Advirtió Redrado sobre la inflación

"Es un rasgo que no puede subestimarse", dijo, y llamó a los demás sectores del Gobierno a actuar en conjunto para atacar el problema
Florencia Donovan
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31 de diciembre de 2009  

Como todos los años, el presidente del Banco Central, Martín Redrado, les hizo llegar a los legisladores el Programa Monetario 2010, algo así como su hoja de ruta para el año que comienza, en la que detalla su estrategia respecto del crédito, la inflación, la tasa de interés y el tipo de cambio, entre otras variables.

Esta vez, sin embargo, en el texto sobresale un mensaje claro: es necesario atender el fenómeno de la inflación. "Si bien [el fenómeno inflacionario] ha experimentado cierta tendencia a su desaceleración, la existencia de registros inflacionarios es un rasgo que no puede subestimarse", subraya Redrado.

Con la recuperación de la actividad económica, gracias a un mejor entorno internacional, una cosecha que podría ser récord y la reversión del proceso de fuga de capitales, también crecerían en 2010 las presiones inflacionarias. Para el BCRA, ampliar la capacidad y aumentar la inversión se vuelve crucial luego para "crecer en forma sostenida".

La entidad, por su parte, se compromete a mantener un crecimiento prudente de los agregados monetarios, dado que prevé que el M2 -agregado que incluye el dinero en circulación y el depositado en cajas de ahorro, cuentas corrientes en los bancos- crecerá a lo largo del año próximo entre 11,9 y 18,9 por ciento.

"Vamos a tener un año con crecimiento económico muy fuerte, por arriba del 4%. Con lo cual éste es un programa que acompaña prudentemente el crecimiento de la economía. No lo veo como política monetaria expansiva, ni contractiva, es neutral", opinó el economista Mariano Flores Vidal, asesor principal de Presidencia del Banco Ciudad.

En el texto, sin embargo, Redrado aclara que las herramientas de política que tiene el BCRA son limitadas (ya que, dada la escasa profundidad del crédito, el mercado local no reacciona de manera inmediata a subas o bajas de las tasas de interés), por lo que asevera que la orientación antiinflacionaria del conjunto de la política económica es "absolutamente crucial".

"Me refiero a la política fiscal, la política salarial, la política de competencia, junto con el trabajo de la política monetaria tanto a partir del estricto control en el crecimiento de los medios de pago como de la administración del tipo de cambio", aclara Redrado. "Y esto involucra a todos los actores sociales responsables de fijar los lineamientos de las políticas salariales, de ingresos, monetarias, fiscales y de competencia. No es concebible que el BCRA obtenga resultados concretos si otras ramas de la política económica no despliegan acciones consistentes capaces de estabilizar las expectativas de alzas futuras de los precios", dice.

El presidente del Central aprovechó la oportunidad para deslizar su posición frente a la decisión del Gobierno de crear el Fondo del Bicentenario para el pago de deuda, al sentenciar que "es crucial el retorno a los mercados voluntarios de crédito, sin ningún tipo de atajo". Y es que, explicó un economista privado que pidió no ser nombrado, si el Gobierno decidiera utilizar el dinero del Fondo (y aumentar su ritmo de gasto), sólo contribuiría a alimentar aún más las presiones inflacionarias, y pondría incluso en riesgo el cumplimiento de las metas previstas en el Programa del BCRA.

"Es cierto que, dadas las expectativas inflacionarias ya arraigadas y la política fiscal del Gobierno, el margen de maniobra del Banco Central es limitado", coincidió Nicolás Bridger, economista de Prefinex.

Crecimiento

El Programa Monetario se realiza sobre la base de los supuestos macroeconómicos que Economía previó en el presupuesto, como, por ejemplo, una expansión del PBI en 2010 de 2,5% (aunque el BCRA también acota que el crecimiento podría modificarse al alza).

En este escenario, el Central proyecta en su programa un superávit comercial de más de US$ 14.000 millones (contra los US$ 16.000 millones de este año), lo que augura una fuerte oferta de dólares y un tipo de cambio relativamente estable. Además, un crecimiento del crédito al sector privado de 24,7% anual, bastante más que el registrado este año, que terminará con una variación de aproximadamente el 9% (negativa en términos reales, si se considera que hubo una inflación del orden del 15%, según las estimaciones privadas).

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