Brasil encontró en China el mejor comprador

Las empresas brasileñas consiguieron contratos millonarios por vender sus productos al país oriental y duplicaron envíos
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11 de mayo de 2003  

SAN PABLO (The New York Times News Service).- En portugués, "negocio de China" significa un trato enviado del cielo, una oportunidad para hacerse rico de las que se presentan una sola vez en la vida. De forma que no debe sorprender a nadie que los empresarios brasileños súbitamente estén mirando hacie el oriente. Para librarse de la dependencia sobre las inversiones extranjeras, Brasil necesita exportar más, y China, la economía más populosa y de crecimiento más acelerado en el mundo, es una nueva prioridad para todos, desde los productores de soja y pollos hasta los de mineral de hierro, autos compactos y aviones jets con alcance regional.

Y si bien es cierto que incluso las mayores corporaciones brasileñas con frecuencia no pueden competir con sus rivales europeos y norteametricanos en cuanto al financiamiento de su comercio, sus precios generalmente son más reducidos y tienen otra vital ventaja competitiva: al parecer, a China le agradan las empresas brasileñas. Entre los negocios anunciados en meses recientes están un contrato con valor de 500 millones de dólares para que la Volkswagen de Brasil venda a China equipos de ensamble para su popular auto compacto Gol y una nueva fábrica en la Provincia Harbin para construir jets regionales Embraer.

Companhia Vale do Rio Doce, la mayor productora mundial de mineral de hierro, ya tiene actualmente una empresa mixta con el Shanghai Baosteel Group Corp., la mayor siderúrgica de China, y está negociando con inversionistas chinos para construir plantas en el norte de Brasil. El ejecutivo en jefe, Roger Agnelli, dijo la semana pasada que la creciente demanda para el mineral de hierro de la corporación está "sostenida por China", donde se espera que la demanda crezca en 28 millones de toneladas este año, según el banco de inversión UBS Warburg.

Industrias fascinadas

En las agroempresas, los exportadores brasileños de soja han registrado un aumento de más del doble en sus envíos a China en los últimos tres años, y esperan vender 5 millones de toneladas de frijol allí este año.

Los exportadores de papel y celulosa, zumo de naranja y azúcar, también ven con hambre a China. La industria del café está fascinada con el hecho de que el café express -cuyo valor es de 5 dólares en los cafés más elegantes de Pekín- es la nueva moda entre las crecientes clases medias urbanas de China, cuyo número de miembros se espera que crezca en 150 millones en el curso de los tres años entrantes.

El presidente de Brasil, Luiz Inacio da Silva, de tendencia izquierdista, de quien se puede afirmar que se muestra menos que entusiasmado acerca del pacto de Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que ahora está siendo negociado con Estados Unidos, está enfocando su mira, en forma muy pública, en China.

"La nueva política exterior de Brasil ha definido a China como un socio fundamental", dijo Da Silva a la elite empresarial brasileña en fecha reciente, durante la ceremonia de inauguración de "China: Los guerreros xi´an y los tesoros de la Ciudad Prohibida", la mayor exhibición centrada en China que se haya presentado en este país. Los organizadores de la exhibición dicen que sus dimensiones por sí solas -cerca de 500 piezas, provenientes de la provincia Xi´an- constituyen un símbolo de la nueva y más estrecha relación entre ambos países. A su vez, Brasil llevará a cabo una exhibición el año entrante en un pabellón dentro de la Ciudad Prohibida, con lo que será el primer país que reciba una invitación de esta naturaleza por parte del gobierno de Pekín.

"El perfil de Brasil es atractivo para China", dice Carlo Lovatelli, presidente de la asociación de exportadores brasileños de aceite vegetal. "Nuestros cuentas comerciales son complementarias, y la neutralidad política de Brasil es una ventaja competitiva." Junto con el incremento en las exportaciones de soja, la industria desea exportar más aceite de soja a China.

El país oriental importó 64 millones de toneladas de aceite de soja brasileña en 2000, pero sólo 17 millones de toneladas en 2001, sembrando el pesimismo entre los exportadores brasileños. El año pasado, sin embargo, las exportaciones registraron una enorme alza, hasta llegar a más de 300 millones de toneladas, más que nada porque las más de 6000 anticuadas plantas chinas para procesar el aceite no pudieron mantener el ritmo de la creciente demanda.

Con escasa agua, y con buena parte de sus tierras fértiles dedicadas al cultivo de arroz, China será cada vez más dependiente de las importaciones de soja en el futuro previsible, dice Carlo Lovatelli, presidente de la asociación de exportadores brasileños de aceite vegetal.

"Tenemos que desarrollar esta relación con mucho cuidado, porque nosotros no somos los únicos interesados en China", dijo. "Hay mucha competición para ocupar este espacio, y los chinos lo saben y están jugando muy bien sus cartas".

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