohibir fue que en las tribunas se cantara por el goleador nacido en Salto. La FIFA debería replantearse seriamente su procedimiento con Suárez. Al sancionarlo desmesuradamente (9 partidos y cuatro meses alejado de toda actividad), en lugar de tratarlo como a un culpable (nadie dudaba de que merecía una pena) lo convirtió en una víctima, con la cual se solidarizó todo un país, desde el presidente Mujica hasta el último botija. Y así, Suárez sigue sin asumir su responsabilidad por un acto inadmisible, que lo perjudicó a él y a su seleccionado.

El "vamos que vamos" con que Tabárez cerró su conferencia del día anterior al partido no se tradujo en un impulso dentro de la cancha. Más allá de la reacción en los últimos 25 minutos, Uruguay estuvo lejos de darle validez a esa teoría de que cuando peor está, más peligroso es, como lo demostró tantas veces. No fue el caso de ayer. No pudo sacar fuerza de flaquezas. Futbolísticamente no se lleva mucho del Mundial. Lo mejor, la promoción de José Gimenez (19 años), con quien tiene zaguero para rato. Seguramente llegó el tiempo para que empiecen a despedirse Lugano y Forlán. La historia sigue mostrando que la única victoria de Uruguay en 11 partidos en el Maracaná fue la de 1950. Como para dar por cierto que aquello fue un milagro único en la vida.

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