A pesar de las turbulencias políticas y económicas, el mercado argentino de seguros tiene un buen margen de crecimiento

El ejecutivo norteamericano afirma que en los próximos años el sector podría duplicar su participación en el PBI
(0)
26 de agosto de 2001  

Royal & SunAlliance, una de las aseguradoras líderes del Reino Unido, se encuentra entre las diez compañías de seguros generales más grandes del mundo. Con un staff de 50.000 empleados brinda servicios a clientes individuales y corporativos en más de 130 países. El grupo ha estado presente en nuestro país desde 1860. En 1996, luego de la fusión global de Royal Insurance y SunAlliance, la filial local de esta última (hasta entonces conocida como Los Andes) tuvo un virtual relanzamiento.

Su participación de mercado es todavía modesta -apenas 1,25% del total de los seguros patrimoniales (bienes del hogar, automotores, etc.) y 3% en su propio segmento-, pero las metas de crecimiento son fuertes. El último ejercicio de la compañía arrojó una facturación de US$ 50 millones, 20% más que el año anterior, y un resultado positivo por cuarto año consecutivo. Para 2004, Royal & SunAlliance prevé alcanzar una facturación de US$ 200 millones, lo que la colocaría entre las cinco principales compañías de su segmento de mercado.

Robert Mendelsohn, un abogado de Yale que también tiene un título en Literatura Inglesa por la Universidad de Georgetown (donde fue compañero de estudios de Bill Clinton), es desde 1994 group chief executive de la compañía. Recientemente estuvo de visita en Buenos Aires y habló así con LA NACION.

-¿Cómo analiza usted el presente y el futuro de la economía argentina?

-La situación económica y política ha puesto muy nerviosos a los mercados financieros en los últimos meses, pero yo considero que el problema argentino no es esencialmente económico, sino político, y este tipo de problemas tiende más o menos rápidamente a hallar una solución. Nuestra compañía ha estado presente de manera ininterrumpida en este país, por medio de diversas participaciones, desde hace 160 años, y está dispuesta a quedarse muchos años más. No se trata simplemente de una cuestión de buena voluntad, sino el resultado de una clara visión del negocio.

Para nosotros, la Argentina es un buen negocio y va a ser mucho mejor aún. Cuando una compañía centenaria como Royal & SunAlliance invierte en un país, está dando una señal muy clara: creemos en ese país y en sus posibilidades de crecimiento. En los últimos cinco años hemos invertido US$ 20 millones en la Argentina y vamos a seguir invirtiendo en capacitación del personal y tecnología, para ampliar nuestra participación en el mercado. Siguiendo la política de la compañía, y de acuerdo a las normas de solvencia y liquidez que estipula la Superintendencia de Seguros, primero realizaremos una inyección de capital. Será un crecimiento genuino.

-En una economía que lleva ya tres años de recesión, ¿cómo hacen ustedes para evaluar correctamente esas perspectivas de crecimiento?

-Nuestras estimaciones no se basan en la coyuntura, sino en un análisis de largo plazo de la estructura económica y demográfica de una sociedad. El negocio del seguro consiste, básicamente, en brindar protección a la gente y sus bienes, y esto se mide con una perspectiva temporal muy amplia. Tanto en la Argentina como en el resto de América latina, el estándar de vida de la población se ha incrementado en los últimos 20 años.

La economía se ha modernizado y expandido en casi todas sus áreas. En los próximos 20 años, por lo tanto, el producto bruto per cápita aumentará, creando así un contexto favorable para el mercado del seguro. En el camino, por cierto, habrá alzas y bajas, pero la tendencia va a ser ascendente. En este sentido, toda la región latinoamericana posee un gran potencial de crecimiento. Por eso es que en el largo plazo somos muy optimistas.

-¿Existe algún parámetro más específico?

-Una de las formas tradicionales de medir la madurez del sector asegurador es considerar el porcentaje de PBI que se destina a este tipo de productos. En la Argentina es aún muy bajo, cerca del 2,3%. En otros países con PBI similar, ese porcentaje suele rondar el 4% o más. En otras palabras, la industria del seguro en la Argentina debería poder duplicarse en los próximos años. En estos datos se funda nuestro optimismo.

-¿A qué se debe este retraso del sector asegurador en la Argentina respecto de otros países?

-Creo que en gran medida esto obedece a que, históricamente, el seguro no fue un producto suficientemente conocido por el público argentino en general. En otras partes del mundo la idea de que pagando una pequeña suma se puede proteger efectivamente a la familia y el hogar no necesita ser explicada. La gente tiene asimilada esa noción desde hace muchísimo tiempo. Pero en la Argentina eso no es tan así, y por eso el consumidor promedio no utiliza el seguro en forma intensiva. Mucha gente piensa que las compañías de seguros les quieren hacer gastar dinero en algo que no necesitan. La imagen que el consumidor tiene del producto también forma parte del negocio. Por eso, uno de nuestros principales objetivos, mediante la campaña de publicidad de nuestro canal de venta directa, fue educar al público, explicarle cuáles son los beneficios de contratar un seguro.

-El mercado del seguro en la Argentina atraviesa desde hace muchos años una severa crisis. ¿Cuál es la salida?

-Este sector ha sufrido una larga serie de quiebras debido a la debilidad financiera que padecían muchas compañías. Lamentablemente, pienso que aún veremos otros sacudones, ya que todavía existen varias empresas que no están realmente en condiciones de honrar las promesas que le hacen a sus clientes. Un gran número de nuestros competidores son financieramente muy débiles y es indudable que la crisis económica acelerará el final de muchos de ellos.

-Esta crisis también abrirá nuevas oportunidades de expansión a las grandes empresas.

-No cabe duda de que las compañías bien capitalizadas, con personal eficiente y buenos resultados técnicos, terminarán ocupando el lugar de las empresas insolventes que queden en el camino.

-¿Cómo están ubicados ustedes en esta carrera?

-Financieramente somos muy fuertes. Royal & SunAlliance, que cotiza en Wall Street y Londres, administra activos por valor de US$ 100.000 millones. De esa cifra, US$ 80.000 millones son el resultado de nuestros propios negocios y el resto son fondos de pensión que administramos para terceros. Tenemos una subsidiaria con filiales en siete países que se dedica exclusivamente a invertir esos fondos.

Por otra parte, en la Argentina tenemos también recursos humanos altamente calificados. Cuando analizamos las perspectivas de nuestro negocio en un país, no sólo tomamos en cuenta la dimensión del mercado, sino también la clase de equipos que podemos llegar a reunir. No sólo debemos tener la fortaleza financiera necesaria, sino también la gente correcta, de lo contrario, no apuntamos a ese país. En la Argentina se dan los dos factores.

-¿Qué opina del funcionamiento de la Superintendencia?

-Creo que está cumpliendo un papel muy importante en el saneamiento y la reconstrucción del mercado. En especial, es destacable la atención que le presta a la solvencia de las compañías de seguros. En otros países emergentes, las políticas regulatorias se concentran en el costo de la póliza y descuidan el análisis de la salud financiera de las empresas.

-¿Cuál es su operatoria en la Argentina?

-No participamos del negocio del seguro de vida, sino de lo que se denomina seguros patrimoniales, que en el país constituyen un mercado de $ 4000 millones. La mayor parte del negocio se concentra en el seguro de automotores. Somos muy fuertes en venta directa, mediante nuestro propio canal Answer Seguro on Line, y en el segmento Business to Business. También nos contactamos con los clientes por medio de lo que denominamos socios corporativos, una cadena de brokers o agentes y bancos como el Citi, HSBC o el Amro. Estos asociados constituyen una importante cadena de distribución para nuestros productos en todo el mundo; Royal & SunAlliance arma el producto y estas redes los venden a sus clientes a través de sus propios canales. En la Argentina, el desarrollo de estos socios corporativos está aún en sus comienzos.

-¿Por qué no operan en seguros de vida?

-Porque consideramos que es un producto sobreofertado y que aún no es el momento apropiado para ingresar en ese negocio. Seguramente eso ocurrirá más adelante. En Chile, por ejemplo, poseemos la segunda compañía de seguros de vida del mercado, La Construcción.

-¿Cuáles son sus principales competidores en la Argentina?

-Los mismos que en el resto del mundo: Allianz, AIG y Zurich. Somos players globales. Esto también nos da una ventaja muy importante con respecto a empresas más chicas, porque cuando tenemos un negocio exitoso en un país simplemente lo trasladamos a otro. Esta capacidad de transferencia de expertise es un activo clave.

-¿De qué manera contribuye el negocio del seguro al desarrollo económico de la Argentina?

-Básicamente, de dos formas. En primer lugar nosotros invertimos dinero en el país para crear negocios que hacemos en la Argentina y que, por lo tanto, contribuyen al crecimiento del PBI.

Al mismo tiempo, invertimos en tecnología para nuestro propio negocio, lo que también repercute en el PBI por el lado de la inversión. Pero lo más importante es quizás el valor agregado implícito en la cobertura que brindamos a nuestros clientes.

Una persona asegurada, por ejemplo, puede retomar rápidamente su actividad económica luego de un siniestro. El mecanismo del seguro contribuye así al normal desenvolvimiento de los negocios y de la vida de la gente. No es un producto físico como el petróleo o el acero, pero constituye un elemento muy importante en la actividad económica de un país. En la medida, que las compañías de seguros se vuelvan más solventes, la industria aseguradora podrá brindar plenamente estos servicios en la Argentina.

"Si Bill Clinton pudo, ¿por qué yo no?"

En toda vida humana hay por lo menos una epifanía, un momento en el que el destino se hace patente ante los ojos del alma.

Para Robert Mendelsohn, ese instante decisivo aconteció mientras hacía jogging con Bill Clinton por la avenida Pensilvanya, aquella fría mañana de enero de 1993 en que éste asumió por primera vez la presidencia de los Estados Unidos.

Allí, rodeado por un enjambre de personal de los servicios secretos, periodistas y curiosos ciudadanos, el selecto grupo de amigos del nuevo mandatario trotaba alegremente para entrar en calor antes de la ceremonia oficial.

Entonces ocurrió: Bob Mendelsohn miró a su viejo compañero de estudios de la Universidad de Georgetown y se dijo a sí mismo: "Si este tipo puede ser presidente, ¿por qué yo no puedo manejar una compañía más grande?"

En ese momento, Mendelsohn era chief executive officer (CEO) de una empresa de comercio exterior de mediana magnitud. Quería crecer, pero no sabía bien cómo. Y la feliz imagen de su amigo Bill lo inspiró.

"Desde que éramos chicos, él decía que iba a ser presidente -recuerda Mendelsohn-; finalmente, lo logró. La constancia es un arma formidable."

Motorizado por esa inyección de confianza, Mendelsohn renunció a su empleo y al año siguiente se incorporó a Royal & SunAlliance.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.