Brasil consiguió privilegios del FMI

La Argentina quedó afuera; ambos pidieron que la inversión en obras no se compute como gasto
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27 de abril de 2004  

El Fondo Monetario Internacional (FMI) no tomó en cuenta el pedido del presidente Néstor Kirchner para que la inversión en infraestructura no se compute como gasto en el cálculo del superávit fiscal primario acordado con el organismo. En cambio, sí le concedió este beneficio a su par de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva.

De este modo, el Fondo le permitirá hacer esa modificación contable en el presupuesto público al presidente de Brasil, según informó ayer en Washington el ministro de Hacienda de ese país, Antonio Palocci.

Si bien la idea había sido concebida por Lula Da Silva, Kirchner la hizo suya cuando ambos mandatarios firmaron el mes último el Acta de Copacabana, que en líneas generales propone políticas comunes para relacionarse con los organismos multilaterales.

El 14 de este mes, el secretario de Coordinación Técnica, Leonardo Madcur, fue quien llevó a Washington el pedido a las autoridades del Fondo y defendió la pretensión del Gobierno.

Pero por el resultado conocido ayer, en el FMI no consideraron viable darle a la Argentina ese permiso. En el organismo temen que el país tome como gasto corriente las inversiones y no pierden de vista que aún hay reformas estructurales que no fueron cumplidas. Una de las banderas que levantó el presidente Kirchner durante la campaña electoral fue la de lanzar un plan nacional de obras públicas. Y aunque por ahora tan sólo se conocen medidas puntuales de infraestructura (como repavimentación de caminos, construcción de viviendas Fonavi, entre otras), el Poder Ejecutivo no pierde las esperanzas de poder destinar excedentes del superávit para la ejecución de obras.

Alegría en Brasil

Mientras los funcionarios argentinos asimilaban la noticia que el organismo les transmitió durante el fin de semana, Brasil no pudo ocultar ayer su satisfacción.

"Logramos una evolución importante", festejó el ministro de Hacienda, Antonio Palocci, en Washington, tras una reunión con funcionarios del Fondo. "El FMI aprobó la idea de que veamos la cuestión de las empresas estatales y de las inversiones públicas valorizándolas por su productividad y por sus tasas de ganancia", detalló el ministro.

Ayer mismo el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes) anunció que con la nueva metodología ya puede liberar 3000 millones de reales para inversiones en infraestructura urbana y otros 2600 millones para que sean invertidos por la empresas estatales de energía eléctrica. Es decir, cerca de 2000 millones de dólares en total.

Con el nuevo sistema, la salida de esos fondos no afectaría la meta de un superávit fiscal primario del 4,25% del PBI que debe obtener Brasil este año, a cambio del acuerdo preventivo de auxilio de US$ 14.000 millones, otorgado por el FMI.

La aprobación, sin embargo, no es amplia e irrestricta. En la primera semana del mes próximo una comitiva del FMI, que va trimestralmente a Brasil para evaluar la evolución de las metas en vigencia, iniciará la discusión sobre cuáles pueden ser los proyectos que podrían beneficiarse de esta nueva posibilidad.

No serán todas las inversiones en infraestructura las que quedarán fuera de la cuenta del gasto público. El FMI prefiere que los proyectos por tener en cuenta sean aquellos financiados por los organismos multilaterales de crédito como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo. Ante la posibilidad de que la nueva metodología sea vista por el mercado financiero como una brecha para aumentar descontroladamente el gasto público o aflojar el ajuste fiscal, Palocci aclaró tajante: "El gobierno no pestañea y no pestañeará frente a las necesidades que tiene de tomar decisiones y fortalecer la estructura fiscal de Brasil, porque nosotros sabemos lo caro que nos puede costar si debilitamos ese compromiso".

Palocci no hizo referencias sobre el por qué de la decisión del Fondo de aceptar cambios en la contabilidad de Brasil y no en la de la Argentina.

"Arreglamos con la dirección del FMI que Brasil será uno de los países que hará proyectos piloto en esas áreas (de infraestructura), pudiendo comenzar inmediatamente", declaró Palocci.

En febrero, Lula se había comunicado con los presidentes del G-7 y luego les había enviado cartas en las que solicitaba que las inversiones en infraestructura no fueran consideradas gasto público en la meta de superávit. Tangencialmente, en aquellas comunicaciones el gobierno brasileño pedía una mayor comprensión de los acreedores con el gobierno argentino.

El visto bueno obtenido por Brasil contó con la ayuda de la directora interina del FMI, Anne Krueger, que mantiene una relación fluida tanto con el gobierno brasileño en general como con Palocci en particular.

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