Anteojos de marco grueso y jean de colores: ¿El "Índice de la Bohemia" define el crecimiento"?

Sebastián Campanario
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24 de noviembre de 2013  

Algunos indicadores no convencionales de "creatividad cool" que se sugieren para medir este fenómeno: grueso del marco de anteojos de los diseñadores, cantidad de bicicletas plegables de un solo color, aplicaciones descargadas en el celular (cuanto más proporción en versión beta –experimental–, más alto el índice de innovación), color y ajuste del jeans en los varones (tonos llamativos y chupines ranquean alto), largo de la pollera de institutriz en ellas. También cantidad de aparatos electrónicos de la marca de la manzanita, y la lista podría seguir: no es nada fácil medir la creatividad y la innovación en un país. Y mucho menos establecer un vínculo directo entre estas variables y el crecimiento y el desarrollo económico.

"La realidad es que en América latina no hay prácticamente estadísticas que permitan analizar esta correlación", dice Andrés Schuschny, un físico argentino con posgrado en Economía, especializado en temas de innovación, que actualmente trabaja en la Cepal y dirige la consultora Crearquia. Los esfuerzos internacionales más recientes están focalizados en los Estados Unidos y en Europa. La falta de buenos indicadores "hace que se generalice la percepción de que el aporte de la creatividad al crecimiento económico es bajo", explican las economistas rumanas Ana Bobirca y Alina Draghici en un reciente estudio sobre creatividad y crecimiento que midió el "potencial innovador" en 27 países europeos.

Bobirca y Draghici se basaron en una metodología propuesta diez años atrás por el estadounidense Richard Florida, autor del best seller La clase creativa: la transformación de la cultura del trabajo y del ocio en el siglo XXI. Florida es una autoridad académica y mediática en este tema, famoso por sus libros y por haber inventado el "Índice de la Bohemia", que mide la cantidad de músicos, diseñadores, escritores y artistas en general en áreas metropolitanas de ciudades de los Estados Unidos y Canadá. Las más ricas en este aspecto son Los Ángeles, Nueva York, Vancouver, Toronto y Washington DC.

"¿Cuáles son las ciudades menos bohemias?", le preguntó recientemente el economista Tyler Cowen a Florida por Twitter: "Riverside, Hatford, Nueva Orleans, Memphis y Birmingham", en ese orden, respondió Florida, quien además defiende la hipótesis de que la mayor efervescencia cultural correlaciona en forma directa y fuerte con el crecimiento económico.

"La innovación está en la base del crecimiento de los países y la creatividad es la chispa que engendra la innovación", cuenta ahora Enrique Avogadro, subsecretario de Economía Creativa del la CABA, "de todos modos, la creatividad necesita un terreno fértil para desarrollarse: una sociedad que estimule la vocación emprendedora, un sólido sistema educativo que promueva el talento y una saludable relación academia-empresa".

La Argentina aparece analizada en este campo en el "Global Innovation Index", que arman el Insead y la Universidad de Cornell, que mide la innovación a escala global en dimensiones como las de gobierno, capital humano e investigación, infraestructura, sofisticación de mercados y negocios, productos tecnológicos y conocimiento y "outputs creativos" (patentes, bienes y servicios creativos, publicidad online, etc).

¿Cuáles son los principales resultados para la Argentina? El país ocupa la posición número 56 en el ranking general sobre 142 naciones. Avanzó 14 lugares desde 2012 (estaba 70). En América latina ostenta el quinto puesto, detrás de Costa Rica, Chile, Barbados y Uruguay. En nuevos indicadores que se incorporaron en 2013 para medir mejor el capital humano y la investigación, la sofisticación de negocios, el conocimiento y los productos tecnológicos, la Argentina se ubica, dentro de los países de ingresos medios, entre los 10 mejores.

"Pero es en la categoría de «outputs creativos» donde logramos la mejor ubicación: el puesto 29", marca Avogadro, uno de los organizadores de InnovatiBA, un evento que tuvo lugar esta semana en La Usina del Arte y que convocó a profesores de Singularity University, el centro que postula que por primera vez en la historia de la humanidad, el avance de la ciencia es exponencial. En el segmento de los outputs, el país consigue buenos resultados en renglones como la exportación de productos audiovisuales sobre el total, los aportes mensuales de sus ciudadanos a Wikipedia o las subidas de videos a YouTube, que son algunas de las variables que componen el índice de innovación.

Si se replicara un "Índice de la Bohemia" para Buenos Aires, la ciudad probablemente ranquearía alto en 2013 con la producción teatral y de otros espectáculos. En la industria audiovisual, al menor en lo que hace a films publicitarios, las cifras vienen en baja, por el aumento de los costos internos (ya no somos un país barato en este sentido). En el Festival de Cannes que se hizo en junio de 2012 (el mayor evento de la publicidad mundial), la Argentina ocupó el octavo puesto con 32 leones ganados. Este año, en cambio, quedó relegada al lugar 14, con 25 leones. Hubo un menor nivel creativo, pero también menos piezas inscriptas.

"La competitividad sostenida y de largo plazo de los países se basa principalmente en su capacidad de innovación, que también se podría definir como la habilidad de utilizar creativamente los conocimientos con fines productivos", dice Agustín Campero, especialista en temas de innovación de la UNGS.

En los Estados Unidos, la conexión entre innovación y desarrollo divide a los demócratas y a los republicanos. Los primeros, de la mano de figuras como Al Gore, son grandes promotores del concepto de innovación en el centro de la agenda. Los conservadores tienen más dudas, y a menudo varios de sus voceros se burlan del fenómeno. Aseguran que no hay un boom de creatividad, sino un auge "de la promoción de la creatividad". Que países "aburridos", como China o Alemania, le vienen pasando el trapo a los EE.UU. en materia de crecimiento. Y que desde 2005, cuando el latiguillo de la innovación entra de lleno en el discurso político, la tasa de aumento de la productividad languidece.

A nivel internacional, el "eslabón perdido" entre creatividad y crecimiento es protagonista en la historia que viene cautivando a los economistas especializados en desarrollo: la del éxito reciente de los países nórdicos de Europa. Suecia, Noruega, Dinamarca y Finlandia le escaparon a la última crisis financiera y muestran tasas de aumento del PBI casi dos puntos más altas que el promedio de sus países vecinos. Son naciones que crecieron en buena medida gracias a su disponibilidad de recursos naturales, pero también con poblaciones muy creativas.

Las agencias de publicidad suecas están al tope de la creatividad mundial (con el fenómeno HyperIsland, nacido en Estocolmo, liderando la creatividad digital). La región es cuna del restaurante Noma –en Copenhague–, seleccionado como el mejor del mundo en tres de los últimos cuatro años, de los Angry Birds, de Nokia en Finlandia, de buena música electrónica y del mayor boom de novela negra –con los suecos Stieg Larsson, Henning Mankell y el noruego Jo Nesbo a la cabeza– de la última década. El trabajo de las economistas rumanas Bobirca y Draghici pone a estos países al tope de la innovación tecnológica. De los indicadores alternativos de creatividad cool (grueso de marcos de anteojos, jeans de color, etc.) no tenemos valores para Escandinavia, se lo chequeamos sin falta para la próxima.

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