Volvió Chapaleufú: luego de cuatro años, otra vez está en la final

Con actitud, entrega y oportunismo, batió al último bicampeón, Chapaleufú II, por 15-11; el sábado definirá con La Dolfina
Claudio Cerviño
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10 de diciembre de 2001  

Aquel domingo (4 de noviembre) en Hurlingham tocó fondo. Fue un equipo sin actitud que, ante el de los primos, sufrió la peor derrota de su historia (22-15) en diecinueve temporadas de alto handicap. Hay momentos que son bisagras, para bien o para mal. Indios Chapaleufú entendió el mensaje, tomó la bofetada como una enseñanza, asimiló el impacto y decidió cambiar. Desconocía si algún día podría volver a jugar bien, dadas algunas variantes que experimentó luego del duro 2000 -deportivo y familiar-, pero sí era consciente de que necesitaba otro espíritu, otra alma, otra manera de encarar las cosas.

Volvió Chapaleufú. Casi que extrañaba eso de estar el último día de Palermo, pero dentro de la cancha; la última vez había sido en 1997, en la memorable definición con Ellerstina en suplementario. Nadie le regaló esta alegría. Se la ganó.Volvió también a sentir la brisa reconfortante del aplauso de esa gente que lo respalda incondicionalmente.

En una semifinal de innumerables matices, intensísima, sin brillo (duró 2h30m, con 37 foules), pero disputada con una entrega tremenda, Chapaleufú (Marlboro) se anotó su tercer éxito sucesivo en el torneo y sacó de escena nada menos que al último bicampeón, Indios Chapaleufú II (AMG) por 15-11 , para avanzar a la definición del sábado próximo del 108° Argentino Abierto Movicom Bellsouth de polo. Ahí se las verá con La Dolfina, al que ya derrotó en el desenlace de la Zona B. Sin menoscabar a los otros participantes, el mejor partido-espectáculo que se puede ver hoy por hoy.

Si a aquel Chapaleufú de hace 40 días le faltaba actitud, eso mismo le sobró en el primer chukker de ayer. "Pongan el despertador" , le gritaron desde la tribuna Dorrego a Chapaleufú II, cuando Aguerre corría rumbo al sexto gol. Siete minutos que mostraron cómo sentía cada uno el partido. Chapaleufú era pura adrenalina, gritos de aliento, presión asfixiante. No fue antojadizo ese inusual 6-0 (con cuatro penales), máxime teniendo en cuenta que enfrente no había un conjunto precario, sino el más equilibrado, laborioso y táctico del polo argentino.

Y no terminó ahí el partido precisamente porque Chapaleufú II es capaz de ponerse no un overol, sino dos juntos; tiene tanto oficio que es capaz de no caer en un lógico descontrol, sino de mentalizarse para empezar otro partido. Contó con un inspirado y movedizo Alberto Heguy (h.), más la fuerza movilizadora que irradia su hermano Ignacio. Le demandó su tiempo, pero a pesar de numerosos vaivenes (ver aparte), incluida la temporaria entrada con muy buena respuesta del sudafricano Erskine (por Fernández Araujo), llegó al final del 5° parcial 9-9. Elogiable. ¿Y entonces qué?

Ahí, precisamente, y luego rubricado en el último chukker, Chapaleufú demostró por qué llegó a la final. Había perdido a Horacio Heguy -en alto nivel-; Marcos, reforzado en caballos, luchaba a destajo, aunque sin poder desplegar todo su talento, pero la fuerza interior estaba intacta; la que mantuvieron Bautista, Aguerre y un Frayssinet que rindió notablemente en los cuatro chukkers más trascendentes de su carrera. Momento crucial y respuesta concreta de Chapaleufú para despejar fantasmas: dos goles arriba (12-10). Y remató su faena con el 2-0 del último parcial, cuando Chapaleufú II había puesto sus mejores montados en cancha y disponía nuevamente del equipo completo.

Quedó, además, como el único invicto del Abierto. A seis años de su último grito, el del pentacampeonato, vuelve a soñar. Se lo propuso aquella tarde de noviembre. Y aunque La Dolfina lo espera con idéntica sed de victoria y aspiraciones, nadie podrá quitarle un orgullo bien adquirido.

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