La AFIP suspendió las trabas para importar tras un "piquete" de despachantes

El sistema informático de comercio exterior había empezado a exigir certificación bancaria para liberar mercadería de los puertos; más de 200 importadores fueron a reclamar
200 despachantes y empresarios en el palier de la Aduana reclamando por la medida
200 despachantes y empresarios en el palier de la Aduana reclamando por la medida Fuente: LANACION.com
El sistema informático de comercio exterior había empezado a exigir certificación bancaria para liberar mercadería de los puertos; más de 200 importadores fueron a reclamar
Hugo Alconada Mon
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9 de noviembre de 2011  • 19:52

Tan inesperada como polémica, la decisión de la Dirección General de Aduanas (DGA) de paralizar todas las importaciones con el argumento de pedir constancias certificadas bancarias quedó sin efecto esta misma tarde.

La decisión fue comunicada por un colaborador del subdirector general de Control Aduanero, Silvio Minisini, ante la polvareda que levantó la medida, al punto que más de 200 despachantes y empresarios se habían agolpado en el tercer piso de la sede central de la DGA para reclamar, a los gritos, explicaciones.

"¿Dónde está la norma, hijo de puta?", fue uno de los cuestionamientos que pudo escucharse, sin esfuerzo, en toda la sede central de la DGA, pero que tuvo como epicentro la antesala del despacho de Minisini.

El retroceso oficial, no obstante, respondió a los primeros cuestionamientos sobre el sustento legal de la medida, que quedó en evidencia ante la ausencia de la "letra chica" durante toda la mañana, sin que la DGA pudiera responder las inquietudes.

La medida, que dispuso el superior de la Aduana, el administrador federal de Ingresos Públicos (AFIP), Ricardo Echegaray, buscaba contribuir a equilibrar la balanza comercial de pagos, retrasando la salida de capitales para pagar importaciones, mientras que se esperaba el ingreso de divisas por las exportaciones actuales y pendientes.

Sin embargo, la orden abarcaba varias zonas grises. Entre otras, sobre las importaciones no onerosas. Es decir, donaciones provenientes del exterior o la remisión de muestras gratis de productos. En estos casos, al parecer, los importantes debían demostrar que la operación no escondía un giro encubierto de divisas.

La medida podía, asimismo, dilatar los tiempos para destrabar importaciones por algunas de las sedes aduaneras abiertas en el interior del país, ya que la autorización debía correr por cuenta de "las áreas centrales de la AFIP". Es decir, en Buenos Aires.

Despachantes aduaneros consultados por LA NACION plantearon los primeros interrogantes concretos. Entre ellos, qué ocurriría con la mercadería sensible. Fueran medicamentos, por ejemplo, o alimentos perecederos. O con las operaciones que involucraban el pago diferido de las mercaderías.

En la práctica, mientras tanto, desde la Aduana habían dejado trascender que lo único que se destrabaría con rapidez (y con sólo un llamado telefónico de por medio) serían las importaciones de interés para el Estado. Entre ellas, las de gasoil o fueloil. El resto, anticiparon, dependería de los contactos del empresario o despachante. Podía reducirse a horas, pero otros ya lo cifraban en un retraso de entre una y dos semanas.

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