Verón encontró la luz en la semana que más lo precisaba

Cuando se dudaba de su titularidad como enganche, despejó las dudas y fue el estratega que se necesitaba.
Cuando se dudaba de su titularidad como enganche, despejó las dudas y fue el estratega que se necesitaba.
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31 de marzo de 2000  

Allá por enero de 1997, la tercera negativa de Fernando Redondo sacudía una vez más el ambiente del seleccionado argentino, en aquel tiempo conducido por Daniel Passarella. Durante aquellos días, Julio Grondona, presidente de la AFA, reconocía que "el no" del volante del Real Madrid se veía venir. Diego Simeone declaraba que él jamás renunciaría a la camiseta celeste y blanca. "Como no vamos a jugar con diez... Juan Sebastián Verón es el nuevo convocado en el seleccionado", decía Passarella, quien hasta esos días, después de darle dos oportunidades, no tenía a Verón entre sus jugadores base. Mientras el tema Redondo era el centro de la escena, Verón, en silencio, buscaba la titularidad.

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Cualquier similitud con lo sucedido en la primera convocatoria de Marcelo Bielsa de las eliminatorias se debe exclusivamente a sus protagonistas. Tres años después, los hechos se repiten. Claro que este caso Juan Sebastián Verón, de 25 años, no ingresa por Redondo, pero sí habrá que decir que el partido con Chile se presentaba como clave para el ex jugador de Estudiantes y de Boca.

Más allá de que Bielsa nunca dudó de él, la intranquilidad por su bajo rendimiento era perceptible en el cuerpo técnico. A tal punto que si no levantaba su rendimiento, su titularidad como enganche de la Argentina corría riesgos. Diez puntos jugó Verón, que asistió, corrió, marcó y anotó dos goles, todo en una noche inolvidable. Fue el eje solidario que pretende el técnico, el estratego que cambió los frentes de un equipo iluminado con su pegada. Y de esta manera sigue con el crédito abierto para ser la manija del equipo argentino. La misma incertidumbre vivió hasta el sábado último en Lazio, su club, donde no atraviesa por un momento auspicioso. Pero el gol de la victoria en el clásico ante Roma le permitió esquivar las críticas. Entonces es lícito pensar que le puso luz a una semana que, de antemano, se vislumbraba bastante sombría.

Sigue en silencio. Verón mantiene la posición de no hablar con la prensa. La despedida en Ezeiza es prueba de ello y una medida de que despertó, al menos ayer, una reacción en la gente sólo comparable con Gabriel Batistuta. Apenas pisó el aeropuerto acompañado por su familia comenzaron los aplausos.

De los 29 partidos que jugó en el seleccionado marcó 4 goles y de acuerdo a los puntos otorgados por La Nación jugó 13 veces por encima de los 7 puntos. De la noche a la mañana muchas cosas pueden cambiar. Más aún en determinadas cuestiones, en este caso el fútbol, en las que el azar y el talento caminan por la misma vereda jugando a ser amigos en determinados momentos y enfrentándose en otros. Juan Sebastián Verón parece certificar esta máxima futbolera, tras una noche Monumental, en la que brilló en su rol de conductor.

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