Economía internacional: actividad y empleo, con caídas selectivas en EE.UU.

En lugares que confiaban en Trump baja el nivel de ocupación laboral; la construcción, con señales de alerta
The Economist
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1 de septiembre de 2019  

Desde noviembre de 2018 General Motors eliminó miles de puestos de trabajo en fábricas del medio oeste de Estados Unidos. A comienzos de este mes, US Steel anunció que despediría 200 trabajadores en Michigan. La venta de camionetas para acampar cayó 23% en los últimos doce meses, amenazando la fuente de ingresos de miles de familias en Indiana. Y los trabajadores fabriles no los únicos preocupados. Lowes, una cadena comercial minorista y Halliburton, una firma de servicios para petroleras, también están eliminando puestos laborales.

En cualquier mes que se considere, más de cinco millones de estadounidenses dejan su trabajo: dos millones de ellos son despedidos. Por ahora, la actividad y el empleo siguen creciendo en Estados Unidos, en términos generales y si se miran las cifras de todo el país. Pero en algunos rincones de la economía hay indicadores desconcertantes.

Las recesiones son declinaciones sincronizadas de la actividad y se caracteriza por la existencia de una demanda escasa en casi todos los sectores. Sin embargo, en algunos lugares la economía es más cíclica que en otros y sus movimientos son más pronunciados. Cada baja de la actividad es diferente. Por ejemplo, si es causada por un salto del precio de la nafta avanzará de un modo diferente de si es precipitada por crisis financieras o subas de impuestos.

La mayoría de las recesiones viene tras un ciclo de ajuste de la política monetaria, en el cual la Reserva Federal eleva las tasas de interés para evitar que la inflación suba demasiado. Los primeros signos de caída de la actividad generalmente aparecen en áreas en las que el crecimiento depende mucho de la disponibilidad de crédito accesible. La construcción de viviendas suele estar entre los primeros sectores que temblequean; una suba de la tasa de las hipotecas ahoga la demanda de viviendas.

Ese efecto se verificó en ciclos del pasado. Y ahora mismo, la inversión en construcciones viene cayendo desde inicios de 2018. Y el empleo en el sector de la vivienda ha caído desde marzo pasado.

La situación, de todas formas, aún puede revertirse. La Reserva Federal bajó su principal tasa de interés en julio y podría bajarla nuevamente en septiembre. Si los compradores responden rápidamente podrían dar a los constructores y a la economía un nuevo impulso. Pero no solo en la construcción de viviendas hay una luz de alerta. La actividad manufacturera también tiende a flaquear antes que otras. Cuando hay aumentos de la tasa de interés que hacen subir el valor del dólar, la competitividad de los exportadores se ve afectada. Cuando el crédito es más costoso crecen los stocks de bienes durables, como autos o electrodomésticos grandes.

En el ciclo anterior, el empleo en la industria de bienes durables llegó a su pico en junio de 2006, cerca de un año y medio antes de la recesión. Este es otro año brutal para la industria: desde diciembre la producción cayó 1,5%. Las horas trabajadas -un indicador económico líder- declinan. Esto está en parte ligado a la guerra comercial del presidente Donald Trump. Pero más allá de eso, las ventas locales de vehículos cayeron en los últimos meses.

En algunos sectores el cambio tecnológico hace difícil interpretar la realidad. El auge del empleo en las industrias petroleras solía ser una mala señal para la economía estadounidense, dado que las contrataciones tendían a acompañar alzas en el precio de la nafta que ahogaban a los consumidores. Pero ahora Estados Unidos produce casi tanto petróleo como el que consume. Y la reciente caída del empleo y las horas trabajadas en la extracción de petróleo puede ser una mala señal. En cambio, una caída del empleo en el comercio minorista era una mala noticia; pero el trabajo en ese sector estuvo en baja por dos años y medio y la reducción puede no ser una señal de recesión sino del cambio hacia el comercio electrónico.

Hay señales menos ambiguas: el empleo temporario cayó desde diciembre en 30.000 puestos.

Aunque en Estados Unidos no haya recesión, la actual desaceleración puede tener efectos políticos. La debilidad en algunos sectores, como el comercio minorista, se extiende de modo bastante parejo por todo el país. Pero en otros sectores, como la construcción o la manufactura, los dolores acuciantes del momento están más concentrados. En estados como Indiana , Ohio, Pennsylvania y Michigan hay caída de empleo.

Esos cuatro estados, parte del corazón manufacturero del país, padecieron la última recesión desde temprano y profundamente. En 2016 todos confiaron mayoritariamente sus votos a Trump. La expectativa pudo haber sido que la guerra comercial del presidente favorecería a esos lugares, pero si los problemas económicos siguen, la fe de los votantes en Trump no estará asegurada. Los estados ahogados bien podrían ponerse azules, el color de los demócratas.

The Economist

Traducción de Gabriel Zadunaisky

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