Atención a la generación Z: viene con un chip de máxima velocidad

Una pequeña revolución se gesta de la manode los más chicos;el desafío para maestros, empresarios y futuros empleadores
Paula Urien
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27 de julio de 2015  

La nuevísima generación de futuros trabajadores se reunió en un espectáculo para chicos donde sus personajes favoritos se presentaron alegremente en una pista de patinaje sobre hielo. Los celulares de sus padres o tíos quedaron en manos de quienes tienen desde tres años en adelante, que actuaron como cronistas precoces con amplios conocimientos en tecnología.

Si la Generación Y fue, y quizá todavía es, un dolor de cabeza para las organizaciones que debieron adaptarse a nuevas maneras de pensar y de trabajar, los que vienen detrás tienen otro chip con una velocidad mucho mayor.

Bebes de meses que usan la tablet de manera totalmente natural, chicos que buscan la información de su propio interés en la web y se hacen especialistas (casi expertos) en algunos temas a una edad realmente temprana; estudiantes que editan sus propias películas, las suben a YouTube y se sientan a esperar cuántas personas las vieron, y muchas veces se cuentan en miles.

La palabra clave para esta cultura de máxima exposición en las redes es like, que se traduce en frases como "yo laiqueo", "me laiquearon" o "tengo 324 likes". Más allá del ego, aprenden desde muy chicos los secretos de marketing personal, es decir, cuáles son los posts que más enganchan a sus amigos/seguidores y adquieren una seguridad diferente a la de las generaciones anteriores.

Se trata de una cultura infantil que comparte el conocimiento, no se lo apropia y hace que los maestros se queden atrás a la hora de encargar un proyecto, que seguramente ya esté en la web a un click del copy/paste.

Según The Cassandra Report, un estudio realizado por una empresa de los Estados Unidos que analiza las tendencias de las nuevas generaciones, la Z tiene en mente que el aprendizaje y el juego son casi la misma cosa. El entretenimiento lleva al conocimiento y viceversa; de ahí que las últimas encuestas relacionadas con la deserción escolar lleven a pensar en el replanteo de qué escuelas queremos para las nuevas generaciones, qué se aprende y para qué les sirve. A contramano de la enseñanza tradicional, que propone desde hace más de un siglo clases de 30 chicos sentados a los que se les pide un mismo razonamiento y se los evalúa a todos por igual, cada chico empieza a verse diferente del resto, una persona única, que tiene mucho para aportar a partir de esa diversidad que él mismo construye a través de sus propios intereses.

Algunas empresas, entonces, captan que la relación es casi uno a uno: zapatillas en las que el cliente participa del diseño, único, sólo para dar un ejemplo de lo que empieza a suceder. Pero hay más. Un alto ejecutivo de una big four dijo al respecto, en una charla informal, que se viene un cambio en la economía mundial de la mano de estos minirrevolucionarios que estarán dispuestos a pagar por muy pocas cosas. Tienen el convencimiento, igual que los filósofos más austeros, que lo mejor de la vida es gratuito, salvo, claro, sus sofisticados dispositivos. "No querrán pagar por un auto, sino usarlo sólo durante el tiempo en que dure el trayecto y dejarlo luego allí, para que lo use otra persona. En general, no querrán ser dueños de las cosas ni pagar por ellas, pero sí usarlas."

El desafío es mayúsculo para padres, maestros, futuros empleadores y también para quienes los tratarán de convencer como consumidores. Los Z traen grandes cambios. Y a toda velocidad.

Chicos

Rápidos, pero no furiosos

Los próximos trabajadores

Nacieron a partir de 1998, saben que deben cuidar el planeta y, para ello, consumir menos; incorporan la tecnología de manera natural, se saben únicos y lo consideran un valor; comparten toda la información

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