Aníbal Carmona: "Nosotros vendemos valor agregado, no comercializamos software soja"

El presidente de la Cámara de la Industria del Software (Cessi) aseguró que el futuro del sector pasa por conquistar mercados asiáticos y por el desarrollo de la propiedad intelectual
El presidente de la Cámara de la Industria del Software (Cessi) aseguró que el futuro del sector pasa por conquistar mercados asiáticos y por el desarrollo de la propiedad intelectual
Andrés Krom
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31 de enero de 2018  

El software es una de las ramas más dinámicas entre los servicios basados en el conocimiento (SBC). Este sector moviliza en su conjunto alrededor de US$5700 millones cada año, cifra que lo posiciona como el tercer complejo exportador argentino, detrás del oleaginoso y el cerealero. En la tierra que dio a luz a cuatro de los nueve unicornios latinoamericanos -Despegar, Globant, MercadoLibre y OLX, firmas que ya superan la valuación de US$1000 millones-, esta industria exhibió un crecimiento extraordinario: 36,4% interanual en los primeros seis meses de 2017, de acuerdo con un informe de la Subsecretaría de Servicios Tecnológicos y Productivos, dependiente del Ministerio de Producción.

Aníbal Carmona comanda desde octubre de 2015 la Cámara de la Industria Argentina del Software y Servicios Informáticos (Cessi), entidad que reúne a más de 600 empresas que trabajan en el desarrollo, la producción, la comercialización y la implementación de productos digitales de origen nacional.

-¿Cómo está hoy el sector?

-La nuestra es una de las más dinámicas dentro de las industrias basadas en el conocimiento, no solo por los datos del último semestre, que dan que de los 6000 puestos de trabajo generados en este ámbito 4000 fueron creados por el sector del software. En el primer semestre fuimos responsables de US$800 millones de los casi US$3000 millones que exportó la industria del conocimiento. En empleo, venimos creciendo los últimos 12 años al 12% anual y siempre lo hicimos en cantidad, más allá de la macro. En exportaciones crecimos al 16% anual, con años mejores y peores. Es una industria generadora de empleos de calidad. Decimos esto porque en la nuestra, a diferencia de otras, cada diez empleos, nueve son registrados, no es un dato menor. Y decimos que es de calidad porque estamos 38% arriba de la media del promedio salarial de la economía.

-¿Adónde exportan?

-El 50% de las ventas van a los Estados Unidos; el 35%, a América Latina, principalmente México, Chile y Colombia.

-¿Existen oportunidades en otras regiones?

-No exportamos casi nada a Asia y tenemos que empezar a mirarla con más atención por el tema de Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés). Se necesita mucho software para todos esos componentes de hardware y existe una oportunidad enorme para generar valor. Taiwán es un país de 22 millones de personas que exporta tres veces más en tecnología de lo que la Argentina exporta en soja. Es un tema de alinearse, estamos mirando el tema con mucho detalle.

-¿Qué rol juega la ley del software en su presente?

-Claramente las leyes del sector facilitaron un clima para que esto ocurra. La ley del software fue determinante para generar un ecosistema de inversión. Fue un poco como nuestra reforma sectorial y el empresariado respondió con inversión, y acá eso significa creación de empleo. Cuando empezó la ley del software éramos 25.000 personas en el sector y ahora somos 100.000. Tenemos proyectado llegar a las 200.000 en 2023 y aspiramos a contar con medio millón de empleados en la industria para 2030. Este microclima de inversión y estabilidad fiscal ha generado esta cantidad de empleo y exportación.

-Hay rumores de una posible derogación de esa ley ...

-Nosotros más que manejarnos por rumores, nos manejamos por realidad. Tenemos ley hasta diciembre de 2019 y estamos seguros de que en este nuevo contexto de reformas laboral y fiscal vamos a encontrar los instrumentos que permitan generar una continuidad de un marco fiscal que no detenga la inversión, porque es un win-win. Es una industria que está muy por encima de la manufacturera, que genera casi el 8% de la inversión en investigación y desarrollo. Eso quiere decir que en vez de vender al mundo lo más bajo, que es la hora de programación, vendemos valor agregado, no vendemos "software soja". Creemos que en el diálogo con el Gobierno vamos a encontrar una continuidad de las condiciones de inversión que nos ha dado esta ley. Esto es cambiar el paradigma de "mi hijo el doctor" a "mi hijo el programador". En el sector, una persona en un puesto junior gana $20.000 brutos, cuando una familia, para salir de la pobreza, necesita $15.500. Estamos generando una herramienta de ascendencia social muy fuerte.

-¿Qué otros desafíos enfrenta el sector?

-Tenemos el reto de no vender por precio, sino por valor agregado. El gran desafío es lograr más desarrollo entre el sistema científico y tecnológico de la Argentina y las empresas. Para eso, la ley del emprendedor es fundamental, porque permite hacer nuevos emprendimientos de base tecnológica que generen disrupciones. Además, parte del déficit comercial de nuestro país en su balanza de servicios de valor agregado es la propiedad intelectual, a causa de las regalías que se pagan en patentes y licencias. Tenemos que incrementar la generación de propiedad intelectual

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