Bicentenario, el fondo para no ir a fondo

Roberto Frenkel Para LA NACION
(0)
27 de diciembre de 2009  

Propongo la siguiente reflexión: las medidas de política económica no son buenas o malas porque se ciñan o no a alguna doctrina (ni siquiera a una legislación en vigor), sino que su pertinencia y calidad deben apreciarse por sus efectos de corto plazo, que dependen de las circunstancias que atraviesa la economía, pero también por sus consecuencias a mayor plazo.

La idea me fue inspirada por el DNU que constituyó el Fondo del Bicentenario, que comprometió unos 6500 millones de dólares de las reservas del Banco Central. Se modifica la legislación en vigor para habilitar una nueva forma de financiamiento del Banco Central al Gobierno. ¿Esta medida es buena o es mala?

La medida ofrece una nueva garantía de pago de la deuda pública por la vía de habilitar legalmente el uso de reservas del Banco Central por parte de la Tesorería. Esto tiene efectos beneficiosos sobre los precios de los bonos públicos y sobre las posibilidades y el precio del financiamiento al Gobierno. Baja la prima de riesgo de default con que el mercado financiero carga a los bonos argentinos. Esto es bueno. Sin embargo, esta apreciación del efecto de corto plazo tiene alguna ambigüedad porque la medida no ataca el origen del problema, sino que busca un atajo para aliviarlo.

Efectivamente, el aislamiento financiero y las enormes primas de riesgo no fueron motivadas por una situación difícil de las finanzas públicas que amenazara la capacidad de pago (a cuya mayor garantía apunta la medida actual), sino que resultaron principalmente de la manipulación de las estadísticas oficiales que comenzó en 2007 y arrojó al infierno la credibilidad del Gobierno. En lugar de ir al origen del problema y recuperar credibilidad, mediante el arreglo de las estadísticas y la normalización de su gestión, el Gobierno ofrece una señal alternativa a los tenedores y potenciales compradores de bonos: "Déjenme seguir ocupándome de la gilada, falsificando los datos de inflación y pobreza, pero ustedes quédense tranquilos porque les pagaremos en tiempo y forma. Lo del Indec no es por ustedes". Como dije, la medida es beneficiosa a corto plazo, pero me deja un regusto amargo.

Si la decisión de usar parte de las reservas no tiene costo, ¿por qué no se hizo antes, de modo de evitarnos el aislamiento financiero y las enormes primas de riesgo? La medida, sí, tiene costos, a los que nos referiremos enseguida. Pero antes merece ser comentada la referencia al concepto de "reservas de libre disponibilidad" utilizado para fundamentarla. El concepto es un residuo arqueológico del régimen de tipo de cambio fijo de la convertibilidad. Un nivel de reservas que "cubra" la base monetaria (al tipo de cambio fijo) no sirvió en el pasado y la idea no tiene sentido en un régimen de flotación.

En realidad, no puede saberse cuál es el nivel óptimo de reservas. Es el necesario para que el público crea que el Banco Central puede determinar el precio del dólar. No sabemos precisamente cuánta reserva es necesario tener, pero es mejor tener bastante. Esto es, la medida tiene un costo, pero, como el nivel óptimo de reservas es incierto, no podemos precisar su magnitud. En las condiciones actuales creemos, como muchos, que restar 6500 millones del stock no amenaza la estabilidad del mercado cambiario. Pero no debe olvidarse que entre mediados de 2007 y pocos meses atrás se fugaron 46.000 millones de dólares, incluidos varios miles de las reservas del Banco Central. Como la conducción del Gobierno es un poco rústica, quizá, piense que "las reservas de libre disponibilidad" están verdaderamente disponibles y quiera repetir el juego.

El Banco Central, pintado

La constatación de que el Banco Central está pintado es otra fuente de incomodidad. No soy muy creyente de la independencia de los bancos centrales, particularmente en nuestro país, de instituciones flaquísimas. ¿Cómo va ser independiente el Banco Central con Cavallo de ministro o Néstor Kirchner de presidente o marido de la Presidenta? Creo en la ventaja de un banco central de alta calidad técnica y composición política plural, cooperando con el Gobierno para definir y coordinar las políticas fiscal, monetaria y cambiaria, y orientar las expectativas del público. Creo que tener bien separadas las contabilidades del Banco Central y del Gobierno es un logro importante que no debería perderse. Súmese a esta incomodidad que la legislación fue reformada por un DNU. Nada de discusiones, consultas con gente que sabe o participación democrática. Este aspecto de la medida no me gusta nada y como antecedente es pésimo.

Mi mayor insatisfacción con la medida es que se trata de un atajo para mejorar la valuación de los títulos públicos y para intentar levantar la restricción de financiamiento internacional sin atacar los problemas fundamentales de la (falta de) conducción económica. En el año que termina, la actividad retrocedió entre un 4 y un 5%, mientras la tasa de inflación alcanzó un 15 por ciento. La inflación tenderá a acelerarse con la reactivación que se inicia. Es imprescindible definir un programa macroeconómico que se proponga a un tiempo reactivar la economía y reducir la tasa de inflación. El programa debería proveerle un ancla nominal a la economía, pero mal puede guiar las expectativas inflacionarias un gobierno que miente con los datos.

El autor es profesor de la UBA e investigador titular del Cedes

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Comunidad de negocios

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.