Así hicimos la mayor transformación del tren en la historia argentina

Guillermo Fiad
Guillermo Fiad PARA LA NACION
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6 de diciembre de 2019  • 13:01

Pasadas las elecciones de octubre que ratifican más de 30 años de democracia en la Argentina, y a pocos días de concluir cuatro años de intenso trabajo como responsable del desarrollo de la infraestructura ferroviaria en la Argentina, me parece oportuno compartir las primeras reflexiones que deja mi experiencia como funcionario público. El proceso de introspección es enriquecedor si podemos comprender desde dónde partimos, qué hicimos, qué dimos, qué dejamos y, por supuesto, lo mucho que hemos aprendido.

En diciembre de 2015 me convocaron para uno de los desafíos profesionales más apasionantes que he tenido en mi vida laboral. Después de haber estudiado mucho, trabajado y liderado tanto grandes compañías multinacionales como startups, tuve la ventura de participar de la mayor transformación del ferrocarril en la Argentina después de haber decaído durante los últimos 70 años.

En estos años de gestión, ADIF se convirtió en motor del plan de recuperación de la infraestructura ferroviaria, al mismo tiempo que se organizaba y reestructuraba para estar a la altura del desafío que comenzaba a enfrentar. Encaramos un proceso de modernización sin precedentes, incorporando las mejores prácticas de gobierno corporativo y un sistema de gestión transparente y competitivo eliminando burocracia. Establecimos nuestra misión, fundada en objetivos claros y valores compartidos, que fuimos transmitiendo entre todos los colaboradores y grupos de interés. Aseguramos mayor competitividad en las licitaciones, controlamos la calidad de las obras, capacitamos a nuestros empleados y contratistas, cuidamos el medioambiente y nos ocupamos de la seguridad de los trabajadores.

Los impactos directos obtenidos a partir de todo el trabajo realizado son contundentes. La capacidad instalada para tender nuevas vías de las empresas constructoras en el país, que pasó de 175 a aproximadamente 600 kilómetros por año durante nuestra gestión, o el costo del kilómetro de vía renovada, que bajó un 20% en el mismo lapso de cuatro años, son solo dos ejemplos claros de esta transformación.

La magnitud de las obras realizadas era desconocida para nuestra historia moderna en materia ferroviaria. Como ejemplos, además de los majestuosos viaductos y las grandes estaciones de Retiro y Constitución visiblemente revalorizadas en la Ciudad de Buenos Aires, entre 2016 y 2019 recuperamos más de 1.600 kilómetros de vías, 86 estaciones, 76 puentes, electrificamos o repotenciamos 302 kilómetros de la red y comenzamos con la postergada instalación del frenado automático de trenes para todas las líneas del Área Metropolitana de Buenos Aires, proyecto que se prevé finalizar durante 2020 y que ya está mejorando sustancialmente la seguridad y calidad del servicio al pasajero.

También comenzamos a resolver el acceso de los trenes de cargas a los puertos, con nuevos proyectos finalizados, obras en marcha y otras ya licitadas o planificadas para comenzar muy pronto. Además, comenzamos a generar nuevos ingresos por venta de servicios colaterales que antes prácticamente no existían, como alquiler de inmuebles, transporte de datos por fibra óptica o venta online de chatarra ferroviaria, que ahora nos ayudan a construir más obras.

En cuatro años hemos dado pasos gigantes en la recuperación de nuestros trenes. Por eso no es casual que hoy 1,5 millones de pasajeros se suban al tren diariamente, cuando en 2015 eran unos 900.000. O que hoy hayamos electrificado el servicio a La Plata y a Florencio Varela, recuperado el tren a Mar del Plata o que tengamos más de 80 pueblos conectados, cuando comenzamos con menos de 30.

Por otro lado, tampoco es por fortuna que el tren de cargas bata récords de toneladas transportadas mes a mes. El Belgrano está terminando el 2019 con un volumen que triplica el movido durante 2015 y con proyecciones de mayor crecimiento en los próximos años, fruto de todas las obras que hoy se siguen ejecutando y nuevos proyectos ya definidos y listos para comenzar.

Al mismo tiempo que se ejecutaba el plan para recuperar el tren, para hacerlo exitosamente, había que transformar tanto la organización interna como la industria en su totalidad, invirtiendo y capacitando. Y así se hizo, por eso la Argentina cuenta hoy con una industria ferroviaria más desarrollada, lista para seguir mejorando, sobre la base de cimientos sólidos, recursos humanos capacitados y profesionales comprometidos con la recuperación de nuestros trenes.

Como funcionario público, debo decir que esta puesta en valor de la industria ferroviaria y los grandes avances en materia de infraestructura me enorgullecen y están acompañados de una única y formidable experiencia personal, tanto de dar como de aprender, que marca un antes y un después en la vida de cualquier ciudadano que aspira a vivir en una sociedad mejor. He tenido trabajos muy valiosos en mi pasado profesional, pero en ninguno de ellos pude vivir y apreciar tan de cerca el impacto de nuestra labor sobre la vida de la gente, tanto de lo que hacemos muy bien como de los errores que podemos cometer. La función pública es única y vale la pena ejercerla con responsabilidad.

La Argentina ha dado pasos transcendentales para una definitiva recuperación ferroviaria. Es deseable que en los años que vienen nuestro país pueda seguir avanzando en esta transformación sin volver atrás.

*El autor es presidente de ADIFSE (Administración de Infraestructura Ferroviaria S.E.)

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