Bolívar, entre los títulos y los proyectos

Cada encuentro es una fiesta; el recambio para el futuro está en marcha
Fernando Czyz
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9 de abril de 2010  

BOLIVAR.- A menos de ocho años del comienzo del sueño bolivarense, la ciudad se ha convertido en la capital del voleibol argentino con más de 23 títulos nacionales e internacionales conseguidos desde aquel 23 de octubre de 2002, cuando Bolívar, transformada en sinónimo de Marcelo Tinelli, pretendió comenzar a identificarse con el deporte de la pelota y la red.

Desde aquel comienzo con Daniel Castellani, cuando la consigna fue posicionar al equipo entre los mejores de América del Sur, hasta esta realidad con Javier Weber como director de orquesta de una sinfonía que suena a las mil maravillas, la ciudad de 37.000 habitantes del centro norte de la provincia de Buenos Aires puede decir que ha conseguido su objetivo fundacional.

Por este motivo, ayer amaneció con una sensación distinta pero reconocible, porque en cada rincón se respiraba la posibilidad de una nueva liga: la sexta de su historia y la cuarta de forma consecutiva.

Con el retraso de 40 minutos dispuesto por la televisión, el público ignoto de esta situación se reunió bien temprano en los alrededores del estadio República de Venezuela con una sola consigna: volver a vivir la experiencia de ser el mejor.

En el balance de esta temporada 2009/10, el campeón comenzó con su habitual autoridad y fiel a su estilo de marcar supremacía, marcó territorio, el acostumbrado descenso de rendimiento sobre el final del año y un repunte para finalizar primero en la fase regular. Las cuatro derrotas durante este período marcaron un llamado de alerta a Bolívar, aunque el número 1 en la tabla de posiciones tras las 22 fechas tranquilizaba al ganador de las últimas tres ediciones.

En los playoffs, el camino hacia la final fue con autoridad con triunfos 3-0 ante Boca en cuartos de final y por el mismo marcador frente a Gigantes del Sur. Por la otra llave, UPCN se esforzó para eliminar 3-1 a Chubut Volley y luego barrió a La Unión de Formosa, finalista del certamen anterior.

Si bien las finales mantenían como gran favorito al imperio bolivariano, los cuyanos, en su tercera participación en la Liga Nacional, estaban dispuestos a dar pelea y llegaron al inicio de la serie con intenciones de discutir el reinado.

Sin embargo, más allá de los resultados, el gran triunfo de esta capital del vóleibol del siglo XXI es el legado formativo para las generaciones venideras. Un predio espectacular con el nombre de José Domeño (nombre del abuelo de Marcelo Tinelli) es el hogar donde se concentra el primer equipo, pero también el espacio donde también confluyen más de 400 chicos de la ciudad, que ya comenzó a dar sus frutos con dos jóvenes preseleccionados para la selección menor argentina: el punta Brian Saraceno (15 años) y el armador Lucas Arborch (15).

El objetivo a futuro de este emprendimiento es cumplir los 10 años con estos chicos jugando en Bolívar y que aquellos que hoy asisten al estadio para ver a Spajic, Meana, Guillermo García y compañía, mañana sean actores principales dentro del rectángulo de juego.

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