Aznar provocó el enojo del Gobierno

"El país se ayuda defendiendo sus intereses", replicó el Presidente a su par español
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26 de febrero de 2004  

El presidente Néstor Kirchner no hizo nada ayer por ocultar el fastidio que le causó la advertencia de su par español, José María Aznar, acerca de la necesidad de que la Argentina "se ayude a sí misma" en las negociaciones internacionales por la deuda.

Al contrario, le respondió en un acto oficial en la Casa Rosada con una larga explicación, algo irónica y con tono áspero. "Si usted viera, señor presidente, las refinanciaciones, los megacanjes, los blindajes, cómo se malgastó el dinero que se recibió en préstamos y cómo se permitió que la Argentina se endeudara hasta un 150% de su PBI, estaría en claro que ha dado con una de las frases más felices que yo le escuché en los últimos tiempos."

Aznar había pronunciado anteayer la frase que tanto molestó a Kirchner durante un encuentro con periodistas de América latina, entre ellos, un enviado de LA NACION. "España siempre está a favor de la Argentina, ahora falta que la Argentina esté a favor de la Argentina", dijo, entre otras cosas.

Kirchner se había enterado de esos dichos anteanoche, pero la gran repercusión que tuvieron en la prensa nacional lo fastidió más aún, explicaron fuentes de su confianza. El Presidente detesta que le manden mensajes por los diarios, explican.

El caso de Aznar lo sorprendió especialmente porque durante sus recientes reuniones en Madrid el gobernante español sólo había repartido elogios para el país durante sus exposiciones públicas.

Por eso, y porque lo considera un presidente que ayudó en más de una ocasión delicada a la Argentina, Kirchner optó por responder en persona y descartó de plano cualquier tipo de queja en el orden diplomático.

"Fue una declaración periodística y el tema quedará en ese nivel", explicó una fuente de la Cancillería.

Como si tuviera enfrente a Aznar, Kirchner empezó a replicarle al arrancar la firma de un convenio con la provincia de Buenos Aires para ampliar la red cloacal y el servicio de agua potable en La Matanza. "La Argentina ahora se está ayudando a sí misma porque está defendiendo sus intereses", enfatizó Kirchner, que matizó su réplica calificando como "querido amigo" al interlocutor ausente.

Las advertencias de Aznar habían incluido algo más. Dijo que no existirá futuro económico "para ningún país al margen de los sistemas financieros internacionales", en alusión a las amenazas argentinas de no pagar al FMI en caso de que se demore la segunda revisión del acuerdo vigente. También sugirió que se otorguen "garantías razonables" para los acreedores privados.

"Yo comparto sus apreciaciones, querido presidente -continuó Kirchner-. Durante muchos años tuvimos conducciones que miraron con la espalda y con la nuca las necesidades de los argentinos. Y es evidente que en España, por la evolución que hemos visto, los gobernantes procedieron absolutamente distinto."

En todo momento Kirchner cuidó sus palabras y evitó caer en una crítica, pero el malestar oficial se filtró con todas las letras en declaraciones del ministro del Interior, Aníbal Fernández, que nadie del Gobierno intentó rectificar. "Los presidentes serios de los países serios nunca advierten a los presidentes de otros países", sostuvo poco antes del discurso de Kirchner.

Y agregó: "Lo que nos puedan contar a nosotros es muy bueno, muy lindo, es digno de aceptar los consejos, pero mi abuela decía que no hay dolor como el mío".

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