Además de reducir impuestos, hay que bajar el gasto público

Por Roberto H. Cachanosky Para LA NACION
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28 de octubre de 2000  

Pese a las menores tensiones políticas derivadas del alejamiento de Fernando de Santibañes, el riesgo país ha tenido, en los últimos días, un fuerte incremento. Obviamente, estas dudas tienen que ver con la capacidad de pago del Estado para hacer frente a los vencimientos de la deuda pública.

Desde el punto de vista estrictamente técnico, el sector público tiene una crisis de financiamiento de sus gastos. Por un lado, luego de décadas de megainflación e hiperinflación, el financiamiento del Estado vía emisión monetaria está absolutamente cerrado. Hoy es impensable abandonar la convertibilidad y volver a autorizar al Banco Central a emitir moneda para financiar el gasto estatal.

Un anuncio de esas características se traduciría en una dolarización de hecho de la economía, lo que implicaría la imposibilidad práctica de cobrar el impuesto inflacionario. Tampoco le quedan al Estado muchos más activos para vender y cancelar pasivos.

La capacidad de recaudar impuestos también está agotada. Tan agotada está que los anuncios de esta semana del ministro de Economía van en la dirección de bajar impuestos. El caótico sistema tributario que tenemos es una gran tentación a la evasión y la capacidad de pago de los contribuyentes que están dentro del sistema ya colapsó, afectando negativamente el nivel de actividad.

El límite de los inversores

En lo referido a la posibilidad de endeudamiento externo, lo que se está viendo en los últimos días con el aumento del riesgo país es un primer paso hacia claros límites del financiamiento del exterior. De no mediar cambios muy profundos en la política fiscal, llegará un momento en que los inversores externos no seguirán aumentando su exposición en la Argentina, lo que implicará que, cualquiera que sea la tasa de interés, el crédito externo se frenará. El crédito ajustará por cantidad, no por tasa.

Con relación al crédito interno, todavía es posible seguir colocando deuda. Sin embargo, este mecanismo no es indiferente en términos de nivel de actividad. En los últimos 12 meses el crédito del sistema financiero al sector privado disminuyó el 4,3%, mientras que el crédito al sector público creció el 31%. El sector público está desplazando al sector privado del mercado crediticio, frenando el crecimiento y complicando a las empresas, particularmente a las Pyme. En síntesis, los cinco mecanismos de financiamiento que existen para el sector público están agotados, o en el límite del agotamiento, en un contexto de déficit fiscal, recesión y alta desocupación.

Las salidas posibles son dos. Por un lado, arriesgarse a bajar solamente y en forma parcial los impuestos y esperar a que esta baja incremente el nivel de actividad, permitiendo que el crecimiento de la economía logre licuar el peso del Estado sobre el sector privado. El riesgo es que medidas parciales terminen haciendo que el sector público licue al sector privado.

La otra salida consiste en bajar fuertemente el gasto, reformular íntegramente el sistema tributario y sancionar una ley de estabilidad impositiva para generar confianza.

La baja de impuestos los políticos la van a apoyar sin dudarlo. El problema está en que apoyen una baja del gasto, porque el negocio de la mayoría de los dirigentes políticos es gastar los recursos de los contribuyentes. Es más, parte del elevado gasto público es, justamente, uno de los mecanismos de financiamiento de la política.

La solución del problema argentino no pasa solamente porque el ministro de Economía inspire confianza. Esa confianza tiene que ser validada en los hechos con la segunda reforma del Estado. La confianza que puede inspirar un funcionario, sea Machinea, Cavallo o cualquier otro, vale por lo que se supone que va a hacer. Pero si pasa el tiempo y no lo hace, se esfuma.

La salida de la actual crisis económica no se limita a tener un ministro que inspire confianza, sino a que la dirigencia política advierta que se agotó el financiamiento de este Estado.

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