Ahora, a cumplir lo prometido

El déficit cero frena el temido default
El déficit cero frena el temido default
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25 de agosto de 2001  

Cuando casi parecía que la sangría de los depósitos bancarios destruiría la economía argentina, el arreglo con el Fondo Monetario Internacional frenó esa carrera al abismo y abrió una expectativa nueva. Desde enero último se habían retirado más de $ 13.000 millones de depósitos, la mayoría plazos fijos con vencimientos a 30 o 60 días. Algunos depósitos se refugiaron en billetes en cajas de seguridad, otros se fugaron a los bancos "off shore" de Montevideo o, directamente, a los Estados Unidos y a Europa.

Sin depósitos para prestar, los bancos recurrieron a sus encajes, a la asistencia del Banco Central mediante redescuentos y pases o vendieron sus activos para atender los retiros de depósitos. Las tasas de interés volaron por los aires, tanto para préstamos interbancarios por un día como para las demás operaciones crediticias de los bancos. Para peor, muchas compañías multinacionales les retaceaban el crédito a sus filiales locales para que se fondearan en bancos de aquí, cualquiera que fuera la tasa abusiva que se les exigía, y algunos bancos del exterior cortaron sus líneas crediticias normales con bancos locales.

En fase terminal, ese escenario financiero destroza a los bancos que pierden sus activos, sea por créditos incobrables que deben castigar en sus balances con reservas contra ganancias ficticias, sea por los bonos en cartera cotizados muy bajos, aunque el Banco Central les permita contabilizarlos al precio de compra. Sin bancos en capacidad para prestar, la economía se hunde en una depresión de niveles no sospechados.

El tan temido "default", anglicismo incorporado recientemente al habla popular por cesación unilateral de pagos del deudor, sería apenas la culminación de tal escenario de horror, acompañado por la devaluación y, tal vez, la inmovilización o confiscación de los depósitos remanentes para facilitarle fondos al sector público. La economía se dolarizaría por decisión popular aun más de lo que ya lo está.

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Nada de eso sucederá, aunque lo hayan anticipado algunos políticos y economistas locales afectos a los escenarios de horror sin calibrar sus consecuencias para la sociedad, así como ciertos académicos y operadores financieros del exterior que consideraban inevitable el default argentino. "Game over", o sea, la suerte está echada, afirmaban una y otra vez en el exterior respecto de la Argentina.

El arreglo con el Fondo Monetario Internacional evita ese escenario con la condición de que, esta vez sí, el gobierno nacional, las provincias y los políticos cumplan lo prometido en la ley de déficit cero. Esta ley invierte la regla fiscal predominante durante décadas, según la cual primero se gasta, luego se recauda lo que se puede y el faltante se financia con emisión monetaria, como antes de la convertibilidad, o con deuda pública, como ocurrió desde entonces.

Ahora la regla fiscal dispone que se gastará lo que se haya recaudado, sin déficit. El gasto incluye los intereses de la deuda, no el principal, que se deberá refinanciar con nueva deuda. Los políticos, tan propensos a proponer y disponer gastos, deberán previamente contar con los recursos genuinos para financiarlos. Esta regla fiscal, como la de la convertibilidad, que prohíbe emitir, está para quedarse. Si se cumple, asegurará un futuro económico venturoso para la Argentina.

El arreglo con el Fondo permite girar contra su capital de tres formas. En primer lugar, mediante la utilización de los fondos remanentes del blindaje de noviembre de 2000 por casi US$ 5000 millones hasta fines de 2001 para atender vencimientos de la deuda, mientras los mercados de capitales sigan cerrados para la Argentina.

En segundo lugar, el giro de U$ 5000 millones para aumentar las reservas de divisas del Banco Central sin destino a la Tesorería. Esa facilidad y la que se gestiona de un grupo de bancos internacionales, por U$S 2500 millones, en cumplimiento de un contrato de seguro de 1996, precisamente para el caso del retiro masivo de depósitos, podrá devolver la confianza a los depositantes para que retornen con los fondos fugados. Así ocurrió en la crisis del efecto tequila, de 1995, cuando se retiraron $ 8700 millones en cinco meses y volvieron todos. Luego, en un quinquenio, los depósitos aumentaron a más del doble, de $ 38.000 millones post-tequila a $ 89.000 en enero último. Una ley en trámite en el Congreso garantizará la intangibilidad de los depósitos, que no podrán ser inmovilizados, confiscados ni transformados en bonos, como con la operación llamada Bonex, de fines de 1989.

Por último, el Fondo se ha declarado dispuesto a un tercer giro de U$S 3000 millones para financiar un canje voluntario de la deuda pública. Ello excluye por definición la llamada reestructuración compulsiva de la deuda. Ella conlleva el temido default, mediante la cesación unilateral de pagos, para luego invitar a los tenedores de los bonos a reestructurar la deuda a intereses más bajos, con quitas y a plazos más largos.

Estas operaciones se compondrán de la compra en el mercado, a precios bajos, de los bonos sin garantía, para reemplazarlos por títulos con alguna garantía a intereses más reducidos. Oportunamente se sabrá qué garantías, tasas y plazos se instrumentarán. Ello ocurrirá tal vez a partir del segundo trimestre de 2002. El canje voluntario de la deuda, al tiempo que implica el retorno de la Argentina a los mercados financieros, deberá transformar su perfil a niveles sostenibles para la economía argentina, ahogada por la carga creciente de los intereses y los vencimientos agolpados en los próximos años.

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Para que la asistencia del Fondo Monetario, acompañada por el Banco Mundial, el BID, el gobierno de España, los bancos sindicados en la Facilidad Contingente de Liquidez ya mencionada y, tal vez, otras fuentes de fondos, ayude a la Argentina a superar su actual crisis fiscal y financiera, se requiere cumplir a rajatabla con el déficit cero.

Esta fórmula, siempre que se cumpla, se presenta como la primera vez que un país altamente endeudado elude el default erradicando el déficit de un mes a otro. Diversos países han instrumentado bajas significativas de sus déficit o hasta los han eliminado en el curso de varios años, nunca de un mes a otro, como ahora la Argentina.

La sorpresa y el apoyo internacional inmediato que capturó esa fórmula fiscal tan simple como convincente llevaron al arreglo con el FMI que abre la puerta para la recuperación. Otros países que han reducido significativamente sus déficit en las ultimas dos décadas se han beneficiado con el fruto de tasas de interés en franca baja y el descenso de la desocupación a medida que sus economías crecían de la mano del consumo, las exportaciones y las inversiones. Sólo la confianza de los consumidores, exportadores e inversores, medida por las tasas de interés que frenan o alientan el consumo, las exportaciones y las inversiones, según su nivel.

El premio a esa conducta fiscal virtuosa será, por cierto, generoso, así como simétricamente el castigo por incumplir nuevamente lo prometido por ley y el arreglo con el Fondo Monetario será feroz. De nuestro gobierno, los políticos y la sociedad toda depende que comprendamos la actual disyuntiva en todo su alcance.

Déficit cero comporta una baja significativa del gasto público y un aumento no menos importante de la recaudación de quienes no pagan y, luego, gracias a la recuperación, de los buenos contribuyentes que siempre pagan. La baja del gasto impone recortes dolorosos de sueldos, honorarios, pasividades y pagos a proveedores, que sólo adquieren sentido si los suceden a la brevedad reformas profundas de las estructuras muchas veces anquilosadas y prebendarias del Estado.

El aumento de la recaudación impositiva requiere, a su vez, mucha imaginación para atrapar a los evasores, buscarlos en sus domicilios, seguirlos e inducirlos a cumplir con sus obligaciones tributarias, al tiempo que ciertos controles cruzados e instalados donde corresponda mejoran las conductas de pago impositivo. Quienes pagan los impuestos no serán entonces castigados por la competencia desleal de los que evaden y venden bajo precio. Si todos pagan, las tasas impositivas serán mas bajas.

A cumplir lo prometido por ley, se ha dicho, para que nos respeten en el mundo por cumplidores y no nos desprecien por incumplidores, y para que nosotros mismos ganemos la confianza perdida en nuestras conductas.

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